Cómo México y Estados Unidos pueden solucionar el tema de la migración

Estados Unidos y México comparten una rica historia. Durante más de un siglo, la gente ha ido y venido a través de la frontera para trabajar. Su trabajo arduo y dedicación podrían haber tenido lugar dentro de un mercado laboral bien regulado y ventajoso para ambos países. Sin embargo, en años recientes la mayor parte de la mano de obra se ha movido en un vasto mercado negro, afectando a los trabajadores, las familias, la seguridad y las finanzas públicas en ambos países.

Hay una decepción justificable ante este resultado. Hemos observado con frustración, desde los más altos niveles de gobierno de cada lado de la frontera, cómo los dos vecinos han desaprovechado las oportunidades de ayudarse mutuamente.

Nuestros países dejaron de cooperar para regular la migración de trabajadores en 1965. Comprensiblemente, rechazaron la historia previa de los acuerdos fallidos de “braceros” que se adoptaron desde 1942, que contenían salvaguardas inadecuadas para los trabajadores de ambos países. Sin embargo, en lugar de trabajar para reparar dichas fallas, desde entonces se han negado a cualquier reglamento cooperativo de flujos de trabajadores no especializados.

El triste resultado han sido décadas de ilegalidad desenfrenada. Hoy, con base en algunos cálculos razonables, de los 11,7 millones de personas nacidas en México que viven en Estados Unidos, casi la mitad (5,6 millones) carecen de autorización legal. La causa de fondo de esta tragedia es que los gobiernos no promulgaron conjuntamente un marco bien regulado para los flujos de mano de obra.

 Una familia se comunica con parientes en Estados Unidos desde el lado mexicano de la frontera, en Tijuana. Guillermo Arias/Agence France-Presse — Getty Images
Una familia se comunica con parientes en Estados Unidos desde el lado mexicano de la frontera, en Tijuana. Guillermo Arias/Agence France-Presse — Getty Images

Existe una mejor manera de hacer las cosas.

Creemos que ambos países deben llegar a una solución duradera, innovadora y cooperativa para cosechar los tremendos frutos de dirigir la migración legal y bien regularizada hacia actividades que complementen y permitan el bienestar y potencial productivo de todos los trabajadores y sus familias. Pensemos, por ejemplo, en los estadounidenses ancianos a los que cuidan los enfermeros mexicanos, o en los niños estadounidenses que son criados en hogares que se construyen y se mantienen limpios gracias a trabajadores mexicanos, así como las oportunidades de que esto les permita a las familias mexicanas transformar sus vidas, como alguna vez sucedió con la mayoría de las familias estadounidenses cuando sus antepasados fueron migrantes.

Es posible regular estas actividades en formas que genere trabajos nuevos y mejores para los trabajadores estadounidenses de todos los niveles educativos, promuevan la inversión y el crecimiento en ambos países y fortalezcan las leyes de México y Estados Unidos. Un mercado laboral bien regulado puede dar forma a un flujo de mano de obra migrante que complemente, en lugar de competir con los trabajadores de Estados Unidos. Un mercado negro no puede hacer eso.

Proponemos un nuevo acuerdo bilateral para regular futuros flujos de trabajadores no especializados entre México y Estados Unidos. Esta es la forma duradera y práctica de deshacernos de los muchos males del mercado negro y es esencial para fortalecer el Estado de derecho y la seguridad nacional en ambos países.

Un acuerdo como ese requiere innovación. Nuestros países necesitan un acuerdo para el siglo XXI que rompa con los moldes, no los acuerdos defectuosos de generaciones pasadas. Por eso le pedimos a un grupo de ciudadanos destacados de ambos países, con una extensa visión y habilidad política, que nos asesoraran en cómo Estados Unidos y México podían regular conjuntamente en el futuro la migración laboral no especializada para beneficio de ambos países. Sus antecedentes en seguridad nacional, sindicatos laborales, derecho, comercio, diplomacia y economía ayudaron a sustentar lo que consideramos un plan realista para el futuro.

Hemos redactado un anteproyecto innovador para una nueva era de cooperación. Entre las propuestas incluimos un sistema de aranceles para garantizar que a los empleadores estadounidenses les convenga contratar primero a trabajadores estadounidenses; una forma de portabilidad de visa entre empleadores que permitiría proteger los derechos de los trabajadores mexicanos y estadounidenses; un límite de salvaguardas para evitar un alza no prevista en la cantidad de trabajadores que cruzan la frontera y nuevos incentivos para la capacitación laboral, retorno de migrantes e integración. Así mismo, propone un sistema integral y bilateral para regular a los reclutadores de mano de obra mexicana, por primera vez en medio siglo, a fin de respetar los derechos laborales y las leyes de ambos países.

Algunos escépticos podrán decir que el nivel de rencor político ahogará nuestro pragmatismo cooperativo. Nuestra respuesta es que ya hemos esperado mucho tiempo una solución duradera a la inmigración ilegal, y que nuestra propuesta es una vía práctica y a largo plazo para eliminar y reemplazar al mercado negro. Otros podrán señalar que la migración neta transfronteriza cayó enormemente después de la Gran Recesión. Observamos que aquellos que se centran en estos pequeños flujos netos ocultan la auténtica magnitud de los flujos en ambas direcciones, los cuales aún requiere una regularización adecuada; cerca de 150.000 a 200.000 mexicanos cruzan la frontera cada año hacia el norte y casi el mismo número se dirige hacia el sur.

Hemos intentado el unilateralismo durante dos generaciones y no ha funcionado. Hay alternativas bien pensadas y los vecinos no tienen otra opción que trabajar juntos. En nuestra frontera común, podemos construir un futuro común.

Ernesto Zedillo, presidente de México de 1994 a 2000, dirige el Centro para el Estudio de la Globalización de la Universidad de Yale. Carlos Gutierrez, secretario de comercio de Estados Unidos de 2005 a 2009, es presidente del Albright Stonebridge Group, una consultora global. Los dos encabezan el grupo de trabajo Shared Border, Shared Future en el Center for Global Development. Su informe estará disponible el 13 de septiembre en http://www.cgdev.org/publication/sharedfuture.

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