Cómo proteger a los periodistas del acoso en línea

Cómo proteger a los periodistas

Francia es uno de los pocos países que han promulgado leyes contra el ciberacoso, entre ellas una que aborda a los periodistas. Otros países harían bien en imitarla.

El acoso en línea a periodistas es un problema creciente: los acosadores suelen apuntar a quienes escriben sobre troles, grupos de supremacistas blancos y otros temas malolientes que pululan por las entrañas de la web. Las periodistas son las más vulnerables, especialmente cuando cubren temas supuestamente masculinos como el deporte, señala Sarah Guinee, que ha investigado el acoso en línea como investigadora de la cátedra Patti Birch sobre libertad de expresión y género en el Comité para la Protección de los Periodistas, con base en Nueva York.

Por lo general, las asociaciones y los defensores de los periodistas coinciden con el Director Ejecutivo de Facebook Mark Zuckerberg en que en un “mercado de ideas”, todas las ideas deberían estar sobre la mesa, y las mejores prevalecerán. En otras palabras, deberíamos combatir la mala información e ideas con mejores ideas e información.

Pero el comportamiento en línea que aborda la legislación francesa va mucho más allá de un intercambio normal de información e ideas. Para comenzar, la inmensa cantidad de mensajes hostiles crea un efecto de invisibilización por acumulación, en que gran parte de la información que debería ser escuchada no puede hacerse escuchar. Más todavía, los acosadores en línea a menudo usan tácticas diferentes a las de que la vida fuera de línea. El acoso digital puede incluir el doxeo (publicar en línea el domicilio u otra información de una persona), los “pile-ons” o amontonamientos (en que muchas personas atacan a una sola), la diseminación de imágenes perturbadoras, el porno de venganza, la suplantación de una persona y el ciberacoso.

En muchos países, a los periodistas que sufren acoso se les dice simplemente que no le hagan caso, o que denuncien a sus acosadores. Es cierto que periodistas como Gustavo Gorriti en Perú, y Anton Harber y Thandeka Gqubele en Sudáfrica han demandado judicialmente tras experimentar abusos en línea. Sin embargo, lo más frecuente es que los representantes de los medios que sufren acoso en línea se autocensuren.

Es necesario normar cuando el mercado de ideas no funciona adecuadamente, como es el caso en línea actualmente. El problema que enfrentan las autoridades es si las leyes vigentes bastan para abordar el acoso en línea. En un informe publicado en 2019, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa y el Instituto Internacional de la Prensa concluyeron que los periodistas deberían tener a su disposición ciberleyes específicas que provean “compensaciones rápidas, de bajo coste y poca carga” en caso de recibir ataques en línea.

Francia ha estado a la vanguardia de otros países en este frente. En 2014, la ley francesa definió el acoso en línea por primera vez; hasta entonces, estos casos se habían procesado del mismo modo como los de acoso en el mundo de fuera de la red. Y en 2018 una ley contra la violencia sexual y sexista cerró la mayoría de los vacíos legales acerca del ciberacoso al ampliar su definición legal. Como resultado, hoy Francia protege a todos sus ciudadanos, incluidos los periodistas, contra el doxeo, la difamación, el insulto y el acoso en y fuera de línea. Si bien el Consejo Constitucional de Francia dictaminó hace poco una sentencia contra esta ley, dejó intacta la parte que crea un fiscal especial centrado en delitos en línea, incluido el acoso en línea.

El impacto de la legislación francesa va más allá de sus fronteras, porque facilitan a los periodistas y otras personas el entablar demandas por ciberacoso en Europa. En términos más generales, Europa toma una perspectiva del tipo de discurso que se puede castigar más amplia que el de Estados Unidos, y defiende más sólidamente los derechos de privacidad individuales. Puesto que los ataques a la reputación y la credibilidad de una persona se pueden litigar en Europa, los periodistas locales gozan de una protección mayor que sus contrapartes en los Estados Unidos y otras partes del mundo.

El caso de la periodista Julie Hainaut, de Lyon, muestra cómo las leyes de ciberacoso de Francia se pueden usar contra los acosadores. Hainaut sufrió doxeo y acoso en línea tras informar que los dueños de “La primera plantación”, un bar de temática colonial que se abrió en la ciudad en 2017, hablaban aprobatoriamente de la era colonial. Después de que entablara cuatro demandas distintas en dos años, el gobierno francés acabó por procesar el caso. A fines de 2019, uno de los acosadores de Hainaut fue encarcelado, recibiendo una pena condicional de seis meses y una fianza por €7000 ($8000). (El acosador apeló al veredicto.)

“El sistema jurídico contra la difamación y el acoso se ha desarrollado de forma bastante inteligente, ya que preserva la libre expresión y garantiza que los periodistas puedan defenderse de los troles y los acosadores”, me señaló hace poco Paul Coppin, director jurídico del grupo parisiense Reporteros Sin Fronteras. “Sin embargo, seguimos necesitando sensibilizar a la policía y los jueces, ya que muchos de ellos no parecen comprender plenamente los efectos del acoso en línea sobre las víctimas y ni estar preparados para procesar demandas con la necesaria rapidez y seriedad”.

Las grandes compañías tecnológicas parecen no dispuestas ni ser capaces de enfrentar por sí solas el problema del ciberacoso. El nombramiento por parte de Francia de un fiscal especial para delitos en línea refleja el reconocimiento de este hecho. Si siguen su ejemplo e introducen nuevas leyes, las autoridades de otros países podrían ayudar a los periodistas y otros grupos en riesgo a luchar contra el abuso en línea.

Anya Schiffrin directs the Technology, Media, and Communications specialization at Columbia University’s School of International and Public Affairs. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

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