¿Cómo salvar Europa?

¿Cuál es el futuro del euro, la eurozona y la Unión Europea? ¿Pueden ser salvados? Existe hoy en día en Washington (y, por supuesto, en otras partes) una gran demanda de predicciones económicas. La gente quiere saber qué va a suceder con su país y, también, con sus ahorros. Y esa demanda se produce a pesar que las profecías de muchos economistas –seguramente la mayoría– han fracasado de modo estrepitoso. Salvo en el caso de quienes siempre habían dicho que el desastre estaba a la vuelta de la esquina. Esos, tarde o temprano, acaban por acertar. ¿Por qué ha sido tan grande el error? Porque la política y la psicología han sido en conjunto factores mucho más importantes que la economía. Todo el mundo acepta hoy que hay una condición previa al hecho de poseer una moneda común: la existencia de una autoridad central capaz de tomar importantes medidas económicas. Mientras esas decisiones estén en manos de los gobiernos nacionales, la situación está condenada a ser caótica. Es algo que tendría que haber estado claro cuando se introdujo el euro, pero no fue así. Al tratarse de una decisión política que habría significado la cesión por parte de los países de una parte de su soberanía, hubo (y hay) una considerable resistencia a unos Estados Unidos de Europa.

Predicciones y consejos. En la televisión estadounidense, personas mayores con aspecto que inspira confianza intentan convencer a los telespectadores de que inviertan en oro, que según dicen es un ganador seguro: su valor siempre subirá. Es verdad que su comportamiento ha sido alcístico en los últimos años; pero el oro también es una materia prima, y las materias primas suben y bajan. Y así ha ocurrido en las últimas semanas, en las que el oro ha perdido el 10% de su valor (como la plata y el cobre).

¿Qué dicen los principales expertos del mundo académico? En Lindau, una agradable ciudad alemana situada a las orillas del lago Constanza, se reúnen de vez en cuando algunos galardonados con el premio Nobel. Hace un mes les tocó el turno a los de Economía: se reunieron diecisiete galardonados y no coincidieron en absoluto sobre las medidas que había que tomar frente a la crisis de la deuda europea. Algunos, como era previsible, se mostraron partidarios de unos drásticos recortes presupuestarios; otros, por el contrario, insistieron en lo equivocado de esa postura y en que la única salida de la crisis era el gasto y el crecimiento. Es decir, austeridad frente a estímulo. Todos coincidieron en que Europa se enfrentaba a siete años de vacas flacas (como dijo el ministro de Economía alemán). No obstante, también coincidieron en que el euro no desaparecería, ni la eurozona tampoco. Ahora bien, ¿seguirá siendo la eurozona la misma que antes? Lo más probable es que no.

¿Por qué piensan los premios Nobel que la eurozona sobrevivirá? Según Joseph Stiglitz, que ha sido economista jefe del Banco Mundial, resulta difícil, cuando no imposible, desrevolver un huevo revuelto. Es probable que tenga razón, pero la pregunta siguiente es: ¿no sería mejor que Grecia abandonara la eurozona, o que lo hiciera Alemania? Porque si Alemania saliera de la eurozona, ya no estaría obligada a pagar por los problemas de los países que se enfrentan a la quiebra. El valor del marco subiría y el del euro bajaría. Se alcanzaría un nuevo equilibrio y, al cabo de

unos años, las cosas podrían ser normales. Sin embargo, lo que tiene sentido desde un punto de vista estrictamente económico constituye un absurdo político. ¿Qué sería de la eurozona sin la economía más fuerte del continente?

¿Qué habría que hacer? El ministro de Economía británico ha afirmado que Europa tiene como máximo seis semanas para tomar una decisión. ¿Por qué seis semanas? No se sabe, pero no cabe duda de que está en lo cierto al decir que hay que tomar una decisión con rapidez. El profesor Kenneth Rogoff, de la Universidad de Harvard. consiguió el Nobel en el 2001, al igual que Stiglitz (con quien se ha peleado), y ha trabajado para el FMI. Es uno de los mejores ajedrecistas estadounidenses y el mayor experto vivo sobre crisis y bancarrotas, tema sobre el que ha escrito una voluminosa obra titulada Esta vez es diferente: 800 años de locuras económicas. Aunque no está claro el límite de los 800 años, puesto que, por ejemplo, en la Grecia del 400 a.C. municipios entraron en quiebra.

Rogoff cree que el mayor peligro al que se enfrenta Europa es un pánico bancario, que puede evitarse si los principales bancos tienen (u obtienen) capital suficiente. No es una solución ideal porque tendrá que pagarla el contribuyente; pero cualquier otra solución sería mucho más costosa. Quizá Grecia y Portugal tengan que salir una temporada de la eurozona. Cuando los inversores pierden la confianza en un país, también la pierden en otros. Como otros Nobel de Economía, Rogoff es optimista en términos generales: Europa necesita reformas básicas y estas sólo se producirán como consecuencia de una gran crisis. ¿Hubo alguna vez un país tan endeudado como Grecia hoy? Sí, Gran Bretaña tras las guerras napoleónicas, pero Gran Bretaña era un imperio y la recuperación fue mucho más fácil.

Argentina tuvo que declararse en quiebra en el 2001, pero tras unas drásticas reformas la economía argentina creció un 9-10% en años posteriores y en la actualidad su situación no es en absoluto crítica. Es verdad que Argentina es un país más rico que Grecia. En el fondo, quizá cada caso sea diferente.

Walter Laqueur, director del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de Washington.

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