Compartamos la responsabilidad de nuestra propia defensa

Cuando terminó la Guerra Fría, hace casi 30 años, Europa y el resto del mundo respiraron con alivio. A medida que aumentaba la sensación de seguridad, los gobiernos empezaron a recortar los gastos de defensa para aliviar las presiones presupuestarias. Fue una medida lógica y un buen síntoma. Los ministros de Finanzas —incluido yo mismo en Noruega, durante los años noventa— tenían otras prioridades en las que invertir, como la sanidad y la educación.

Ahora bien, igual que tiene sentido recortar el gasto cuando disminuyen las tensiones, también lo tiene aumentarlo cuando las tensiones crecen. Para sostener el gasto en sanidad, educación y todas las demás actividades que necesitan llevar a cabo los ciudadanos si quieren que prosperen sus sociedades, es necesario contar con una defensa y una seguridad eficaces. Y hoy afrontamos los mayores problemas de seguridad que ha visto esta generación. Unos problemas que proceden de muchas direcciones y adoptan muchas formas, desde el terrorismo hasta una Rusia más agresiva.

Y la OTAN ha reaccionado.

En 2014, todos los dirigentes de la Alianza se comprometieron a repartirse de forma más justa la responsabilidad de proteger nuestra seguridad. Acordaron interrumpir los recortes en defensa, empezar a aumentar gradualmente el gasto y avanzar hacia una inversión del 2% del PIB en el plazo de 10 años. Trabajar con los aliados para que ese compromiso se haga realidad ha sido mi máxima prioridad desde que me convertí en Secretario General y es un elemento fundamental de mi programa cuando visito las capitales de los países de la OTAN.

La buena noticia es que, tras varios años de reducciones, ha habido un cambio de rumbo. En 2015, dejó de haber recortes. En 2016, vimos un aumento importante del gasto de defensa en Europa y Canadá, por valor de miles de millones de euros. Se prevé que la tendencia va a continuar en 2017. En la actualidad, cinco países miembros de la OTAN dedican el 2% del PIB, o más, a la defensa. Rumanía se unirá a ese grupo este año, y se prevé que Letonia y Lituania lo hagan en 2018.

El reparto de responsabilidades no es solo cuestión de dinero. Es también cuestión de capacidades y de contribuciones a las misiones, las operaciones y otras actividades de la OTAN. Cuando los aliados acordaron incrementar el gasto de defensa, también acordaron invertir al menos el 20% de ese dinero en dotarse de nuevo equipamiento pesado, que es necesario para la protección diaria de nuestros ciudadanos.

Eso significa más material de alta gama y en mejor estado de preparación, para transporte aéreo de material pesado, defensa aérea, ciberdefensa y otras prioridades de la Alianza. Significa también la celebración de ejercicios y entrenamientos multinacionales más exigentes. Durante el desarrollo de estas capacidades, es importante mantener una estrecha cooperación con la Unión Europea. Al fin y al cabo, nuestros países no tienen más que un presupuesto nacional y un ejército cada uno, por lo que la OTAN y la UE no deben competir, sino cooperar. Y en el último año, nuestra cooperación ha adquirido una nueva dimensión. Por último, los aliados contribuyen a un reparto más equitativo de responsabilidades con la provisión de tropas y material a las misiones de la OTAN y otras actividades que ayudan a mantenernos seguros.

En este apartado entran los soldados que nutren nuestras tropas en Afganistán y Kosovo y los barcos y aviones que forman nuestras fuerzas navales y aéreas. En el momento de escribir estas líneas, tropas de todos los países de la Alianza están desplegándose en Estonia, Letonia, Lituania y Polonia para reforzar nuestra defensa y servir de disuasión en la frontera oriental de la OTAN.

Hemos hecho grandes avances en todas estas áreas, pero todavía nos queda mucho por hacer.

Esta semana, los líderes de la OTAN van a reunirse en Bruselas. Les pediré que se comprometan a elaborar planes nacionales anuales para materializar los objetivos propuestos. Dichos planes nacionales tendrán tres aspectos —dinero, capacidades y compromisos materiales— y contribuirán a que mantengamos nuestro empuje y sigamos pasando de las palabras a los hechos.

Desde hace casi 70 años, los países de la OTAN trabajan unidos para proteger nuestras naciones, nuestras libertades y nuestras democracias. Y, en este momento crucial para nuestra seguridad, los aliados están comportándose a la altura de las circunstancias. Lo hacemos por nuestra seguridad en un mundo lleno de incertidumbres.

Jens Stoltenberg es Secretario General de la OTAN. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

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