Comunistas, vascos y catalanes

El Partido Comunista de España -en Catalunya, el PSU-, Comisiones Obreras, el catalanismo de Jordi Pujol y, con más frialdad, el Partido Nacionalista Vasco, fueron piezas básicas para el asentamiento de la monarquía constitucional en España. Los centristas -azules, tecnocráticos y variopintos- fueron los ingenieros y los socialistas se monarquizaron cuando las tablas y los cables ya estaban tendidos. A Felipe González y a Nicolás Redondo los tuvieron que llevar a rastras a la firma de los pactos de la Moncloa.

Los comunistas aceptaron el Rey y la bandera roja y gualda en una memorable conferencia de prensa de Santiago Carrillo, el 16 de abril de 1977, cuando aún no se había secado la tinta de los ejemplares de Mundo Obrero que presentaban a Juan Carlos como un títere de Franco. Pujol se obstinó en formar parte de la Comisión de los Nueve (delegación de los partidos de oposición que negoció con Adolfo Suárez las primeras elecciones libres), puesto que no quería quedar aislado en Catalunya. Meses después, Miquel Roca Junyent se convertiría en uno de los puntales de la comisión redactora de la Constitución. Sin duda alguna, la mayor aportación catalana a la consolidación monárquica fue la operación Tarradellas, en buena parte ideada por el abogado y empresario Manuel Ortínez. Operación de gran impacto en toda España. Certificado de autenticidad de la transición. El PNV participó en la Comisión de los Nueve y ayudó a legitimar las elecciones de junio de 1977, negándose al boicot que le proponía ETA. No estuvo en la ponencia constitucional, pero obtuvo dos preciosas disposiciones: reconocimiento de los “derechos históricos” de los territorios forales (adicional primera) y la posibilidad de unificar Euskadi y Navarra, mediante referéndum (transitoria cuarta).

Treinta y siete años después, lo que queda del PCE es ferozmente republicano. Los principales estandartes del nuevo republicanismo español son dos novísimos actores de la izquierda marxista. Dos treintañeros de verbo fácil, Pablo Iglesias (Podemos) y Alberto Garzón (IU), ambos formados en las juventudes comunistas. Garzón acaba de publicar un libro titulado La Tercera República, presentado anoche en Madrid.

Los comunistas vuelven a ser republicanos y los nacionalistas vascos y catalanes serán abstencionistas cuando se valide la sonora abdicación en el Congreso y en el Senado. CiU y PNV no van a despedir a Juan Carlos de Borbón y Borbón con un cordial voto favorable. Treinta y siete años nos contemplan. Una eternidad.

El PNV, siempre directo, fue el primero en comunicar la abstención. El diputado Aitor Esteban así lo hizo saber a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría cuando esta se puso en contacto con los grupos parlamentarios. Lo de CiU es un poco más alambicado. Un poco más bizantino. Bizanci de Dalt y Bizanci de Mar. El Gobierno jura que Duran fue de los primeros portavoces en ser consultado y que encontró en él una actitud muy receptiva. Duran lo negó ayer por la mañana, adelantando vía Twitter la abstención de CiU, antes de que terminase la reunión del grupo dirigente de CDC, favorable a la abstención, con algunas intervenciones en favor del no y un discurso -uno solo- que apuntaba al sí.

Fuentes conocedoras del debate de estos días en CiU señalan que en un primer momento, cuando se creía que la aprobación de la ley orgánica sería un mero trámite, incluso Artur Mas se inclinaba por el sí, deseoso de dibujar una buena relación con Felipe VI. Los contactos de la cúpula convergente -no sólo de Mas- con la institución monárquica nunca se han interrumpido en los dos últimos años. Duran alega que PP y PSOE han marginado a CiU en la confección del trámite, como ya ocurriera con la reforma exprés de la Constitución de septiembre del 2010. El Gobierno lo niega. CDC sustenta la abstención en otro argumento político y retroactivo: el Rey se inhibió en el proceso del Estatut, en vez de mediar en favor de una solución más constructiva.

Ya que hemos comenzado con un bucle histórico, acabaremos con otro. En 1975, la proclamación de Juan Carlos I fue acompañada por una misa Te Deum en los Jerónimos de Madrid, con una homilía memorable del cardenal Vicente Enrique y Tarancón. El Te Deum no fue inscrito en la Constitución aconfesional. Sólo se celebraría a petición del nuevo Rey. En tal caso, oficiaría la ceremonia el cardenal Antonio María Rouco Varela. Efectivamente, 37 años nos contemplan.

Enric Juliana

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *