Con el viento en contra (y 3)

Al paso que aumenta la preocupación por la agenda que puedan impulsar los Hermanos Musulmanes en Egipto, los dos máximos dirigentes del Partido Libertad y Justicia, Mursi y El Arian, han recalcado que si ganan formarán un gobierno de unidad nacional con otros partidos. Insisten en que el partido “entregaría el poder si perdemos”, ya que la opinión pública no tolerará más la dictadura. El Arian prometió que el partido no incorporaría cierta terminología la Constitución para demandar explícitamente que toda la legislación cumpla con la ley islámica, la charia. El artículo 2 de la Constitución ya establece que la “principal fuente de legislación es la jurisprudencia islámica”.

Los Hermanos Musulmanes han sido denunciados por ser muy antiisraelíes y antiestadounidenses. Los partidarios de la línea dura en EE.UU. están haciendo sonar la alarma: si los Hermanos Musulmanes subieran al poder en Egipto, “sería desastroso para la seguridad de Estados Unidos”, ha advertido Leslie Gelb, presidente emérito del Consejo de Relaciones Exteriores, quien fue funcionario de alto rango en los departamentos de Estado y de Defensa. “Sería ilusorio tomarse al pie de la letra las protestas de fe democrática de los Hermanos Musulmanes”, agregó.

La cruda realidad es que la retórica de los Hermanos Musulmanes sobre Israel y sobre la política exterior de Estados Unidos no se diferencia mucho de las de quienes son su contrapartida, las fuerzas nacionalistas y de izquierda. Egipcios de todos los colores y tendencias notan que su país debe reivindicar su papel de liderazgo en el contexto árabe y oponerse a la opresión de Israel sobre los palestinos. De modo creciente, los egipcios cuestionan la utilidad del tratado de paz de Camp David con Israel, aunque pocos apelan a su derogación. Más del 70% de los egipcios recientemente encuestados por el Instituto Internacional de la Paz –Nueva York– han declarado su preferencia por mantener el acuerdo de paz con Israel, conclusión corroborada en un sondeo efectuado por el destacado Centro Al-Ahram para Estudios Políticos y Estratégicos de Egipto.

Del mismo modo, aunque los líderes de los Hermanos Musulmanes apelan a la revisión de los acuerdos de paz, hacen hincapié en que no adoptarían ninguna decisión unilateral susceptible de poner en riesgo la seguridad nacional y añaden que, por el contrario, someterían la decisión al respecto a la voluntad del pueblo. Lejos de mostrar una actitud provocadora y temeraria, los Hermanos Musulmanes dicen que respetarán los tratados diplomáticos firmados por Egipto, una clara señal de realpolitik. Los Hermanos Musulmanes ansían el reconocimiento de las potencias occidentales y la comunidad internacional. Líder religioso y candidato presidencial afiliado al movimiento en cuestión, Hazem Abu Ismail dijo al canal de televisión CBC que aunque él personalmente era contrario al tratado de paz, en calidad de líder no lo derogaría ni haría la guerra a Israel.

“No reconocemos a Israel, pero no vamos a luchar contra ellos”, dijo el ex guía general Akif. “Sus asuntos no nos conciernen, ni tampoco la política interna palestina. Mi principal preocupación es la superior causa islámica”. Así concluyó Akif en un comunicado ilustrativo de la magnitud del cambio de actitud de los Hermanos Musulmanes hacia Israel.

Durante más de cuatro décadas, los líderes de los Hermanos Musulmanes se esforzaron por entrar en el espacio político y ganar un estatus legal. Aprendieron el arte del compromiso y el pragmatismo a través de las dificultades y persecuciones. La ideología queda en un plano secundario con respecto a los intereses y prosperidad política del movimiento. Más que nunca, su mensaje apunta a diversos electorados y grupos de interés, señal de un cambio ideológico. De hecho, sus oponentes laicos critican a los líderes del movimiento por ser demasiado oportunistas y maquiavélicos, demasiado dispuestos a alinearse incluso con el régimen de Mubarak y ahora con el estamento militar de Egipto con tal de promover sus propios intereses. En el mismo sentido, los militantes islamistas, como el líder de Al Qaeda Al Zauahiri, han acusado duramente a los Hermanos Musulmanes de sacrificar la ideología religiosa y la pureza del mensaje en el altar de una agenda política condenada al fracaso.

Los Hermanos Musulmanes han sido incapaces y han estado poco dispuestos a desembarazarse de la herencia ideológica. A diferencia de los islamistas turcos y tunecinos, los Hermanos son alérgicos a los términos laico y laicismo, que consideran antiislámicos. Tras dar la bienvenida al primer ministro turco, Recep Tayip Erdogan en Egipto en septiembre, la acogida de los Hermanos Musulmanes se volvió hostil cuando dijo que la religión puede convivir con un Estado laico. “Confío en que haya un Estado laico en Egipto”, dijo Erdogan, un musulmán devoto. Un portavoz de los Hermanos Musulmanes acusó a Erdogan de inmiscuirse en los asuntos internos de Egipto.

Especialmente alarmante resulta la postura de los Hermanos Musulmanes con relación a las mujeres y las minorías, una postura basada en motivos de índole religiosa por parte de la vieja guardia. Tales interpretaciones religiosas se enarbolan selectiva y caprichosamente para sostener que las mujeres y los cristianos coptos no pueden ser completamente iguales ante la ley, no pueden ocupar el cargo de la presidencia ni ser magistrados. Aunque esta posición es controvertida dentro de la propia organización entre los pragmáticos y los hermanos jóvenes, es síntoma de una importante dificultad interna del movimiento. De hecho, el movimiento no ha presentado ideas y conceptos originales ni programas socioeconómicos y políticos bien definidos. Lamentablemente, el cuerpo de los Hermanos Musulmanes ha crecido a un ritmo mayor que su cerebro.

El desafío a que hace frente el movimiento no reside en obtener una parte considerable de los escaños parlamentarios, sino en gobernar con eficacia y ofrecer soluciones a las crisis estructurales de Egipto. Egipto está casi en bancarrota, con un 40 por ciento de la población que vive con menos de 2 dólares al día. El país sufre un paro a gran escala y el índice de alfabetización es uno de los más bajos del mundo árabe. Las frágiles instituciones de Egipto deben ser laboriosamente reconstruidas, aunque en medio de un problemático consenso sobre el futuro del país. Por lo demás, ¿qué hacer con el creciente apetito de los militares por la política?

De forma reiterada en las últimas dos décadas, la capaz maquinaria política de los Hermanos Musulmanes ha demostrado su valía y eficacia. Frente a grandes dificultades representadas por la represión política, los equipos de campo de la organización consiguieron que los miembros votaran casi al cien por cien.

Si los Hermanos Musulmanes obtienen una mayoría y forman un gobierno, habrán de contentar a sus electores. Dada la magnitud de los problemas de Egipto y la falta de planes claros y articulados para la creación de empleo para reactivar la economía por parte del movimiento, la verdad es que tienen el viento en contra. Si el movimiento fracasa, sus lemas electorales –”El islam es la solución” y “Somos lo mejor para Egipto”– se volverán contra ellos en venganza.

Por Fawaz A. Gerges, Dr. del Centro de Oriente Medio.

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