Construyendo puentes para Iberoamérica

Decía Carlos Fuentes: “Yo creo que no existe el Atlántico”, capturando dentro de esa imaginativa idea la estrecha cercanía que él veía entre ambas orillas de la relación iberoamericana. Más allá del atractivo ejercicio retórico, la prosa de los mapas señala la existencia de un océano al que hay que contemplar con agudeza para entender que quedan muchos puentes por edificar para acercar a la comunidad iberoamericana. Y sobre ellos todo aquello que compartimos, pero sobre todo, todo aquello que nos hace diferentes, diversos, que nos puede enriquecer, y que debe ser lo que nos mueva a buscar espacios de colaboración y entendimiento que aún no se han sabido explorar.

Se cumplen algo más de dos semanas de la celebración de la Cumbre Iberoamericana en Panamá, y acallados los sonidos que suceden a eventos de esta altura, nos queda ahora el silencio necesario para el análisis, para una reflexión sosegada sobre la dirección de la relación iberoamericana. Una relación cuyo futuro pasa inevitablemente por continuar trabajando para dotar de contenido tangible al diálogo político, por hacer que de él emerjan políticas más adecuadas y que tengan un mayor impacto, por profundizar en la idea de que existen bienes públicos de carácter regional cuya provisión demanda respuestas a ese mismo nivel.

El informe Perspectivas Económicas de América Latina, elaborado anualmente por el Centro de Desarrollo de la OCDE en conjunto con la CEPAL y CAF, y parte ya de la Cumbre Iberoamericana, en la que es presentado cada año, pretende contribuir a ese debate, dotando de evidencia y contenido al diálogo iberoamericano, elaborando diagnósticos sobre los desafíos que se presentan para la región, y planteando espacios de acción de políticas públicas que puedan ayudar a enfrentarlos. La edición actual fue también presentada en la Cumbre de Panamá. Resumo a continuación algunos de las principales conclusiones del informe de este año.

En primer lugar, las condiciones externas que han sostenido una parte importante del crecimiento de la región en la última década están perdiendo fuerza. Por un lado, se espera que la demanda externa de materias primas se modere, debido fundamentalmente a la gradual ralentización del crecimiento chino y, en general, de las economías emergentes. Por otro lado, la normalización de la política monetaria en EEUU muy probablemente generará salidas de capitales de la región, y aumentará la volatilidad de los tipos de cambio, así como condiciones de financiamiento menos favorables.

En segundo lugar, existe una serie de debilidades estructurales que plantean retos a la región para sostener en el mediano plazo el buen crecimiento económico reciente. Frente al desplazamiento del centro de gravedad de la economía mundial hacia el Este, muchas economías de la región han orientado su patrón de especialización hacia las materias primas, y se han concentrado en ámbitos de poca sofisticación, con baja capacidad de aportar valor añadido y de generar empleos de calidad; actividades con poca incorporación de tecnología, y con limitada capacidad innovadora y de competir en segmentos de mayor complejidad y generación de riqueza.

La productividad de América Latina es además baja cuando se compara con otras regiones del mundo, y dentro de la región también se observan importantes brechas de productividad entre países y entre sectores. Frente a la dinámica económica global se ha conformado una estructura que dificulta la expansión de la productividad, al atraer recursos de sectores más productivos hacia sectores de menor sofisticación, erosionando además la importancia de los primeros. Ante esto, las políticas públicas deben encaminarse a promover una estructura exportadora más diversificada y que busque expandirse en ámbitos comerciales o en segmentos de la cadena productiva en los que pueda agregar más valor, fortaleciéndose por tanto el papel que la política industrial puede tener para favorecer una evolución hacia un patrón de crecimiento más sólido en la región. Promover la integración regional destaca también como uno de los aspectos clave, al favorecer la diversificación mediante la profundización del mercado regional.

Existen también debilidades internas que limitan el crecimiento potencial y que hacen dudar de la existencia de fuentes de crecimiento que puedan compensar la menor influencia externa. Mejorar la productividad y las perspectivas de crecimiento de la región pasa por generar fuentes de crecimiento doméstico, entendidas desde un punto de vista nacional pero también regional. Para ello, es necesario implementar políticas públicas que permitan conquistar espacios de eficiencia productiva no aprovechados y que permitan aumentar la productividad de los factores de producción. La inversión en capital humano, en tecnología y en infraestructuras son sin duda grandes áreas por las que se debe apostar.

En último lugar, la infraestructura y la logística destacan como elementos claves a la hora de enfrentar los desafíos de la capacidad productiva de la región. El informe de este año pone especial atención en el desempeño logístico como elemento fundamental para mejorar la productividad de la región y favorecer su competitividad. Al hablar de logística, se entienden todos los servicios y procesos que intervienen en el transporte de bienes y servicios desde su punto de producción hasta el consumidor final. El informe muestra que los costes logísticos en América Latina son significativamente más altos que en la OCDE, lo cual es especialmente preocupante para la región, dado que un 57% de las exportaciones son intensivas en logística frente a un 17% en la OCDE. Además, la composición de las exportaciones de la región, en su mayoría recursos naturales y productos frescos, y la potencial oportunidad de abastecer a importantes mercados cercanos, tales como Estados Unidos, aprovechando el just in time, son motivos adicionales para impulsar políticas públicas para la mejora de la logística, que ayuden a reducir costes, impulsar la productividad, favorecer el posicionamiento de los países en cadenas globales de valor de un modo competitivo, y fortalecer la inserción de las pymes en el sector exportador, entre otros. Las reformas han de centrarse tanto en aspectos de más largo plazo, fundamentalmente la inversión en infraestructuras, como en otros ámbitos más inmediatos para un uso más eficiente de la infraestructura ya existente, como promover servicios de almacenamiento modernos, establecer procesos aduaneros y de certificación más eficientes, o fomentar una mayor competencia en el sector transporte, por citar algunos.

Todos estos desafíos que enfrenta la región tienen lugar mientras la estructura socioeconómica evoluciona, fundamentalmente con la emergencia de una clase media que ahora ocupa al menos un tercio de la población de la región, y que demanda nuevos servicios públicos de calidad. Para responder a este desafío es necesario reformar los sistemas fiscales para ofrecer servicios públicos de calidad, ejercer un papel redistributivo más profundo y renovar la legitimidad fiscal, de modo que la sociedad se sienta identificada con el objetivo al que se destinan sus impuestos.

Los retos son múltiples y la agenda es muy amplia. La naturaleza de los desafíos trasciende en muchos casos el ámbito exclusivamente nacional, para tomar un carácter regional o incluso global. Ante esa realidad, el potencial de la comunidad iberoamericana como espacio de diálogo de políticas no puede ser subestimado, y el desafío es dar a este foro contenido y capacidad de análisis. El Centro de Desarrollo de la OCDE está preparado para contribuir a ello y trabajar identificando ámbitos en que la comunidad iberoamericana comparta desafíos y potenciales soluciones. Sea como sea, el océano no dejará de existir: se trata de convertirlo en aquello que nos une, y no en lo que nos separe.

Mario Pezzini es director del Centro de Desarrollo de la OCDE.

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