Consumatum est!

Por Antonio Elorza, catedrático de Pensamiento Político de la Universidad Complutense (EL CORREO DIGITAL, 03/06/07):

Al declarar ETA clausurada su segunda tregua-trampa, es muy posible que los debates en la opinión pública vuelvan a girar en torno al dilema clásico de negociación o vía policial, con los voceros del PSOE y del PP en uno y otro caso como partidarios de la primera y de la segunda opción respectivamente. De esta manera, se desliza fuera de campo lo sucedido desde el 22 de marzo, en la medida que la buena vía o el fracaso se encontrarían prefigurados en la opción inicial. Y en gran medida las responsabilidades del Gobierno resultarían diluidas. Si la negociación con los terroristas es un camino inevitable para ‘la paz’, el fracaso de la política vasca de Zapatero es digno de compasión, pero no de condena, tal y como él mismo sugirió en su declaración. «He realizado todos los esfuerzos posibles para alcanzar la paz», nos dice, y aunque no les ha contado nada acerca de esos tenaces y bienintencionados esfuerzos, ‘sabe’ que los vascos conocen ‘la autenticidad’ de los mismos. ZP no ha fallado en nada. En cambio, «ETA vuelve a equivocarse». Si el diagnóstico acerca de la realidad falla, es la realidad quien resulta culpable. Y en la vertiente opuesta, en la orilla del PP, de suponer que el error es la negociación como tal, involuntariamente todos los disparates cometidos por el Gobierno en estos trece meses y medio quedan fuera de campo.

El problema es otro. Ante la declaración de ‘alto el fuego permanente’, en una situación supuestamente agónica de la banda, era razonable aceptar el reto de la negociación, siempre en el caso de contar con suficiente información acerca de las intenciones reales de ETA. También con la condición de estar el Gobierno muy atento a cualquier síntoma de que en el fondo la tregua no era tal, sino período de reestructuración, de impulso a una nueva presencia de la ilegalizada Batasuna, y de ofrecimiento a la sociedad vasca de una imagen invertida de lo que es en verdad ETA: los criminales políticos se presentaban como promotores de la paz. Aquí reside el primer error catastrófico del Gobierno, y su responsabilidad ante una opinión pública propicia a aceptar el engaño por su deseo de normalidad. Muy pronto hubo signos de que ETA no cesaba su actividad, y de modo específico en el esfuerzo de financiación por medio del ‘impuesto revolucionario’, algo que sólo podía ser explicado por su voluntad de seguir existiendo. Siguieron los robos de armas, los brotes de kale borroka dosificada, en fin, los comunicados en que se confirmaban los objetivos de siempre. Zapatero y los suyos ignoraron tales indicios de engaño, y no sólo eso, sino que procedieron a anestesiar literalmente una y otra vez a los ciudadanos vascos y españoles, insistiendo en su confianza en ‘el proceso de paz’, al mismo tiempo que descalificaban cualquier intento de crítica, aun de quienes siempre mostraron su simpatía hacia el PSOE. Ni siquiera faltaron los vetos en sesiones académicas donde fuera a ser tratado el terrorismo. Las hemerotecas están ahí para probar lo primero.

Segunda y principal objeción, ¿qué sentido podía tener una mesa política sobre el futuro de Euskadi? De nuevo conviene acudir a la declaración de Zapatero en la mañana de ayer, ya que lo que allí nebulosamente sugiere es para ponerse a temblar, constitucionalmente hablando, y también para otorgar crédito a algunos datos contenidos en los informes sobre las conversaciones PSE-Batasuna publicados hace semanas por ‘Gara’. Justo cuando ETA empuña de nuevo las pistolas y las bombas, a nuestro presidente no se le ocurre otra cosa que decir, dirigiéndose ‘singularmente’ a los ciudadanos vascos, que les propone «un marco de convivencia para todos» (estamos a un pelo de distancia del ‘marco vasco de decisión’). Y anuncia algo que no puede ser inocente y que merece la pena subrayar, por lo insensato de su contenido si atendemos al significado de ciertas palabras y expresiones en el vocabulario político vasco: «El futuro de los vascos depende y dependerá de ellos mismos en el marco de la ley [¿de cuál?] y de la democracia [se supone, lo mismo dice ETA]. Nunca dependerá de la violencia terrorista». ¿Qué quiere decir Zapatero? ¿Lo mismo que Ibarretxe? ¿Qué sin ETA habrá autodeterminación? Al presidente, o a quienes le redactan sus discursos, les encantan estos ejercicios de lo que en lingüística se llama captación, y en plata una mezcla de manipulación y ambigüedad calculada, pero las cosas ya no están para tales astucias.

La cuestión de fondo es que toda negociación política consiste en un juego de oferta y demanda, de peticiones y de concesiones, y mal podían encontrarse la exigencia rígida de los objetivos tradicionales de ETA/Batasuna -marco vasconavarro de decisión, territorialidad, autodeterminación-, con las ataduras que a pesar de todo ligaban a Zapatero al orden constitucional. Más allá de la zafia verborrea que preside su comunicado, ETA está en su lugar, la supuesta ‘defensa de Euskal Herria’ mediante la puesta en práctica del crimen político hasta que el Estado español se incline y conceda dichas metas. ¿No se enteró el Gobierno de esto? ¿Ni siquiera después del entonces ‘accidente’, hoy a toro pasado rebautizado como ruptura de la tregua el 30 de diciembre?

Porque el paréntesis del ‘alto el fuego’ no fue inocuo. Como explicó Europol, ETA ha recompuesto sus filas, se ha rearmado bajo una presión policial lógicamente menor y con Francia a la espera. Las concesiones, incluido De Juana, sólo habrán servido para aplazar la sentencia más allá de las elecciones, favoreciendo inconsciente o conscientemente al gobierno. Los resultados están a la vista. ETA ha logrado burlar la Ley de Partidos, con la impagable ayuda del fiscal general del Estado, con el partido testaferro ANV, conservando la lealtad electoral de unas bases que encima protestan, copiando al inefable fiscal, por verse encerradas en Guantánamo. Ha rellenado sus arcas. En una palabra, vuelve a su guerra del terror con más recursos que aquellos de que disponía en marzo de 2006. De un lado, las buenas intenciones convertidas en insensatez, entonces y ahora como si el enemigo principal fuera el PP. De otro, una política de contenido criminal, pero política al fin. Nada tiene de extraño que el round fuese ganado por la segunda. Ahora hablarán las armas otra vez, como en el año 2000. A la vista de lo sucedido con el pacto de Lizarra y de la crítica situación de ETA a principios de 2006, ¿era necesario fomentar, a fuerza de errores, las condiciones para esta segunda y decisiva batalla?