Contra Israel también vale el fútbol

La discriminación y el odio han encontrado su justificación, desde siempre, apoyándose en falacias, adulteraciones y libelos. El llamado «movimiento de Boicot, Desinversiones y Sanciones» contra Israel no iba a ser menos, siendo su objetivo, a través de la deslegitimación y demonización, la erradicación del Estado judío.

En esta oportunidad, el BDS ha usurpado un hecho deportivo –el partido entre España e Israel, en Gijón– para utilizarlo como plataforma de difusión de su mensaje de odio, que, como la propia razón de ser del «movimiento», se funda en una falsedad que además banaliza el sufrimiento que padeció la población de color en Suráfrica durante el régimen de apartheid: segregación racial sancionada por ley. Los ciudadanos de color no podían acceder a los mismos cargos que los blancos; mucho menos, al Parlamento. Algo que no sucede en Israel. Y en Cisjordania, donde la situación es otra –una ocupación (aunque algunos juristas ni siquiera avalan tal definición para este caso particular; y en algunas zonas, al menos, sería más adecuado hablar de «territorio en disputa») surgida luego de dos guerra de agresión árabe–, tampoco puede hablarse de apartheid: la propia existencia de la Autoridad Palestina niega tal barbaridad.

Pero, claro, en el proceso de apropiarse de cuanto sirva a sus propósitos de señalamiento internacional, han convertido el terrible padecimiento de la población negra surafricana en, a lo sumo, algunos casos aislados de discriminación. Como la padecida, por ejemplo, por los gitanos en más de un país europeo.

Y es que todo vale para ese «avanzar desde ahí» que explicitaba Zahr. Para alcanzar el verdadero fin, que los fundadores y líderes del BDS no esconden. De hecho, Omar Barghouti, cofundador de la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural de Israel (Pacbi, por sus siglas en ingles ), que reside en Israel (donde obtuvo un título en Filosofía por la Universidad de Tel Aviv, mientras llamaba al boicot académico contra Israel), y que ha hecho del movimiento un lucrativo modo de vida (por partida doble: por lo que ingresa y por lo que, aparentemente, evade), dijo, en un video publicado por Electronic Intifada, una web antisraelí): «… definitivamente nos oponemos a un estado judío. Ningún palestino racional (…) aceptará jamás un estado judío en cualquier parte de Palestina».

Para ello, pues, todo foro internacional es bueno. Todo vale. Y el fútbol (masivo, mediático) no es la excepción. Al punto de que ni el liderazgo de la Asociación Palestina de Fútbol se deja librado al azar: su presidente, Jibril Rajoub, es secretario general adjunto del Comité Central de Fatah–que controla la Autoridad Palestina y la OLP– y exjefe de la Fuerza de Seguridad Preventiva de la Autoridad Palestina (como tal, fue acusado con frecuencia de facilitar la tortura de los prisioneros y los opositores políticos).

El fútbol, para Rajoub, no tiene nada que ver con el fútbol.

El diario libanés «Al Akhbar», en su edición en inglés del 10 de junio de 2014 se preguntaba «¿quién podría haberse llegado a imaginar que el fútbol se convertiría en una cobertura para la política, especialmente en relación a los palestinos, cuyos líderes históricamente se aferraron al poder hasta la muerte?». El diario hablaba sólo de Rajoub, claro está. Pero es evidente que ese interrogante es mucho más amplio.

Por cierto, Rajub es quien, como informó el «Washington Times» el 9 de mayo de 2013, afirmó: «Juro que si tuviéramos una bomba nuclear la habríamos utilizado esta misma mañana». El mismo que declaró que todo Israel es «Palestina ocupada». Porque de eso se trata todo: eliminar a Israel.

Mientras tanto, y según informaba el diario español «La Vanguardia» el 24 de diciembre de 2014, «un inmigrante nepalí muere cada dos días en las obras para el Mundial de Fútbol del 2022 en Qatar», e indicaba que el diario inglés «The Guardian» lleva a cabo una investigación periódica sobre las condiciones laborales en el rico emirato, «que rozan la esclavitud, tal como denuncian a menudo organizaciones de defensa de los derechos humanos». Y añadía que, si bien la investigación se centra sólo en los inmigrantes nepalíes, «si se tiene en cuenta a los obreros procedentes de India, Sri Lanka y Bangladesh, fácilmente puede morir un trabajador cada día».

Pero está visto que no se trata ni de paz, ni de derechos humanos, ni de Justicia, ni de fútbol. Se trata de señalar a Israel. Llamativamente, el único Estado judío. Judío.

Marcelo Wio, director asociado de la «Revista de Medio Oriente»

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