Contra la democracia

Tal es el provocador título del manual fuente de inspiración de los dos titiriteros del reciente escándalo en los Carnavales de Madrid. Si juzgamos por el contenido de dicho manual, el cartel con las palabras «Gora Alka-ETA» que aparecía en mitad del espectáculo podría obedecer más a un intento de provocación, un gesto de rebeldía dirigido a producir una náusea intelectual, que a un genuino deseo de hacer apología del terrorismo. Del antecedente policial por uso de la violencia por parte de uno de los titiriteros no se puede deducir que esté asociado al terrorismo, y mucho menos a Al Qaeda o a ETA.

Si los dos titiriteros son verdaderamente anarquistas convencidos, como parece ser, no tendría sentido una supuesta apología de Al Qaeda, cuyo terrorismo se basa en ideas religiosas ultraconservadoras, ni de ETA, cuyo proyecto político es de carácter estalisnista. Estrictamente hablando, tales organizaciones tienen de anarquistas lo que el Vaticano. Por la misma regla de tres podrían haber optado los guiñolistas por sacar un cartel con vivas a la monarquía. Pero, claro está, eso no habría producido la náusea intelectual, el ‘shock’ que ellos buscaban.

Contra la democraciaAl Qaeda y ETA, pese a ser lo más alejado posible de la ideología anarquista, producen rechazo y pretenden desestabilizar el orden establecido. Tan solo en eso coinciden con los objetivos anarquistas. Es esa alarma, ese sonido de sirena, lo que constituye un plus emocional, un subidón para el anarquista. Pero entre eso y hacer apología del terrorismo media una distancia insalvable en cuanto a intencionalidad.

Otra cosa es que ese espectáculo fuera adecuado para niños. El hecho es que no lo era en absoluto, sobre todo por razones diferentes del «Gora Alka-ETA». El espectáculo, aparentemente, contenía aspectos como una violación y un aborto que realiza una bruja con un cuchillo, que me parecen mucho más agresivos e irrespetuosos para la mentalidad y formación de unos niños que la supuesta apología del terrorismo, cuestión ésta que a los niños -que no a sus padres- les pasó sin duda ampliamente desapercibida.

Los niños seguramente no entendieron el significado de ese ‘gora’, ni la críptica expresión ‘Alka-ETA’, ni son conscientes de las atrocidades cometidas por tales organizaciones, ni del hiriente insulto que esas palabras representan para los familiares de las víctimas y para otros muchos.

Los dos titiriteros, sin embargo, sí sabían que ese no era un espectáculo adecuado para niños. Así se deduce claramente de entrevistas anteriores al espectáculo, que quedaron grabadas. A mi modo de ver, ésa es su auténtica ofensa: conscientemente presentar a un público infantil un espectáculo que iba dirigido a producir una fuerte reacción negativa en los acompañantes adultos. Los organizadores del espectáculo instrumentalizaron lo que era una convocatoria infantil para provocar a un público adulto.

Esto fue su grave error. Incluso concedemos, como digo, que el asunto deba interpretarse como guiado por una intención fundamentalmente transgresora, algo a lo que estamos acostumbrados en el mundo del arte, y no por el deseo de hacer una incongruente apología de dos organizaciones esencialmente contrarias a la ideología anarquista. Ello inevitablemente nos plantea la cuestión de si es lícito poner límites a la libertad de expresión artística, asunto éste en cuyas complejidades no entraré aquí.

Con el término ‘anarquismo’ ocurre como con ‘existencialismo’, ‘postmodernismo’ y otros ‘ismos’, que terminan convirtiéndose en términos genéricos capaces de englobar a veces incluso ideologías contradictorias. En el caso que nos ocupa, tenemos desde el anarquismo poético-político hasta el anarquismo violento propugnado por Bakunin y otros.

Hay un anarquismo de derechas, que considera sagrados los derechos del individuo, incluido el derecho a la propiedad, y que rechaza la intervención del Estado, al que asigna, si acaso, un papel mínimo como moderador. Hay otro anarquismo de izquierdas que quiere la abolición de la propiedad privada, abolición que paradójicamente sólo podría llevar a cabo una autoridad estatal de carácter dictatorial. Ni Bakunin, ni Emma Goldman, y ni siquiera un intelectual de la talla de Noam Chomsky, gran defensor contemporáneo de la ideología anarquista, han podido superar esas contradicciones.

Y también hay un anarquismo romántico y poético, un anarquismo espiritual, más a la izquierda que a la derecha en sus planteamientos generales, pero cuyo empeño está en ignorar al Estado, más que en luchar contra él. Ahí situaríamos al primer Rousseau, el de el hombre nace libre, pero por todas partes está encadenado. También en ese anarquismo romántico, si bien más consecuente a nivel práctico que Rousseau, situaríamos a Henry D. Thoreau, primer objetor fiscal del que tengo noticias.

Su famoso tratado ‘Resistencia al gobierno civil’, también conocido como ‘Desobediencia Civil’, ha inspirado a muchos activistas, y ha servido para alimentar espiritualmente muchos movimientos de rebelión y de descontento social. En él, Thoreau aboga por la reducción del Gobierno (el Estado) al mínimo y, en última instancia, por su eliminación. Pero también advierte que eso sólo será posible cuando la sociedad esté éticamente preparada para ello.

Thoreau fue consecuente con sus ideas. Eso le diferencia de otros que, basándose en la falta de preparación social para aplicar el ideal anarquista, juegan con la idea como una pura ilusión adolescente. Tal era el caso de Manuel Fraga Iribarne -nada sospechoso de rebelde social- que también se declaraba socarronamente anarquista, alegando que si algún día está la sociedad preparada para eso, sin duda será el mejor sistema.

Estar ‘contra la democracia’, como reza el título del manual anarquista, suena muy mal allá donde ha costado tanto establecer un sistema democrático y donde tal sistema está ya sacralizado. Tenemos la comprensible tendencia a pensar que estar contra la democracia es estar a favor de la dictadura. Pero no es así. Lo que los anarquistas, y específicamente el mencionado manual en cuestión, propugnan no es dar un paso atrás sino ir un paso más allá en la participación de todos, en su liberación como seres humanos, en el respeto a su dignidad e individualidad.

De hecho, es difícil no estar de acuerdo con la mayor parte de los principios que propugna dicho manual anarquista: rechazo del estado como fuente de explotación y miseria, crítica a una estructura política que refuerza todo el entramado de dominación, desarrollo de otras formas posibles de convivencia, defensa de la educación sin escolarización forzosa, defensa del ecosistema… Todos ellos son principios con los que mucha gente nada radical estaría al menos medianamente de acuerdo. La diferencia es que unos, como Fraga, lo ven como un idealismo adolescente, mientras que otros, los más convencidos, se ponen manos a la obra.

Estos titiriteros han montado el escándalo con su insensatez o falta de sentido común al aprovechar indebidamente un espectáculo infantil para lanzar un mensaje en que resaltaba lo claramente abusivo e irrespetuoso para con la sensibilidad infantil. Aun así, su caso -y, por qué no decirlo, dicho manual- deben servirnos para recordar que efectivamente la democracia tal y como la conocemos no es necesariamente la última etapa en el proceso de liberación del hombre. Hay que estar abiertos a nuevas formas, sin sacralizar tanto el sistema que lo hagamos intocable e incriticable.

En palabras de Thoreau: «¿Es la democracia, como la conocemos, la última mejora posible en el modo de gobernarnos? ¿No es posible dar un paso más hacia la organización y reconocimiento de los derechos del hombre? Nunca habrá un Estado realmente libre e ilustrado hasta que reconozca al individuo como poder superior e independiente del que mana todo su poder y autoridad, y le trate conforme a ese reconocimiento».

Juan A. Herrero Brasas es profesor de Antropología filosófica en la Universidad San Pablo-CEU y coordinador del Foro Social de Ética y Política Pública.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *