Contradicciones chinas en Corea

La revelación por Wikileaks de cables diplomáticos estadounidenses escritos entre el 2004 y el 2010 contiene considerable material sobre la política de China hacia Corea del Norte. Las filtraciones revelan supuestamente una buena disposición de China a aceptar la reunificación de Corea a favor de Corea del Sur. Esa afirmación resulta difícil de creer, pues contradice claramente las posturas de China, al no condenar a las claras a Corea del Norte por el hundimiento del buque de guerra surcoreano Cheonan el pasado marzo ni el reciente ataque de artillería contra la isla surcoeana de Yeonpyeong.

Asimismo, en lugar de pedir a Corea del Norte que detenga sus actitudes que bordean la guerra, Pekín ha pedido consultas de urgencia entre EE. UU., Japón, Rusia, China, la ONU y Corea del Sur. Ninguna de esas actitudes indica buena disposición para hacer pagar al régimen de Corea del Norte sus provocaciones como merece. Entonces, ¿por qué no actúa con más contundencia China para refrenar a Corea del Norte? La opinión establecida es la de que China no quiere perder a Corea del Norte como tapón entre ella y el ejército americano en Corea del Sur. Así que China hace lo que debe: apuntalar a la dinastía Kim para impedir la reunificación de Corea con las condiciones de Corea del Sur. De hecho, en opinión china, la controversia no es, en realidad, sobre la reunificación coreana – pocos en Pekín conjeturan que el desenlace vaya a ser otro-,sino hasta qué punto se puede lograr la reunificación sin perjudicar los intereses de seguridad chinos. Siempre que Corea del Norte actúa de modo provocativo – ensayar bombas nucleares, lanzar misiles, intentar vender sus medios secretos de enriquecimiento de uranio y matar a soldados y civiles surcoreanos-China está expuesta al fuego diplomático.

El volumen de comercio de China con Corea del Sur es casi 70 veces mayor que con el Norte. Así pues, si China es de verdad la potencia mercantilista que muchos afirman en Occidente, debería inclinarse con decisión hacia el Sur. Además, China no tiene interés en alimentar una nueva guerra fría en Asia Oriental, por lo que debería ser una entusiasta de la desnuclearización y desempeñar un papel mayor para contener las provocaciones nucleares de Corea del Norte.

Si Pyongyang no se modera y la actitud de China sigue equivaliendo a mimar a un Estado peligroso con armas nucleares, podría resurgir la rivalidad estratégica en toda Asia Oriental sobre un eje Washington-Tokio-Seúl frente a una coalición China-Corea del Norte. No es de extrañar que esa perspectiva resulte muy incómoda a China. Aunque Pekín afirma que “normalizó” las relaciones con Corea del Norte en el 2009, sus políticas y actitudes para con Pyongyang siguen empantanadas en una camaradería enfermiza. A una mayoría de chinos les desagrada el régimen leninista dinástico de Kim Jong Il y los dos países han divergido enormemente desde el punto de vista político, económico y social. Aun así, los dirigentes chinos siguen incapaces de abandonar al Norte, por odioso que sea su comportamiento. Al fin y al cabo, sus valores diplomáticos se forjaron mediante una insistencia oficial en la compasión por los débiles en cualquier lucha con los fuertes y la camaradería con el Norte: el más débil con mucha diferencia de los participantes en las negociaciones hexapartitas sobre el armamento nuclear del Norte con EE. UU., Corea del Sur, China, Rusia y Japón.

Al final, la indignación china con Corea del Norte suele acabar en una negativa a desempeñar papel alguno en la defunción de su vecino y, en tiempos, aliado. Más de un funcionario chino me ha hablado del profundo afecto que siente por el pueblo norcoreano. Los dirigentes de China reconocen que Corea del Norte es una carga enorme para ellos, pero, como los padres de un hijo delincuente, no se animan a repudiarlo. Esos vínculos emocionales son la causa real de que China no revise su política con Corea del Norte. Siempre que estalla una crisis, China se pone nerviosa, pero en lugar de buscar una nueva vía vuelve sobre sus pasos.

De hecho, la política norcoreana de China está dominada por la inercia y no por la sensibilidad para con sus propios intereses nacionales, lo que no quiere decir que no vaya a cambiar nunca, pero para ello hace falta que los dirigentes chinos encuentren una forma de salir de su ambigüedad psicológica.

Por fortuna, hoy en día las ideas chinas sobre Corea del Norte ya no son monolíticas. Entre la minoría dirigente de China no hay un asunto de política exterior que provoque más divisiones. Dada la capacidad de Corea del Norte para asustar a China con su proximidad geográfica y la perspectiva de un desplome repentino (con todas sus consecuencias para la seguridad, incluida una afluencia de refugiados), es probable que esas divisiones aumenten. Por ello, los cálculos de China sobre Corea del Norte seguirán siendo complicados, aunque aumenten los riesgos que representa el comportamiento MESEGUER norcoreano. Se podrían abordar los miedos de China con una mayor colaboración internacional, pero China debe estar dispuesta también a colaborar y, como hemos vuelto a ver en los últimos días, no es probable que se la pueda obligar a abandonar su indecisión. Sólo lo hará cuando abra los ojos a las posibilidades reales y positivas de dicha colaboración.

Zhu Feng, subdirector del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de la Universidad de Pekín. Copyright: Project Syndicate, 2010. Traducción: Carlos Manzano.