Conversaciones veraniegas

En las estaciones mucho revuelo, encuentros gozosos, despedidas desgarradoras y, en muchas caras, la angustia del destino incierto. A partir de Játiva hacia Albacete, la tierra, lenta, reverdecía de vides en la tarde dorada. La finca de mis amigos es enorme, pero «la venta de toda la cosecha no dará para pagar los gastos de la siembra y la recolección». Mirando y admirando las Casas Colgantes de Cuenca, el Ventano del Diablo sobre el vacío sin fin del Júcar, la Ciudad Encantada llena de fantasmas imaginados, el nacimiento del río Cuervo como el origen del mundo, sentí una cierta intranquilidad y anonadamiento como cuando pienso «¡en manos de quiénes estamos!»

En el tren de regreso a Barcelona, deleitando la vista en los limoneros y naranjos, alguien me dijo: «Sólo han anunciado recortes en el número de concejales, de los cuales muchos no tienen sueldo». Otro viajero susurró: «La única justificación del Senado sería que fuera un conjunto de personas mayores, sabios reconocidos, que fijaran las leyes sobre los derechos de los políticos, especialmente sus salarios y sus responsabilidades. Nadie es buen juez en su propia causa. Ellos se otorgan todos los privilegios del mundo aun a costa de los derechos de los demás».

El número de diputados se podría reducir sin que el bienestar social ni la democracia sufrieran merma alguna. Muchos sólo van al Parlamento cuando su jefe de filas se lo ordena porque necesita un número determinado de manos alzadas. Dan la impresión de que carecen de los sentidos por los que el común de los mortales percibe el mundo exterior. «Yo acepto los recortes, pero me subleva que los políticos salgan indemnes de la quema. Su actuación se lo está poniendo a tiro a cualquiera desesperado; luego dirán que está loco».

¿Por qué algunos políticos han de cobrar un sueldo a perpetuidad y no sólo por cierto tiempo como el resto de los seres humanos cuando se van al paro? «Si el éxito de una vida se mide por lo que nos quieren», dijo alguien, «los políticos son unos desgraciados. En este momento gozan de menos prestigio que las prostitutas». Ninguna de las críticas hechas por los partidos de la oposición a las medidas tomadas por el Gobierno reclamó recortes en la Administración. Todos van en el mismo barco y defienden sus privilegios, que no derechos, con uñas y dientes. Todos siguen la misma estrategia: «La designación de un enemigo es un rasgo definitorio de la política».

Desde Barcelona camino de Orense, por carreteras nacionales y comarcales, los trozos que coincidían con El Camino parecían ríos de gente. Comimos en Santo Domingo de la Calzada entre peregrinos que hablaban alemán, inglés, francés y otras lenguas que no pudimos identificar. «Así es todos los días», nos dijo el camarero con quien pasamos a comentar lo del Calixtino. Alguno de nosotros recordaba haber leído en aquellos días de su desaparición un artículo en este diario que lo calificaba de «acta fundacional de Europa», calificativo empleado por el presidente del Gobierno el día que lo entregó al arzobispo de Santiago cuando fue recuperado.

En Burgos, al atravesar el puente de Santa María viniendo del Espolón, nuestros ojos se tropezaron con la grandiosa belleza de la catedral. Nos quedamos largo rato contemplándola en silencio. Después nos sentamos en una terraza para tomar un refresco charlando con otros viajeros afectados por las acciones preferentes. «Los bancos ofrecieron pingües beneficios para atraer impositores. La mayor parte de éstos no leyeron la letra pequeña, muchos carecen de la formación suficiente para descifrar el lenguaje críptico de los bancos, ni nadie se la explicó; firmaron dejándose llevar por la confianza que tenían depositada en su amigo y consejero -‘siempre me atendía amablemente’-, quien la aprovechó para estafarlos». ¿Por qué los bancos no utilizan una parte del dinero que reciben del Estado para devolver el dinero que obtuvieron con engaño?

Desde el Lago de Sanabria nos acercamos al monumento levantado en recuerdo de los muertos por la tromba de agua que arrasó todo lo que pilló por delante cuando se rompió la presa de Ribadelago. Una presa bien construida puede romperse, pero seguro que ésta se rompió porque alguien sisó parte del dinero que debería haberse destinado a comprar buenos y suficiente materiales para construir una con garantías. ¿Se hizo la investigación pertinente y alguien fue a la cárcel y devolvió el dinero? De vez en cuando alguien va a la cárcel y hasta devuelve un poco de lo que robó pero ¿todo?, nadie. Es la gente de a pie, sin comerlo ni beberlo, la que paga el precio de la fugaz orgía de una sarta de irresponsables, algunos malas personas, cuyas consecuencias son vidas rotas, malgastadas y perdidas. Nuestro futuro está en manos de los especuladores. El mundo de hoy es como una finca privada propiedad de los especuladores, cuyos intereses son lo único perdurable; todo el resto es volátil. Nuestra época destaca por pulverizar todo.

Ya en Galicia, cenamos en un pazo. Alguien sentado a la mesa dijo: «El Gobierno va a salto de mata. No se ve un plan previo de actuación». A la mañana siguiente, después de desayunar, recorrimos la finca que rodea el pazo, un soto de castaños, algunos tal vez varias veces centenarios. «Sólo recogemos las castañas que vamos a consumir nosotros y los amigos, e invitamos a los vecinos a que recojan las que quieran, pero la mayor parte se quedan en el suelo. A pesar de que en los mercados las castañas gallegas son más caras que las otras, no vale la pena recogerlas porque al cosechero se las pagan muy poco, a veces ni siquiera hay a quien vendérselas», nos dijo el dueño. «Aquí se quedan para el jabalí, las ardillas y los ratones».

En Xinzo descargamos las maletas en el hotel homónimo y seguimos ruta hacia Loureses. De aquí, continuamos al monte A Reina Loba y luego hasta O Peneda das Fatigas, altar de sacrificios humanos, según la tradición, dos lugares emblemáticos y parte integrante de la historia oral de estos pueblos. La desilusión se desmoronó al ver que el primero está siendo derruido por una cantera, y al saber que el segundo va a ser engullido por una plantación eólica, a pesar de ser ambos la continuación geográfica del parque natural galaico-portugués del Xurés. Visitamos Orense: la ciudad de las Burgas, el puente románico y el Santo Cristo al que, según dicen, le crece la barba, y el monasterio de Oseira, el Escorial gallego. Santiago, la gloria hecha piedra, llena de peregrinos, quienes en charlas prolongadas me han dicho: «Las creencias son más importantes que la ideología».

Antes se decía: hay que aprender y hacer cosas que duren; hoy lo que dura es un estorbo para aprender lo nuevo que llega a todo instante. La gente busca vías de escape a la ansiedad y a las ganas de bronca por el temor ante el futuro incierto que puede conducir al largo y tortuoso trecho del paro a muchos más de los que ya están.

Manuel Mandianes es antropólogo del CSIC y escritor. El camino del peregrino es su último libro.

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