Corea del Sur golea a España

Europa está perdiendo el Norte. En el mundo 3.0 hemos dejado de alinear grandes empresas disruptivas. Mientras, los países emergentes están dejando el Sur: empezaron la gran migración hacia el nuevo siglo, descargando las killer apps de competitividad, apostando masivamente por la innovación y la tecnología, el Internet industrial y la economía ceativa. China, por ejemplo, ya no ambiciona ser sólo la gran factoría de bajo coste del mundo: en 2015 acaba de anunciar un megafondo de venture capital de tamaño descomunal, más de 5.700 millones de euros para invertir en startups tecnológicas, subir a marcha forzada en la cadena de valor. Una de sus startups,Alibaba, ya se ha convertido de hecho en la mayor salida a Bolsa en Estados Unidos, superando el hito de Facebook.

Haríamos bien en España de tomarle el pulso a esta gran tectónica que está sacudiendo el mundo. En Asia hay un país singularmente interesante para nosotros, españoles: Corea del Sur. Como nosotros, no tienen riquezas, no tienen materias primas, ni oro negro. En 1960, hace un cuarto de siglo, Corea del Sur era más pobre que España y que la mayoría de los países de América Latina. Hoy en día el PIB por habitante está por superar el de España. El país tiene de hecho el mismo número de habitantes que España, unos 50 millones. Su PIB nominal es también comparable al español: casi de 1,4 billones de euros, frente al poco más de un billón de euros de España —sí, abramos bien los ojos, el año pasado, en 2014, Corea del Sur ya superó a España en el ranking mundial del PIB, tanto a paridad del poder adquisitivo (PIB-PPA) como en euros corrientes.

Como nosotros, Corea ha padecido recientemente un infarto masivo, un derrame cerebral sin precedentes, que casi se lleva la economía por delante, la Bolsa y la vida. Nosotros lo hemos vivido en 2008, ellos en 1998, justo a 10 años de distancia, un abrir y cerrar de ojos. Es interesante por tanto alinear ambos países (de tamaño comparable), y, más aún, ver cómo Corea ha salido de sus crisis y nosotros de la nuestra. Y quizás aprender de lo que ellos han hecho entre 1988 y 2003 y lo que nosotros (no) hemos hecho entre 2008 y 2013. Es lo que hemos hecho en uno de los capítulos del libro España 3.0. La goleada es impactante, rotunda como la final de Alemania y Brasil del último Mundial. Cierto, nos podremos siempre consolar con tener una selección que ha ganado un Mundial (Corea no) y ostentar dos de los mejores clubes de fútbol del mundo (Corea no tiene ninguno). Sin embargo, en la liga económica, en innovación, en educación, en digitalización, en internacionalización, Corea nos golea masivamente.

En materia económica salen a hombros de la plaza de toros, cortando orejas y rabo, una estocada limpia, con estilo (los coreanos no son desde luego toreros de salón). Mientras ellos, en medio del infarto, han apostado por subir las dosis de educación e innovación, nosotros las hemos recortado. Corea del Sur se ha digitalizado de manera masiva: hoy en día es el país con mayor velocidad de banda ancha del mundo. Una sola empresa surcoreana, Samsung, patenta más que toda España, e invierte tanto en innovación y desarrollo como todo nuestro país. En educación, otra de las killer apps de competitividad que los coreanos han sabido descargar magistralmente, el país lidera ahora las clasificaciones mundiales de la OCDE (mientras España a duras penas coletea en los puestos treinta y algo). La goleada es masiva. Nuestro rezago ya no es (sólo) con Alemania o Estados Unidos, sino (también) con países emergentes como Corea del Sur, ayer más pobres que nosotros, y hoy más punteros e innovadores.

Mientras Corea del Sur aumentó más de un 50% su inversión en I+D entre 1998 y 2003, pasando de 14.000 millones de euros a más de 22.000 millones de euros, nosotros, muy hispanos, la bajamos casi un 10%, de menos de 15.000 millones de euros a unos 13.000 millones de euros. Dos crisis, dos países de tamaño comparable, y respuestas muy diferentes. Es decir, cuando Corea del Sur sale de su crisis, su apuesta de futuro y proyecto país es claro: ser una sociedad abierta y una economía creativa, y apostar por la innovación. Se atreve, apuesta fuerte. Nosotros, al contrario, al salir de nuestra crisis invertimos dos veces menos que los surcoreanos cuando salieron de la suya. Nos hemos encogido. No valen aquí excusas sobre si una crisis u otra eran más severas: en ambos casos han sido infartos masivos. Las terapias, sin embargo, han sido muy diferentes.

La responsabilidad no es sólo pública, también es privada. No vale con echarle (toda) la culpa al Estado y a los Gobiernos de turno: hay de hecho muchas islas valientes, en el ICO, en el CDTI, en ENISA, en muchas agencias públicas regionales y en centros de investigación que se empeñan en apostar por una España 3.0. Hoy en día, Corea del Sur invierte en innovación casi 44.000 millones de euros, el 78% de los cuales proceden del… sector privado. La situación es muy diferente en España, donde la inversión proviene sobre todo del sector público. Nuestra apuesta colectiva por la innovación apenas alcanza el 1,3% del PIB (contra el 4% del PIB en Corea del Sur). Apenas el 53% de la inversión en I+D española procede del sector privado, una cifra muy alejada de la de países líderes como Finlandia (69%) o… Corea del Sur (78%). Con más de 8.800 millones de euros invertidos en I+D, una sola empresa surcoreana (Samsung) casi iguala así a todo lo invertido por España: 13.000 millones de euros en 2013.

Nos podremos siempre consolar con tener mejor calidad y estilo de vida que Corea del Sur. Pero podríamos aspirar a más. Y aquí está, quizá, el secreto del país que podríamos ser: combinar nuestra alegría y nuestro don para la felicidad —en esto estamos en la primera liga mundial— con más pujanza en innovación y tecnología, Internet industrial y economía creativa. En vez de empeñarnos en atraer casinos deberíamos esforzarnos en atraer industrias, centros de innovación y alta tecnología. Seríamos entonces un país verdaderamente único: competitivos como el surcoreano, innovadores como el israelí, y felices como el español. Seríamos, entonces simplemente, nosotros, una España 3.0. Un país posible.

Javier Santiso es profesor de Economía, ESADE y vicepresidente de ESADEgeo.


Este artículo se inspira de uno de los capítulos del libro España 3.0: Necesitamos re-setear el país, Planeta, 2015.

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