Corea del Sur o las elecciones que Trump y Kim Jong-un eclipsaron

Corea del Sur ya tiene nuevo presidente. Tal y como pronosticaban todos los sondeos, Moon Jae-in, del Partido Democrático de Corea, será el nuevo inquilino de la Casa Azul de Seúl. En las elecciones del pasado 9 de mayo Moon arrasó con casi el 41 por ciento de los votos. Partía como favorito desde el inicio de la campaña electoral y su popularidad había ido creciendo en los últimos meses. Sin embargo, su agenda –centrada fundamentalmente en la economía, el desempleo y la corrupción– se vio condicionada desde abril por las crecientes tensiones regionales a cuenta del programa nuclear norcoreano. Al contrario de lo que suele creerse, Corea del Norte no es la principal preocupación ni de la opinión pública surcoreana ni de la mayor parte de sus dirigentes políticos. Moon, además, mantiene una posición conciliadora con su vecino del norte, en claro contraste con su predecesora y con el presidente estadounidense Donald Trump. Como es sabido, EEUU es el principal aliado en materia de seguridad para Corea del Sur, pero China lo es en clave comercial. La victoria de Moon es, pues, un nuevo elemento a considerar en los equilibrios complejos y dinámica agitada del nordeste asiático.

El incremento de la tensión a resultas de los ensayos con misiles por parte de Pyongyang y la línea aparentemente dura adoptada por Washington abrían la puerta a un posible ataque anticipatorio por parte de EEUU. En el peor de los escenarios, la posible represalia de Pyongyang podría tener un efecto devastador sobre Seúl. De ahí que los medios internacionales comenzaran a hacerse eco de la carrera por la presidencia surcoreana y las posiciones de los candidatos con respecto a la crisis. De esta manera, la cobertura mediática internacional estaba dominada por esta crisis y la posible escalada militar del conflicto. Esto supuso que, a su pesar, las agendas de los candidatos fueran llenándose paulatinamente de entrevistas relacionadas con asuntos de defensa y su estrategia para prevenir una posible escalada del conflicto. Todo ello, en claro contraste con los temas que habían dominado la agenda desde que estalló la crisis en torno a la presidencia de la depuesta Park Geun-hye.

Los últimos debates electorales se centraron en el escudo antimisiles y su impacto en las relaciones con China. Lo que unido a la cobertura que suelen ofrecer los grandes medios internacionales puede transmitir la impresión de que Corea del Norte es la principal preocupación para los surcoreanos. Pero está lejos de ser así. Las encuestas realizadas en los últimos meses muestran de forma inequívoca que la economía, el desempleo y la corrupción son las mayores preocupaciones de la sociedad surcoreana. Consecuentemente, estos asuntos suelen dominar la vida política de Seúl mucho más que las cuestiones de defensa de la península. Aunque no es de extrañar que las provocaciones por parte de Corea del Norte se produzcan durante cualquier proceso electoral en Corea del Sur como un patrón bien consolidado a lo largo del tiempo. Así que para muchos surcoreanos, la única novedad –y lo que realmente forzó el cambio en las agendas de los candidatos– ha sido la abrupta irrupción del presidente Trump en esta última crisis.

Fue este intento de escalada por parte de Washington lo que pilló a los candidatos a contrapié y obligó a sus respectivos gabinetes de prensa a trabajar contrarreloj para dar respuesta a la creciente demanda de información sobre las líneas a seguir de sus candidatos respecto al THAAD, Kim Jong-un o cada nueva declaración o tuit del presidente Trump. Situación que chocaba diametralmente con el interés real de los surcoreanos por conocer cuáles eran las posiciones de cada candidato respecto al salario mínimo, las chaebols (imperios empresariales en manos de grandes familias del país) o el desempleo juvenil. Tanto más por cuanto varios de los candidatos eran prácticamente desconocidos para el gran público y que, de los trece que concurrían, sólo seis de ellos lo hacían por fuerzas políticas representadas en la Asamblea Nacional. En estas elecciones precipitadas, los debates y entrevistas eran claves para dar a conocer sus propuestas e, incluso –en algunos casos-, a ellos mismos. Pero para frustración de muchos las elecciones quedaron eclipsadas por la crisis, por Trump y Kim Jong-un. No obstante, como muestran los datos obtenidos por las cadenas de televisión KBS, MBC y SBS basados en encuestas a pie de urna, las elecciones se han decidido en clave doméstica: la revitalización de la economía y el desempleo son la principal preocupación para el 55.1% de los surcoreanos, seguidas a bastante distancia por la reforma política (13.5%) y la amenaza nuclear norcoreana (10.8%).

El vacío de poder de los últimos seis meses ha debilitado gravemente la capacidad de interlocución de una Corea del Sur desdibujada en las reuniones de alto nivel que se han celebrado en las últimas semanas. Los representantes surcoreanos en los encuentros a tres bandas con Japón y EEUU, se han visto limitados por la falta de liderazgo en la Casa Azul desde el pasado noviembre. La reclusión en su residencia y posterior entrada en prisión de la ya ex presidenta Park Geun-hye propició su relevo por el entonces Primer Ministro Hwang Kyo-ahn como presidente en funciones hasta las elecciones de mayo. Era, por tanto, urgente que Corea del Sur retomara el contacto al más alto nivel con los grandes actores involucrados en la crisis de la península coreana.

Los primeros movimientos por parte del recién elegido presidente Moon han sido en clave internacional -conversaciones telefónicas con los Presidentes Trump, Xi Jinping y Shinzo Abe-, con la intención de reposicionar a Corea del Sur como interlocutor y abordar la crisis en clave diplomática. Moon deberá compaginar sus intenciones conciliadoras con los probables desafíos que lance Pyongyang y los intereses divergentes entre los principales actores de la zona. Y, al mismo tiempo, dar respuesta a la demanda de los surcoreanos de concentrar sus esfuerzos en los asuntos económicos, la desigualdad y la corrupción. Su principal riesgo ahora es que su presidencia quede, como las elecciones, secuestrada por el programa nuclear norcoreano.

Irene Martínez, Investigadora, CIDOB.

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