Cortinas de humo

Por María José Mendoza, médico y diputada socialista (EL PAÍS, 21/06/06):

El nuevo consejero de Sanidad Rafael Blasco se estrena apoyando públicamente y de manera enfática una norma (el llamado decreto antitabaco valenciano) elaborada por el anterior consejero, con declaraciones que rayan con el esperpento. Si la capacidad de autogobierno se ejerce para arrasar el territorio con políticas depredadoras y apoyo masivo a la especulación, y posteriormente estrenarse en el nuevo cargo minimizando el derecho a la protección de la salud de los fumadores pasivos -trabajadores del sector de hostelería y usuarios no fumadores- en los locales de ocio y restauración, este consejero no debería permanecer en el gobierno ni un minuto más.

El decreto valenciano de aplicación de la ley antitabaco permite a los hosteleros utilizar elementos diferentes a la separación física para deslindar las zonas de fumadores de los espacios libres de humo. El consejero anterior argumentaba que la obligación de separar físicamente los espacios acarrearía costosas reformas y que suprimir su obligatoriedad hace posible la aplicación de la ley. El problema es que, hasta la fecha, no se ha documentado la existencia de tecnología adecuada de ventilación, extracción de humos o las llamadas cortinas de aire que garanticen la eliminación de los gases tóxicos y cancerígenos del tabaco.

Es este un ejemplo más de parecer pero no ser, parecer un gobierno comprometido con la protección de la salud, pero por razones espurias e intereses poco confesables ser otra cosa y situar en un segundo término la salud pública. El problema es lo suficientemente grave, y las consecuencias nefastas, con las consiguientes patologías, incluyendo el cáncer, del humo del tabaco para la salud de las personas están sobradamente demostradas. Además, en contextos civilizados el acuerdo de todas las partes ante un grave problema de salud se consigue si hay voluntad política e iniciativa de gobierno, y no se falta a la responsabilidad pública con regateos en corto y guiños a intereses muy privados y a corto plazo.

¿Hace falta recordarle al presidente Camps que en la elaboración del Convenio Marco de la OMS para la lucha antitabáquica, del que se deriva le ley española, fueron oídos todos los sectores implicados -incluidos la industria del tabaco, cultivadores y las asociaciones de vendedores-?

¿Hace falta recordar que el Congreso de los Diputados también dio audiencia a todos los sectores implicados, incluyendo a los representantes de las asociaciones de hostelería y ocio? ¿Hay que recordarle a Blasco que diferentes estudios señalan que no tiene sentido dibujar un escenario catastrofista para el sector hostelero como consecuencia de la nueva ley? Así, al igual que ha ocurrido en otros países como Italia, Estados Unidos, Canadá, Irlanda o Noruega, y superado un período inicial de ajuste, la nueva legislación también puede comportar beneficios económicos incluso para este sector, por la vía de los costes evitados -limpieza, reposición de mobiliario y decoración, enfermedad de los trabajadores-, a los cuales habrá que sumar los ingresos extraordinarios que supondrán rescatar a los no fumadores como clientes habituales.

Parece que hace falta recordar que el tabaquismo es uno de los problemas de salud pública más relevantes en nuestro país y en el mundo (de hecho, es la primera causa de enfermedad, invalidez y muerte evitable en España y que el uno por cien de esas muertes se producen en fumadores pasivos). Parece que hace falta recordar que el tabaquismo pasivo en general y en el lugar de trabajo en particular, especialmente en la hostelería, es un problema de salud pública importante. Circunstancia que se desvela de nuevo en un trabajo publicado recientemente en la prestigiosa revista médica Medicina Clínica, en el que se cuantifica el exceso de riesgo de mortalidad por cáncer de pulmón asociado a la exposición de humo ambiental del tabaco en trabajadores de los locales de ocio.

A pesar de todas las evidencias científicas, curiosamente han sido dos gobiernos autonómicos presididos por el PP, los de la Comunidad de Madrid y, para vergüenza nuestra, el valenciano, con sus consejeros de Sanidad al frente, los que han rebajado el “rigor” fundamentado de la ley antitabaco española.

Parece que hace falta recordarle a Blasco la existencia del informe de la UE Levantando la cortina de humo: 10 razones para una Europa libre de humo, el primer intento de plasmar en cifras las muertes causadas específicamente por el tabaquismo pasivo y demuestra que las medidas para contrarrestar este fenómeno son posibles y populares.

Un estudio del gabinete de salud laboral de CC OO señalaba hace poco que “unos cinco millones de personas están expuestos en nuestro país a sustancias cancerígenas en su puesto de trabajo” y que, después del sol y el sílice cristalino (frecuente en obras), es el humo del tabaco el cancerígeno más importantes en los ambientes laborales. ¿Va a arremeter de nuevo Blasco sin consideración alguna y con argumentación falaz contra Comisiones Obreras, como tiene por costumbre?

Los médicos a través de la Sociedad Valenciana de Medicina Familiar y la Asociación Española contra el Cáncer, entre otros, ya han instado al gobierno del PP a que cambie de rumbo en este tema, que modifique el decreto Rambla. Pero no sólo no lo ha hecho sino que Blasco ha echado una nueva cortina de humo en este debate con argumentos que ofenden a la inteligencia, buscando ¡también en esto! el victimismo contra el gobierno de España para tratar de ocultar los enormes déficits de una política de despilfarro repleta de irregularidades. ¿Son fiables un gobierno y un consejero que no priorizan la protección de la salud por encima de cualquier consideración? No está en mi ánimo simplificar de forma inaceptable este debate y desoír las razones de todos, pero tampoco olvidar, como se hace de forma reiterada por algunos, que hay estudios que avalan el impacto económico positivo para la empresas de convertirse en espacios libres de humo. Pero con Blasco, a la vista de su gestión territorial y otras perlas más llamativas o menos conocidas, llueve sobre mojado. Pobre sanidad valenciana. ¡En qué manos ha caído! Esperemos, sin embargo, que dentro de pocos meses el Consell vuelva a quedar libre de “estos humos”. Es tarea de todos. Endavant!