Covadonga: historia y remembranza

Casi al alba, cada día, las campanas rompen el silencio de la noche para llamarnos a la plegaria, estrenando un nuevo día aún sin escribir. Poniéndose el sol vespertino, resuenan de nuevo para agradecer la jornada rendida de un día más en nuestro camino. Pero esta vez es diferente su tañido por la efeméride que nos lleva y nos trae a ese bendito lugar emblemático para el pueblo cristiano y para la historia de Asturias y de España. Es un tañido de solera centenaria que convoca a un día de fiesta: la Santina en su Santa Cueva celebra su coronación canónica que cumple nada menos que un siglo de llevanza.

Como grata coincidencia, está la visita de la Familia Real igual que hace cien años. Con mucho gozo la Reina y Madre de nuestra montaña recibe hoy en su primera salida institucional a la joven Princesa Leonor, heredera de la Corona de España.

Trece siglos de historia nos contemplan desde ese bendito lugar. En el claroscuro y agridulce presente, aparece ese valle en Covadonga y la Santa Cueva, que tienen esta virtualidad: abrir el horizonte, llenar nuestra mirada del verde amable de una esperanza cierta, y en la roca impasible herir su dureza dándonos un cobijo en medio de todas nuestras intemperies. María representa todo esto en ese santo lugar: el horizonte y la acogida. ¿Quién no necesita de esto en su vida? Así lo hemos vivido los cristianos durante siglos subiendo a Covadonga, adentrándonos en esos bosques que guardan los secretos que custodian, encantándonos con el murmullo saltarín de sus aguas desde las cumbres nevadas de los Picos de Europa cuyo Parque Nacional cumple también cien años, escuchando la canción de sus aves con la música que les compone Dios cada mañana, y conmoviéndonos ante el testimonio de fe y esperanza con que tantos cristianos han sido bendecidos, en esa Santa Cueva habitada por quien nos espera con entraña de Madre.

Covadonga historia y remembranzaEn María reconocemos el regalo que se nos ha dado para crecer en el don de nuestra fe, la certeza de nuestra esperanza y el testimonio de nuestra caridad. ¡Qué hermoso es lo que el pueblo cristiano ha vivido siempre mirando a María, reconociendo en Ella el consuelo para sus pesares, la razón de su alegría en sus gozos, sabiéndose cercano de quienes María trata como hijos convirtiéndose así en nuestros hermanos!

Pero no únicamente es un Santuario mariano ese rincón asturiano. Covadonga no sólo es un referente espiritual de primer orden, sino también un lugar identitario donde nació un pueblo que aquí tuvo comienzo. No en vano, en el himno a la Santina, hemos venido cantando a través de un siglo lo que está en la conciencia histórica de nuestras gentes: «Bendita la Reina de nuestra montaña, que tiene por trono la cuna de España… y en ella está el alma del pueblo español». No se trata de un requiebro patriotero, pero sí de la afirmación patriótica en el sentido más noble de la expresión: aquí nace un sentimiento de pertenencia vital, el que se reconoce en la vida que de los padres proviene, que nos permite no sólo nacer, sino también crecer y madurar hasta alcanzar nuestro destino.

En Covadonga nace un pueblo que tiene denominación de origen, que es celoso de su forma de ver las cosas, y que no se amilana cuando se empeña en la hazaña de reconquistar con nobleza lo que se ha invadido hurtándonos nuestro terruño patrio, lo que se nos ha usurpado empobreciéndonos, lo que se ha diluido imponiéndonos creencias tan intrusas e ideologías tan ajenas que terminan vaciándonos de aquello que hemos sido. Hoy la reconquista pasa por otras lizas, son otros los retos que nos desafían, y también son diferentes los turbantes que más preocupantemente nos turban cuando la vida en todas sus fases, la familia, la educación o la libertad se malvenden en una almoneda tramposa e injusta. Decía William James Durant: «Una gran civilización no es conquistada desde fuera hasta que no se ha destruido a sí misma desde dentro». Esta frase, que tiene una lucidez que espanta, sirve de diagnóstico para nuestra época y describe algunos de nuestros males cuando la dictadura del relativismo, como decía Benedicto XVI, las ideologías liberticidas y la confusión calculadamente propagada, hacen de la mentira ampulosa y de la frivolidad mediocre el santo y seña del ansia de poder que termina en corrupción y violencia. No quisiéramos ser conquistados por nadie y, por el contrario, queremos y podemos dialogar con todos como repite el Papa Francisco, pero no desde una cultura del encuentro vacía de compromiso que traicione la propia identidad, sino desde el leal deseo de ofrecer nuestra perspectiva cristiana en la vida pública, compartiendo lo que a nosotros se nos dio inmerecidamente, como herencia cultural y moral, que la Iglesia custodia y defiende, celebra y anuncia con apasionada pasión y creativa fidelidad.

Todo esto nació en Covadonga como un estilo que fue forjando una historia con sus luces y sombras, aciertos y contradicciones, pero con la firme certeza e indomable entrega que permitió que se fuera formando una España plural en sus pueblos, muy unida en sus gentes, con un proyecto común que aunó como cultura e identidad propias la herencia romana, la fe cristiana y la idiosincrasia de lenguas y lugares tejiendo el rico mapa de nuestra Hispania. Así contribuimos como han hecho pocos pueblos a la construcción de Europa. Así dijo en su visita a Asturias Juan Pablo II: «Covadonga es una de las primeras piedras de la Europa cuyas raíces cristianas ahondan en su historia y en su cultura. El reino cristiano nacido en estas montañas, puso en movimiento una manera de vivir y de expresar la existencia bajo la inspiración del Evangelio. Por ello, en el contexto de mi peregrinación jacobea a las raíces de la Europa cristiana, pongo confiadamente a los pies de la Santina de Covadonga el proyecto de una Europa sin fronteras, que no renuncie a las raíces cristianas que la hicieron surgir. ¡Que no renuncie al auténtico humanismo del Evangelio de Cristo!».

Todo un programa que recuerda la identidad hispana y cristiana agradecidamente, como un iter para seguir escribiendo una historia inacabada. Que la Santina bendiga el proyecto y la remembranza.

Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo.

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