COVID-19: Una bomba de tiempo de defaults

Sin una moratoria de deuda general, la pandemia del COVID-19 ocasionará una oleada incontenible de defaults, especialmente para las economías emergentes y en vías de desarrollo. De ser así, los esfuerzos globales para contender la crisis de salud pública habrán fallado, y el colapso económico actual podría convertirse en una crisis económica permanente.

Con el cierre de empresas y negocios, y el consecuente aumento de la tasa de desempleo, tanto los países ricos, como los pobres, enfrentan una crisis económica sin precedentes. Una recesión de esta magnitud podría tener impactos a largo plazo conforme desaparecen importantes conexiones económicas. A menos que se adopten medidas urgentes, muchos negocios podrían cerrar permanentemente. El Congreso de Estados Unidos aprobó recientemente un paquete de ayuda de dos trillones de dólares, mientras que los gobiernos de Dinamarca y Canadá subsidiarán el 75% de la nómina de pequeñas y medianas empresas. Por su parte, China expandió su crédito, eliminó los impuestos sobre las nóminas, y anunció recientemente un paquete de rescate de casi un trillón de dólares.

Pero el COVID-19 supone un mayor problema para las economías emergentes como la India y México. Allí, los costos económicos del distanciamiento social son mayores que en Estados Unidos y Europa, ya que su economía está conformada en mayor parte por pequeñas y medianas empresas con pocas reservas de efectivo. Así mismo, el sistema de salud de estos países es mucho más precario. Se estima que los fondos que se podrían requerir para apoyar a trabajadores y negocios vulnerables, así como para el tratamiento de pacientes contagiados de COVID-19, pueden ascender hasta el 10% del su producto bruto.

¿Pero de dónde vendrá el dinero? Algunas economías desarrolladas, como la de Estados Unidos, tienen la capacidad de solicitar préstamos más grandes a un costo mucho menor. Sin embargo, algunos de estos préstamos provienen de inversionistas del resto del mundo que buscan seguridad financiera, mientras que otros provienen de inversionistas privados en Estados Unidos que liquidan sus propiedades en el extranjero. En otras palabras, el dinero que Estados Unidos y otras economías avanzadas requieren proviene en parte de países como México.

Además, a diferencia de la crisis de 2008, todos los países del mundo necesitan acudir a préstamos al mismo tiempo. Lo que significa que incluso si México pudiera emitir bonos, estaría compitiendo con muchos otros países en la misma situación. Desafortunadamente es un hecho que solo podemos pedirnos prestado entre nosotros, no de Marte.

Dejado a su suerte, el mercado decidirá quién gane y quién pierda. Los ganadores serán los países con suficiente capacidad para emitir bonos seguros, quienes podrán adquirir préstamos a tasas de interés muy bajas. Los perdedores serán los Méxicos del mundo, quienes serán doblemente castigados: no sólo serán incapaces de recaudar lo necesario para lidiar con la crisis, sino que también perderán el capital de sus territorios, como ya empezó a suceder, precisamente por los préstamos a Estados Unidos, China y países europeos. No es ninguna sorpresa, por tanto, que hasta el momento 90 países hayan acudido al Fondo Monetario Internacional para solicitar ayuda financiera.

Una oleada incontenible de defaults ahora, cuando los gobiernos de los países en desarrollo necesitan gastar grandes cantidades de su presupuesto en mantener la salud de sus ciudadanos y sus economías, tendría enormes costos humanos y económicos, y afectaría gravemente nuestras posibilidades de contener la pandemia. Después de todo, para erradicar el virus en cualquier lugar, necesitamos erradicarlo en todas partes.

Así, para prevenir esta catástrofe, el mundo necesita de acción colectiva urgente. El FMI estima que las necesidades de financiamiento de las economías emergentes son de 2.5 trillones de dólares, pero esta cifra podría quedarse corta. En cualquier caso, los fondos del Banco Mundial y el FMI son muy limitados (en el caso del Fondo sólo ascienden a un billón de dólares), y necesitan ampliarse. Los esfuerzos por incrementar la capacidad de respuesta del FMI deben procurarse con vehemencia.

Mientras tanto, el FMI debe responder ante la oleada de defaults que se avecina y coordinar la implementación de una moratoria de deuda general. Mediante esta moratoria, se suspendería a las economías emergentes y en vías de desarrollo que lo solicitaran el pago de su deuda pública a los acreedores públicos y privados hasta que la crisis de salud concluya.

Nuestras estimaciones sugieren que una moratoria de este tipo implementada por un año podría liberar más de un trillón de dólares – o el 3.3% de los ingresos combinados de los países de bajo y mediano ingreso-, cifra mucho más alta que los 14 billones de dólares liberados por la moratoria propuesta, que aplaza únicamente los pagos de los países más pobres a los acreedores públicos. En tiempos de crisis, ésta sería una ayuda significativa para países como México e India.

Aunque algunos podrían objetar que una moratoria de este tipo detendrá los préstamos privados para estos países, el flujo del capital privado ya se detuvo o incluso marcha en dirección contraria. Y aunque la moratoria podría excluir a estos países del mercado por un tiempo prolongado, el estigma sería mucho menor, ya que ésta sería implementada como respuesta a una pandemia global y no sería el resultado de derroche fiscal. El respaldo del FMI también ayudaría.

Los acreedores privados accederían más fácilmente a la moratoria una vez entendieran que la alternativa es una avalancha incontenible de defaults que no favorecería sus finanzas.  Una moratoria de deuda mantiene abierta la opción de evitar una reestructuración formal de la deuda si las condiciones económicas mejoran después de la pandemia.

Una parte importante de esta deuda está regulada por legislaciones locales y puede ser modificada. La deuda regida por leyes extranjeras y sin cláusulas de acción colectiva es, en este sentido, mucho más problemática. En este caso, las leyes de inmunidad soberana en Estados Unidos y Reino Unido podrían modificarse temporalmente para permitir que los jueces terminen las demandas contra los países que el FMI certifique como incapacitados de pagar su deuda actual debido a la pandemia. Esta solución también favorecería los intereses sociales y económicos de los países ricos.

Durante la crisis de deuda en América Latina en la década de los ochenta, pasaron casi diez años para que los acreedores entablaran una conversación seria sobre la reestructuración de la deuda en el marco del Plan Brady. Ésta fue una década perdida.  Esta vez tenemos que actuar diferente. Necesitamos coordinar una moratoria de deuda genera inmediatamente para evitar evitar otra década perdida (o dos) para los Méxicos del mundo.

Pierre-Olivier Gourinchas is Professor of Economics at the University of California, Berkeley and a visiting professor at Princeton University. Chang-Tai Hsieh is Professor of Economics at the University of Chicago Booth School of Business.

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