Crimen contra la libertad

Me siento horriblemente decepcionado. La sinrazón de los políticos es tremenda. ¿Por qué no respetan la libertad? Lo que ocurre en Cataluña es un crimen contra la libertad de expresión del pueblo, contra el derecho de sentir y actuar del mundo del toro y de toda su afición. Como torero, he recibido muchas cornadas, pero ésta es la más grave. El dolor que supone el debate prohibicionista que se ha planteado en el Parlamento de Cataluña no tiene parangón. Va contra los derechos de la humanidad y es un desprecio a su propia historia.

En medio de una crisis como la que azota España, es muy lamentable que se esté debatiendo una abolición. Tenemos políticos que son peores que los terremotos y los tsunamis juntos. ¿Acaso no saben los puestos de trabajo que generamos? Pero ése no es el argumento fundamental: hablamos de libertad. De pureza y de verdad.

En el Parlament muchos han interpretado una farsa. En el ruedo ocurre todo lo contrario: todo es real. El torero expone, emociona e incluso deja su vida. La sangre no es como la de una obra de teatro, como ese teatro montado por los grupos antis.

Algunas manifestaciones de los antitaurinos me han horrorizado. Es un delito que comparen al torero con un maltratador. ¿Cómo pueden hacerse esas comparaciones con la ablación, la violencia infantil o el maltrato a la mujer? Parece tan monstruoso como el que quita la vida en el vientre de una madre sin ningún motivo. La película que se han montado es como para recluir a esos señores y llevar a curar sus mentes maquiavélicas. Ahora, yo me pregunto: ¿cómo semejantes personas han conseguido convencer a un señor alcalde, a un mandatario? No me inspiran ninguna fe estos políticos, sólo creo en el pueblo de Cataluña y en su historia. Y hablamos de siglos, de una tauromaquia ligada a las tierras mediterráneas. Entérense: en Barcelona, hubo una época en la que se daban más toros que en todo Madrid. Y no lo digo de oídas. A mí no me lo han contado. Yo lo he vivido. He disfrutado de tardes de admiración y pasión. A nadie se le ha obligado nunca a ir a la plaza. Aquí se abren las puertas legalmente y el público libremente elige acudir. No podemos permitir que desaparezca una tradición histórica.

Ensalzo el respeto de los aficionados, algo que olvidan los antis. Sirva el ejemplo de Joselito, que ha sido todo un señor. ¿Por qué no se han dirigido a él en castellano? Ha sido muy educado. A algunos parlamentarios catalanes les envío un mensaje: no son parlamentarios del pueblo de Cataluña. Parece mentira que les hayan votado a ustedes, vestidos con las siglas de un grupo político, y que el pueblo español les haya dado su respaldo. Agreden al ciudadano en sus derechos naturales. ¿Dónde está el derecho de las personas en esta vida? Esos parlamentarios deberían dimitir, porque han hecho un desprecio al derecho natural de la exposición de un participante.

La gente ha de tener muy claro que lo que menos les importa son los animales. Los toreros sí amamos al toro y lo respetamos. Decía Luis Miguel Dominguín que le gustaría vivir como un toro de lidia para morir en una plaza como muere el toro bravo. Y yo lo ratifico. El argumento de los animalistas no va más allá de las banderillas, la puya y la espada. Hablan desde el más profundo desconocimiento. Nos califican de antiguos y retrógrados. Ellos son unos seres cavernícolas.

Espero que al Gobierno de la Nación se le ocurra algo para poner las cosas en su sitio. No pido nada, simplemente que nos dejen vivir y no maten algo históricamente instituido. Desearía que los grandes partidos se unieran para impedir este atentado. No podemos dejarnos despreciar de esta manera. Para los que sentimos esta profesión, que somos todos los toreros, esto es peor que una tortura, permitida por unos cuantos que influyen en el Gobierno.

Resulta una gran incongruencia que desde el Ministerio de Cultura, es decir, desde el Gobierno, se reconozca el toreo como una de las Bellas Artes y que, por otro lado, se ensañen contra él para eliminarlo. También lo es que la Fiesta pertenezca al Ministerio del Interior, como si fuésemos delincuentes. En la historia del toreo, jamás he conocido un delito, ni mayor ni menor, en los tendidos. Nuestro sitio está en Cultura, porque eso es la Tauromaquia: cultura. Así lo han reconocido poetas, pintores, músicos, filósofos y personalidades de todos los ámbitos. Si hablamos desde la razón y la lógica, es donde nos corresponde estar. Sus ministros conceden un galardón a las personas que consideran que deben ostentarlo y si Cultura tiene esa potestad, pero pertenecemos a Interior, yo me pregunto: ¿quién es nuestro padre y nuestra madre? Ahí tenemos el ejemplo de la vecina Francia, donde la Fiesta no está legalmente reconocida, pero se ha conseguido una autorregulación del espectáculo y el Gobierno la apoya.

Es sencillo entender por qué tantas y tantas personalidades han admirado el toreo: es la profesión con mayor sentido de la libertad. Así lo reconocen las masas que se han acercado a ella. A unos les gustará y a otros no. Cada cual ejercerá su derecho luego a acudir a una plaza de toros.

Resulta evidente que lo que muchos pretenden es abolir aquello que les huele a España, pero los que buscan esa prohibición son el hazmerreír del analfabetismo. A los toreros no nos preocupa que se le llame Fiesta Nacional o Fiesta de los toros. Somos toreros. Y punto. El problema es que algunos nacionalismos la usan a su manera como arma política. En este momento en el País Vasco a nadie le molesta. Al contrario. En las Vascongadas lo consideran algo propio. ¡Cómo viven la Fiesta! Pero en Cataluña no lo ven así. Cuánta ignorancia… Esto es la fiesta del pueblo. Siempre fue del pueblo y será lo que el pueblo quiera. Creo en los hombres positivos y no en los negativos. Y el pueblo no quiere abolicionismo.

En el duermevela de las noches previas a los grandes compromisos, en la soledad del hotel previa a la corrida, me he despertado intranquilo muchas veces, pero en los últimos meses me he vuelto a desvelar sobresaltado. Estoy pasando los peores días de mi existencia. Siento un dolor profundo desde lo más hondo del alma. Es algo que no le deseo a nadie, pero que hoy nos ocurre a muchos compañeros que amamos el toreo. Lo que ocurre ahora mismo en el Parlament es inaudito. Quieren quitarme una parte de mi vida, la más grande. Pero la libertad nadie me la va a quitar. Sólo le pido a Dios que, si se llega a prohibir la Fiesta, ese mismo día se acuerde mí y me lleve… Porque si acaban con el toreo, acabarán también con mi vida.

Santiago Martín, “El Viti”, matador de toros.