Crisis (12): no tiene solución

La publicación de los datos más recientes confirma que la economía española se enfrenta a una de las peores crisis de su historia: el hundimiento de la construcción y la promoción inmobiliaria ha conllevado una caída catastrófica del producto interior bruto y del empleo. Además ha producido un agujero gigante en el sector financiero: la banca había financiado la mayor parte de operaciones inmobiliarias con apalancamiento, es decir, pidiendo prestado para luego prestar a las inmobiliarias, y ahora ella se ve obligada a devolver el dinero aunque las promotoras no les devuelvan lo que deben. El agujero en el sector financiero ha paralizado el crédito, y eso afecta al resto de la economía. El miedo y la desconfianza han hecho el resto.

Los problemas fundamentales de España son que (1) el sector inmobiliario representaba una parte demasiado grande de la economía (entre el 15 y el 19%, en comparación con el 4% de otros países como Estados Unidos). La construcción en España debe reducir su tamaño hasta niveles más razonables. (2) El crecimiento inmobiliario hizo que los salarios aumentaran porque se necesitaba gente para trabajar en la construcción. El problema es que esos aumentos de salarios se contagiaban al resto de los sectores ya que la construcción contrataba a tanta gente que hacía escasear la mano de obra. (3) Mientras las cosas “iban bien”, nadie se preocupaba por hacer que la economía fuera más productiva y la productividad no aumentaba. La suma de (2) y (3) hizo que los salarios aumentaran por encima de la productividad. En el momento en que estalló la crisis, los empresarios vieron que los sueldos eran demasiado altos con relación a la productividad y empezaron a despedir trabajadores por millones. La única manera de salir del agujero es, pues, fomentar la productividad. Es decir, llevar a cabo políticas de oferta que consigan que los mismos trabajadores generen una producción superior.

Pues bien, en medio de todo este tinglado, llega el debate sobre el estado de la nación y el presidente Rodríguez Zapatero anuncia a bombo y platillo una serie de medidas para solucionar la crisis. Pequeño problema: son medidas populistas que no van a funcionar.

Un grupo de medidas no va a funcionar porque son inútiles. Por ejemplo, la reducción del impuesto de sociedades es una gran medida en principio ya que, si las empresas tienen que entregar una fracción menor de sus beneficios al Gobierno, tendrán más incentivos para aumentar su actividad económica. El problema es que el impuesto de sociedades grava los beneficios y, en épocas de recesión, las empresas no tienen beneficios y por lo tanto no lo pagan. Eliminar un impuesto que no se paga en época de crisis queda muy bien y cuesta pocos euros al erario público, pero… ¡no puede ayudar a salir de la crisis!

Otro conjunto de medidas no va a funcionar porque va en la dirección equivocada. Entre ellas, las ayudas a la adquisición de automóviles: el presidente Zapatero promete que su Gobierno dará 500 euros por la adquisición de un coche nuevo y regala 1.500 euros adicionales de dinero ajeno (entre ustedes y yo: ¡qué fácil es regalar el dinero ajeno!): las comunidades añadirán 500 euros, aunque algunas comunidades ya se han negado, y las empresas van a añadir otros 1.000 euros. Yo me pregunto, si las empresas estaban dispuestas a reducir el precio de sus coches en 1.000 euros, ¿por qué no lo hacían voluntariamente? ¿Y por qué tuvo que ser el Gobierno, y no sus directores generales, quien anunciara esa medida? El programa de ayudas a la adquisición de automóviles fomenta la demanda de coches. Es decir, va en la dirección contraria a la necesaria porque el problema de la economía española no es de demanda sino de oferta. Por cierto: ¿por qué el sector del automóvil recibe tantas ayudas públicas? ¿No es injusto que el resto de los ciudadanos que también sufren la crisis – desde taxistas hasta pescaderos, pasando por transportistas, masajistas, hoteleros, restauradores, peluqueros, hombres de la limpieza, autónomos…-tengan que seguir pagando impuestos para subsidiar al sector del automóvil? ¿Qué tipo de lobby y de influencia sobre Zapatero tiene la automoción que no tengan ellos?

Finalmente, un tercer grupo de medidas pueden parecer buenas en principio, pero pueden tener consecuencias nefastas. Aquí entra la eliminación de las deducciones fiscales por la compra de viviendas. La burbuja inmobiliaria fue causada en parte por el Estado: al favorecer la compra de residencias en perjuicio del alquiler o de la adquisición de otro tipo de activos de inversión, el Estado fomentó la demanda de viviendas cosa que contribuyó a que subiera su precio. Por lo tanto, la eliminación de esas deducciones distorsionadoras puede parecer una buena idea. El problema es que no las elimina inmediatamente sino que anuncia ahora que lo eliminará en el 2011. Con ello, se pretende inducir a que las familias compren viviendas entre hoy y el 2011… “ahora que aún tienen descuentos fiscales”. Eso va en dirección contraria a la deseable, ya que el tamaño del sector de la construcción en la economía debe pasar del 15-19% al 4% del PIB. Es decir, algunas de las empresas del sector deberán cerrar o reducir sustancialmente su tamaño, e inducir fiscalmente a que las familias compren viviendas es un intento suicida de evitar lo inevitable… y deseable.

Resumiendo: el estado de la nación no es bueno. Y no es bueno por la crisis… y porque, una vez más, el Gobierno del Estado de la nación demuestra que no tiene solución.

Xavier Sala i Martín, Columbia University, UPF i Fundació Umbele.


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