Crisis (29): un gobierno de dos años

Adivina adivinanza: un partido político que, como se espera que haga al PP, gana las elecciones con el 45% de los votos y con más de 10 diputados por encima de la mayoría absoluta, ¿es posible que sólo acabe durando dos años en el Gobierno?

Veamos. Cuando Mariano Rajoy llegue a La Moncloa, además de encontrar las tradicionales facturas impagadas y después de decir aquello de “la situación está peor de lo que esperábamos” (¡que predecibles son todos los políticos de todos los colores!), tendrá que trabajar para que España sea solvente y no tenga que ser rescatada. Y eso sólo sucederá si hace las cosas bien. Si no, acabará como Grecia. Me explico. Un país es solvente si la proyección futura de la capacidad de devolver el dinero es superior a las deudas. La capacidad de devolver el dinero, por su parte, es la diferencia entre los ingresos fiscales del Estado y los gastos ineludibles. Para ser solvente, pues, uno tiene que asegurarse de que el Estado tiene suficientes ingresos futuros y que no tiene demasiados gastos comprometidos.

¿Qué deberá hacer, pues, Rajoy? Lo primero es afrontar el problema del paro. De los 160.000 millones de euros que ingresa el Estado español, el subsidio a los 5 millones desocupados se come casi 40.000 millones. Por tercera vez en democracia, una crisis dispara la tasa de paro por encima del 20%. Además de un drama humano sin parangón en el mundo civilizado, esta lacra social es una sangría fiscal que hay que contener. Para ello, hay que reformar el sistema de las negociaciones colectivas (aunque los sindicatos lo presenten como un “logro social”, ésa es una herencia del franquismo) y hay que acabar con el mercado dual donde los insiders tienen privilegios a costa de dejar sin protección a los outsiders, es decir los parados y los jóvenes que no han tenido nunca trabajo.

La reducción de compromisos fiscales también debe incluir recortes de gasto. No hace falta decir que hay que eliminar el gasto inútil o repetitivo (diputaciones), el obsoleto (Correos) y el que se hace para ganar votos y favores (no tengo suficiente espacio). El resto se tendrá que recortar teniendo en cuenta los efectos sobre el crecimiento económico, priorizando las inversiones en la productividad de los trabajadores (educación, infraestructuras productivas, tecnologías, etcétera).

El aumento de la recaudación, por su parte, requiere dos tipos de acciones: por un lado, un nuevo sistema fiscal que, además de redistributivo, también sea eficiente. Es decir, no todos los impuestos tienen los mismos efectos sobre los incentivos a invertir por lo que se tienen que escoger los menos distorsionadores. Por otro lado, se debe fomentar urgentemente el crecimiento económico con medidas de oferta como, por ejemplo, una regulación que no desincentive la eficiencia y la competencia, un sector público que no se considere enemigo de la empresa y un sistema educativo que promueva la creatividad, la innovación y la actitud emprendedora.

Finalmente, hará falta hacer frente a la crisis del sector financiero recordando que, tras la explosión de su burbuja inmobiliaria, Japón tardó una década en sanear sus bancos (España ya lleva cuatro años) y eso hizo que la crisis que empezó en 1990 todavía no haya terminado… ¡21 años después!

Cuando Rajoy tome posesión de su cargo, tendría que recordar tres cosas. La primera es que no habrá ganado las elecciones por el mérito de sus propuestas (entre otras cosas porque no las ha presentado) sino por incomparecencia del contrario. Después de negar la crisis durante años y de equivocarse en el diagnóstico, el PSOE ha generado una devastación económica tan cósmica que nadie quiere que siga gobernando. Más que una gran victoria del PP, lo qué se prevé para el día 20 es una gran derrota del PSOE.

La segunda es que las reformas mencionadas serán dolorosas y comportarán malestar social. Ese malestar será acentuado por un partido socialista que, ya sin responsabilidad de gobierno, se envolverá en la bandera demagógico-populistoide de los indignados, protestará todas y cada una de las decisiones que tome el PP y acusará constantemente al Gobierno de estar al servicio de los ricos. Si ya lo ha hecho durante la campaña electoral mientras mandaba, ¡imagínense qué no hará cuando esté en la oposición!

La tercera cosa que tendrá que recordar Rajoy es la historia reciente de Grecia. La recesión empezó cuando la derecha de Kostas Karamanlis estaba en el Gobierno. En el 2007, la crisis ya se avistaba pero Karamanlis logró camuflarla y ganar la reelección (¿les resulta familiar?). Pero la situación llegó a ser insostenible y adelantó las elecciones (¿les sigue sonando?). Ganó Giorgos Papandreu con el 44% de los votos y 160 diputados, 10 por encima de la mayoría absoluta subiendo en 58 diputados mientras Karamanlis perdía 60 (¡ahora el parecido ya da miedo!). Era octubre del 2009. Una de las primeras decisiones de Papandreu fue la de salir a la prensa y decir aquello de “la situación está peor de lo que esperábamos”. ¡Que predecibles son todos los políticos de todos los colores! Eso generó una pérdida de confianza inmediata, cosa que hizo subir la prima de riesgo de manera irreparable. Esto, sumado a su incapacidad de hacer reformas que generaran crecimiento económico hizo que Grecia pasara a ser insolvente y que Papandreu, a pesar de su flamante mayoría, tuviera que dimitir en noviembre de 2011. Y he aquí la respuesta a la adivinanza: si no se hacen las cosas bien, una abrumadora mayoría absoluta puede dar lugar a un gobierno de dos años.

Por Xavier Sala i Martin, Columbia University, UPF i Fundació Umbele.

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