Crisis (44): precipicio fiscal

Faltan cuatro días para que se celebren las elecciones presidenciales en EE.UU. Las encuestas dan una ligera ventaja a Mitt Romney pero las casas de apuestas piensan que Barack Obama será reelegido con un 63% de probabilidades. No sabemos, pues, quién será el próximo presidente. Lo que sí sabemos es que, sea quien sea, deberá enfrentarse a un problema monumental: ¡el precipicio fiscal deol 2013!

El precipicio fiscal (o fiscal cliff en inglés) es un gigantesco plan automático de austeridad, combinación de aumentos de impuestos y recortes de gasto público, que entrarán en vigor el próximo 1 de enero y que reducirá el déficit fiscal en cerca del 5% del PIB en el 2013. Dada la precariedad de la economía norteamericana en estos momentos, la consiguiente contracción de la demanda interna puede hacer que Estados Unidos recaiga en la recesión. A diferencia del 2008, esta vez la Reserva Federal podrá hacer muy poco para evitar la caída ya que los tipos de interés están cerca de cero. Y con una Europa sumida en su propia incompetencia y una China que se desacelera rápidamente, la probable recesión norteamericana puede arrastrar al resto del mundo.

Para entender porqué se implementará un plan automático de austeridad el día 1 de enero, tenemos que retroceder dos siglos: la Constitución de Estados Unidos dice que la única institución del Estado norteamericano que puede pedir préstamos es el Congreso. Eso quiere decir que cuando el Gobierno federal necesita crédito, tiene que pedir permiso a las cortes. Antes de 1917, el Congreso tenía que aprobar todos y cada uno de los créditos del Gobierno, pero las necesidades de la Primera Guerra Mundial hicieron que se aprobara el concepto de “techo de deuda”: el Congreso aprueba un límite de deuda por debajo del cual el Gobierno no tiene que dar explicaciones. Una vez el Gobierno alcanza ese techo, no puede pedir prestado ni un dólar más si antes el Congreso no lo amplía.

Cuando Ronald Reagan llegó al poder en 1980, el “techo de deuda” era de un billón de dólares (1 seguido de 12 ceros). Las necesidades de financiación del Gobierno federal han hecho que el techo aprobado por el Congreso haya subido casi cada año. Y eso ha sucedido tanto si el Congreso tenía mayoría republicana como si la tenía demócrata.

Durante los últimos años de George W. Bush y, sobre todo, durante todo el mandato de Barack Obama, el déficit fiscal federal norteamericano se ha disparado: en cada uno de los cuatro años de Obama, ha superado los mil millones de dólares por ejercicio… casi el triple de los ya de por sí gigantescos déficits de la era Bush. Como porcentaje de la renta, el déficit americano es parecido al español: cerca del 9% del PIB. Debido a esas enormes necesidades de financiación, el 12 de febrero del 2010, Obama consiguió que el Congreso con mayoría demócrata ampliase en casi 2,4 billones el techo de 14,294 billones de dólares para el ejercicio de 2011.

Pero el déficit del Gobierno Obama era tan monumental que en enseguida se vio que esa ampliación era insuficiente y que el techo sería alcanzado a primeros de agosto. Para poder operar, pues, Obama necesitaba que el Congreso aumentara una vez más “el techo de la deuda” antes del 1 de agosto. Pero había un pequeño problema: el Congreso de EE.UU. ya no estaba controlado por su partido sino por el republicano, y no un partido republicano cualquiera sino un partido dominado por su ala más fiscalmente conservadora, el Tea Party, que había arrasado en las elecciones legislativas de noviembre del 2010. Eso generó una crisis política (repito, política) de proporciones colosales porque el Tea Party no estaba por aumentar el techo de la deuda y sin ese aumento, el Gobierno del país más poderoso del planeta no podía pagar las nóminas y estaba obligado a mandar a todos sus empleados (incluidos los militares) a sus respectivas casas a mitad de verano. Cerrar el Gobierno hubiera tenido consecuencias imprevisibles.

Tras unos meses de salvajes negociaciones, el día 31 de julio, un día antes del límite, se llegó a un acuerdo y se aprobó la ley de Control Presupuestario del 2011 ( Budget Control Act of 2011) que autorizaba el incremento del techo de la deuda. Gracias a eso, Obama ha podido ir operando y la deuda pública ha seguido subiendo exponencialmente. En la actualidad alcanza ya los 17 billones de dólares: más del 100% del PIB.

A cambio, el Tea Party obtenía como concesión que a partir del 1 de enero del 2013 (justo después de las elecciones presidenciales de la semana que viene) se producirían una serie de aumentos impositivos y unos recortes de gasto: subirían el impuesto sobre la renta, el del patrimonio y el de sociedades (básicamente se retiran los recortes introducidos por Bush en el 2001 y el 2003). Por el lado del gasto, la mitad de los recortes tendrían lugar en el sector militar y el resto en los programas sociales, seguridad social y Medicare (sanidad pública para ancianos). El fiscal cliff del 2013 estaba servido.

Y este es el punto en el que nos encontramos ahora, con una bomba de relojería que sólo puede parar un voto del Congreso. El problema es que tanto las encuestas como los mercados de apuestas anticipan un Congreso con una holgada mayoría republicana. Por lo tanto, o la filosofía del Partido Republicano cambia radicalmente en los próximos dos meses (cosa que es muy poco probable) o la economía mundial se verá arrastrada por EE.UU. al caer irremediablemente por su propio precipicio fiscal.

Xavier Sala i Martín, Columbia University, UPF i Fundació Umbele.

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