Crisis del Cáucaso: un año después

En la noche del 8 de agosto del 2008 el ejército de Georgia, empleando artillería pesada, carros de combate y aviación, arremetió contra la durmiente ciudad de Tsjinvali, capital de Osetia del Sur. Este acto premeditado de represión acarreó la muerte de centenares de personas, incluidos ciudadanos y cascos azules rusos, y causó un flujo masivo de refugiados. Hoy, un año después de esta tragedia, vale la pena analizar algunas lecciones al respecto.

La primera lección consiste en que no hay alternativa al arreglo político de conflictos. Mijail Saakashvili, presidente de Georgia, despreció este principio intentando resolver el conflicto por la fuerza y acabó fusilando la integridad territorial de su propio país. Dudo que entre los lectores de este artículo haya optimistas irremediables que de veras crean en que los surosetios y abjasios voluntariamente o bajo una amenaza de fuerza regresen a Georgia. ¿Qué es lo que ven? Una falta de arrepentimiento de los líderes políticos por el crimen cometido y una nueva militarización de Georgia. Los pueblos de Osetia del Sur y Abjasia entendieron que asegurar su supervivencia y garantizar su seguridad se podía hacer sólo con el reconocimiento de su derecho a la autodeterminación y formación de estados independientes. Su independencia hoy es una realidad ya irreversible y, por más que digan algunos, tarde o temprano tendrán que tomarlo en consideración.

Hay políticos que en sus declaraciones, recurriendo a los dobles raseros, se muestran críticos con Rusia por su reconocimiento de la independencia de Osetia del Sur y Abjasia. Paradójicamente esta crítica proviene de los mismos estados que en contra de las resoluciones de la ONU reconocieron la independencia de Kosovo. Este reconocimiento se consumó cuando la población de Kosovo llevaba diez años de desarrollo autonómico sin sufrir amenaza alguna, mientras que los habitantes de Osetia del Sur vivían la última década en permanente temor. Lamentablemente, esos mismos políticos no encontraron palabras de compasión hacia las víctimas ni condena de los atacantes.

La falta de un horizonte constructivo y atractivo para las minorías y al final una represión militar y la salida de Tiflis de los acuerdos, que constituían la base del proceso de arreglo político, privó de cualquier sentido la continuación de las negociaciones dentro del concepto de la integridad territorial de Georgia.

Por desgracia, a pesar de los trágicos acontecimientos de agosto del 2008, algunos países siguen ignorando el peligro de una nueva militarización de Georgia. Continúan los suministros de armamento a ese país violando los principios de la OSCE que recomiendan abstenerse de entregar armas a los países en zonas de conflicto. La peligrosidad de tal acción es claramente subestimada.

La tragedia de agosto confirmó la validez de las preocupaciones de Rusia en relación con la ampliación desenfrenada de la OTAN aglutinando regímenes y estados inmaduros. ¿Cómo se habrían desarrollado los acontecimientos si Georgia hubiese sido miembro de la Alianza?

La actuación común de Rusia y la Unión Europea para arreglar el conflicto desembocó en una cooperación constructiva que puede ser un factor de estabilidad en el espacio euroatlántico. Los acuerdos entre los presidentes de Rusia y Francia crearon la base de arreglo de la crisis, consolidaron el papel de la Unión Europea como garante del no uso de la fuerza por parte de Georgia contra Osetia del Sur y Abjasia.

Desgraciamente en las nuevas condiciones jurídicas y políticas en la región no ha sido posible conservar las misiones de observadores en la zona. No ha sido la opción de Rusia, que se pronuncia por la continuación de sus actividades. Estamos dispuestos a seguir buscando una forma de acuerdo que permita el regreso de los observadores de la OSCE y la ONU a la zona.

Después de la tragedia de Osetia del Sur quedó claro que el modelo de seguridad europea no es igual para todos y precisa una profunda reforma. La crisis evidenció su imperfección, la falta de mecanismos eficaces de prevención de conflictos y de arreglo de estos. De aquí la idea avanzada por el presidente de Rusia, Dimitri Medvedev, de elaborar un nuevo tratado europeo de seguridad basado en el concepto de la indivisibilidad de esta. Sólo un tratado que establezca compromisos concretos y mecanismos fiables y exija su cumplimiento puede garantizar una seguridad y estabilidad duraderas en nuestro continente.

Por supuesto, las lecciones de la crisis del Cáucaso no se limitan a las consideraciones expuestas. Los acontecimientos de agosto del 2008 seguirán estudiándose por analistas y políticos. Lo importante es que este proceso de reflexión no quede atrapado en los enfoques politizados, ideológicos, sino que sirva para encontrar caminos y medios adecuados capaces de consolidar la paz y estabilidad en el Cáucaso y Europa entera.

Alexander V. Surikov, encargado de negocios de la Federación Rusa en España.