Crisis donde no caben más crisis: ahora en la RDC

Las protestas contra el presidente Kabila el pasado 19 y 20 de septiembre provocaron la muerte de 14 manifestantes, según fuentes del Gobierno de la República Democrática del Congo (RDC). La oposición, por su parte, eleva esta cifra a más de 50. También hubo varios policías linchados por la multitud, sedes de partidos políticos incendiadas y, en general, dos días de batalla urbana en las calles de la capital del país, Kinshasa. Estos incidentes reflejan el rechazo por parte de la oposición al intento del presidente de continuar en el poder más allá de su segundo mandato. De conseguirlo, Kabila se añadiría a la lista de gobernantes africanos que se han perpetuado en el cargo en situaciones similares y a través de diferentes mecanismos. En este sentido pueden citarse los casos de la República del Congo, Ruanda, Uganda, Djibuti, Chad y Burundi.

Más problemas para un convulso país

En clave geopolítica, los disturbios pueden verse también como la manifestación de un nuevo foco de conflictividad en la convulsa RDC. Estamos hablando de un país con dos décadas de conflicto armado a sus espaldas, con un amplio historial de intervenciones exteriores y con unas cifras de muertos equiparables a las de la segunda guerra mundial. Además, la proliferación de insurgencias en el noreste del territorio ha dado lugar a la aparición de más de cincuenta grupos armados [1], los cuales sobreviven gracias a la explotación de los enormes recursos naturales. A su vez, estos grupos son combatidos por los Gobiernos de Ruanda y Uganda, por los efectivos de la United Nations Organization Stabilization Mission in the Democratic Republic of the Congo (MONUSCO) y por el propio ejército de la RDC.

Volviendo a las últimas protestas, la fecha de éstas no fue elegida al azar. El 19 de septiembre es, precisamente, cuando debían haberse convocado nuevas elecciones, tres meses antes de la expiración del actual mandato presidencial. Joseph Kabila accedió al cargo de presidente de la RDC en 2001, tras el asesinato de su padre y también presidente Laurent-Desiré Kabila. En 2006, una vez promulgada la actual Constitución, el partido de Joseph Kabila ganó las elecciones presidenciales. Posteriormente, en 2011, fue reelegido para un segundo periodo que debería finalizar el próximo mes de diciembre.

Glissement”, o cómo hacer jugar el tiempo a favor

La Constitución de 2006 establece que el mandato presidencial será renovable una sola vez. Tras ello, el presidente saliente permanecerá en funciones hasta el nombramiento efectivo del nuevo presidente electo. Ahora bien, lo anterior puede interpretarse de manera más o menos creativa como sigue: si no hay nuevo presidente electo… pues el anterior se queda. Y esta es la oportunidad que le permitiría al actual mandatario continuar en el poder mediante el retraso de los comicios de manera indefinida, estrategia que ha sido denominada como “glissement” (“deslizamiento”)[2].

El glissement, en la actualidad, se aferra al argumento de que no puede haber elecciones hasta que no se actualice el censo electoral. Si se utilizara el que ahora mismo está en vigor, el de 2011, quedarían privados de derecho al voto entre diez y doce millones de jóvenes que han accedido a la mayoría de edad desde entonces. Lo que ocurre es que la actualización de los datos, según anunció el pasado mes de junio el presidente de la Comisión Electoral, Corneille Nangaa, podría durar unos dieciséis meses [3].

Pero hay más. El pasado mes de mayo el Tribunal Constitucional decretó que el presidente y su Gobierno podrían permanecer legalmente en ejercicio tras la finalización de su segundo mandato, en diciembre de 2016, si para entonces no se hubieran celebrado las elecciones. El fallo del tribunal provocó manifestaciones en numerosas ciudades del país, las cuales fueron seguidas de altercados que dejaron un saldo de decenas de heridos y más de 100 detenidos [4]. De acuerdo con algunos análisis, el nombramiento previo de cargos cercanos al presidente en dicha institución podría haber influido favorablemente en su decisión [5].

Y finalmente –por si quedaba alguna duda con respecto a las intenciones- el secretario general del partido en el poder (Partido del Pueblo para la Reconstrucción y la Democracia, PPRD) sugirió el pasado mes de julio la posibilidad de celebrar un referéndum para reformar la Constitución y extender los mandatos presidenciales [6].

No al “diálogo”: la oposición rechaza caer en la trampa

La mayor parte de la oposición política, bajo el nombre de “Rassemblement” (“Reunión”), se encuentra agrupada alrededor de líderes históricos como Etienne Tshisekedi o Moïse Katumbi. Este último, poco después de anunciar su candidatura para las elecciones, fue condenado a tres años de prisión por un supuesto fraude inmobiliario en un proceso donde algunos jueces ya han denunciado presiones. Actualmente se encuentra en el exilio. Tshisekedi, por su parte, regresó al país el pasado mes de julio tras una ausencia de 2 años [7].

Uno de los principales puntos de acuerdo entre los partidos de la Rassemblement es el rechazo al llamado “diálogo nacional”, iniciativa propuesta por el propio presidente Kabila y que es vista por algunos como una trampa para legitimar el retraso de las elecciones. La comunidad internacional, por su parte, sí que apoya el proceso. Así, el pasado mes de abril la Unión Africana nombró a Edem Kodjo –antiguo Primer Ministro de Togo- como mediador para dicho diálogo. Las Naciones Unidas también están ejerciendo un considerable esfuerzo en este sentido a través del Representante Especial del Secretario General para la RDC, Maman Sidikou. En estas circunstancias, el diálogo nacional arrancó a primeros del pasado mes de septiembre con la ausencia de la Rassemblement, que condiciona su participación a la liberación de los presos políticos y la anulación del proceso judicial contra Katumbi [8].

Conclusión
La mediación por parte de la comunidad internacional para fijar en las próximas semanas un calendario electoral creíble no es tarea fácil. Por un lado, la oposición ya ha anunciado que seguirá con las protestas hasta echar al presidente. Por otro lado, y a la vista de los éxitos de algunos mandatarios de países vecinos, no es descartable que Kabila insista en su empeño e incluso fuerce la situación, provocando la intensificación de las protestas y llevando la confrontación a un punto de no retorno. En definitiva; que la crisis en la RDC es todavía susceptible de empeorar y podría desembocar en algo más grave que las actuales protestas. Teniendo en cuenta el convulso marco estructural, la apuesta de Kabila entraña demasiados riesgos para un país que afronta delicados equilibrios y que difícilmente va soportar otro foco de conflictividad.

Miguel Peco Yeste, Doctor en Seguridad Internacional. Profesor asociado de Geopolítica y Estrategia en la Universidad Complutense de Madrid.


[1] “Armed Groups in North and South Kivu“, en www.congoresearchgroup.org. Octubre de 2015
[2] Monnier, X. “L’art de retarder les élections en RDC, raconté par l’un de ses stratèges“. En www.lemonde.fr, 20/09/2016.
[3] “Election en RDC: délais intenables pour la Céni avec ou sans révision du fichier”. En www.rfi.fr, 07/07/2016.
[4] Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. “Report of the Secretary-General on the United Nations Organization Stabilization Mission in the Democratic Republic of the Congo”. 28/06/2016
[5] Picco, E. “RDC: la deriva que la oposición a Kabila tiene que evitar”. En www.africaye.org, 23/05/2016
[6] ”Report des élections, référendum, transition: Henri Mova répond à l’opposition congolaise”. En http://www.rfi.fr, 11/07/2016
[7] Bensimon, C. “RDC: Etiene Tshisekedi, le sphinx de retour à Kinshasa“. En www.lemonde.fr, 28/07/2016
[8] “En RDC, un début de « dialogue national » boycotté par une grande partie de l’opposition“. En www.lemonde.fr, 29/09/2016

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