¿Crisis o purga?

Con la crisis financiera y económica está sucediendo algo parecido a lo de la pandemia de la llamada gripe mexicana o A/ H1N1: nunca se sabe si lo que dicen los medios de comunicación está a la altura del problema, si se peca de exceso y de dramatismo o si, por el contrario, se subestima y se banaliza.

En el pasado otoño, parecía evidente, la crisis era una inmensa catástrofe comparable a la Gran Depresión de 1929. Nacida en EE. UU., en unos sectores relativamente limitados, los derivados del crédito inmobiliario y del crédito al consumo, la crisis financiera se extendía a todo el mundo e invadía toda la vida económica y social. El crecimiento iba a hundirse. Los pronósticos políticos completaban rápidamente el panorama: la crisis generaría violencia, disturbios, fenómenos de racismo y xenofobia, alimentaría los extremismos, tanto de derecha como de izquierda, y quizá sería la antecámara de nuevos totalitarismos, como ocurrió en los años treinta.

Un año después de su estallido mediático, el discurso sobre la crisis ha cambiado considerablemente. Los expertos, los políticos, los medios parecen pensar, en su conjunto, que lo peor ha pasado. Las previsiones de crecimiento son al alza, la caída del PIB, allí donde había sido anunciada, será, se dice, menos grave de lo previsto. China, con un 8% de crecimiento;

India, con un 6%, deberían mantener este año, gracias a la demanda interior que permanece fuerte, unas tasas de crecimiento elevadas, contribuyendo así a tirar de la economía mundial hacia arriba. El sector inmobiliario, uno de los más "tocados", se hallaría "convaleciente" y ya no moribundo o muy enfermo. El consumo económico comenzaría a relanzarse.

Los anuncios de problemas espectaculares apenas han ido seguidos, a día de hoy, de efectos: no ha habido una gran llamarada xenófoba o racista y los análisis de algunos acontecimientos inquietantes llevan a relativizarlos. Así, se ha hablado mucho, este pasado invierno, de campañas en Inglaterra para no dar empleo a los inmigrantes. De hecho la xenofobia era menos importante que la protesta de trabajadores y sindicatos ingleses constatando que algunos empresarios se aprovechaban de la crisis para contratar extranjeros sin cumplir la legislación social. Las elecciones europeas del pasado junio, pese a indicar una ligera subida de los partidos nacionalistas y de extrema derecha, no han evidenciado un movimiento poderoso en su favor y los partidos de extrema izquierda apenas han prosperado. Lo más significativo, en materia política, ha sido sobre todo el regreso de los estados y su capacidad para intervenir en el campo de la economía y las finanzas, acabando así con la ideología del neoliberalismo y acercándose más o menos a los principios keynesianos.

Y no solamente lo peor parecería haber pasado sino que aquellos que provocaron el escándalo, en el universo de la banca y de las finanzas, gozan aparentemente de una insolente salud. Y así nos enteramos de que algunos traders podrían beneficiarse este año de importantes primas por sus buenos y leales servicios a las empresas que les emplean (business as usual).

Este cuadro de una economía que se recupera tras unos meses de sudores fríos, ¿es aceptable? Se podría dudar. Porque al mismo tiempo, en muchas partes del mundo, importantes sectores de población siguen sufriendo graves problemas. La destrucción de empleo, la supresión de puestos de trabajo, los cierres de empresas y el paro siguen siendo realidades en muchos países, así como el descenso de las rentas. Todos los sectores de la vida económica no se han visto afectados de igual manera. ¿Cómo explicar que algunas industrias estén más afectadas que otras como, por ejemplo, la del automóvil? ¿Es la naturaleza de los bienes producidos (se puede posponer la compra de un coche)? ¿Es por ese arcaísmo que hacía, por ejemplo, que General Motors pensase en 4x4 cuando debía haber fabricado vehículos adaptados al nuevo mercado energético y medioambiental? ¿Es por el modo de organización de la producción, con trabajadores protegidos por la casa madre y otros, muy vulnerables, subcontratados? Desde el punto de vista industrial la situación actual, si se confirma, hace pensar en una purga en la que, finalmente, el capitalismo se relanzaría tras haber eliminado los sectores o empresas no adaptados a la globalización actual. ¿Hay que hablar, en definitiva, de una modernización limitada, de una "destrucción creadora" según expresión célebre de Joseph Schumpeter, no tan masiva como se creía ni en el sentido destructivo ni en el de la creación, más o menos asociada a proyectos de "crecimiento verde" y acomodándose a un cierto continuismo en el funcionamiento del sistema? Se podría pensar así viendo que las acciones sociales más espectaculares - secuestro de empresarios, amenazas de explosiones-no han tenido como objetivo principal salvar empleo ni decir basta a la destrucción del mismo. Su intención era obtener las consecuentes indemnizaciones.

Pero no mirar estas acciones supone pasar de lado de innumerables dramas humanos en los que no hay recursos para llevar a cabo una acción colectiva.

Las víctimas de la crisis no se reclutan de modo idéntico en toda la población. Entre los más expuestos están seguramente los emigrantes, que son los primeros en ser despedidos y cuya tasa de paro es muy superior a otras categorías. Lo cual produce efectos en cascada: sin empleo, los emigrantes se ven obligados a tener que elegir entre moverse en la ilegalidad o volver a su país, y en la mayoría de los casos prefieren quedarse en el país de acogida. Otra consecuencia: los bonitos discursos sobre la integración o sobre la diversidad rápidamente se demuestran artificiales. Por otro lado, los mismos emigrantes, sin recursos, no pueden enviar dinero a su familia que sigue en su país, lo que repercute en su desarrollo. E incluso aunque no haya demostraciones espectaculares de racismo o de xenofobia, la presión de la opinión racista o xenófoba sobre las políticas públicas o de inmigración se hace considerable.

La crisis no ha terminado para aquellos que siguen viendo cómo se desenvuelve la espiral de la pérdida de empleo y el adelgazamiento de los recursos y que son el objetivo de la actual purga que sigue evidenciando su impacto, especialmente negativo, en los fenómenos migratorios. Eso es lo que hace aún más insoportable los anuncios de relanzamiento del crecimiento y el regreso de los traders.

Michel Wieviorka, profesor de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París.