Cruciales elecciones en Turquía

En muy pocas democracias un leve giro en la cantidad de votos daría lugar a resultados tan diferentes como los que podrían ocurrir en las elecciones generales turcas del 7 de junio. Una diferencia de menos del 1% de los votos a nivel nacional podría decidir si el gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) se ve obligado a formar un gobierno de coalición (el primero tras 13 años de régimen unipartidista), dejando al Presidente Recep Tayyip Erdogan sin herramientas para cumplir su antiguo deseo de fortalecer la presidencia.

Las elecciones turcas han sido más bien monótonas desde que el AKP llegara al poder en 2002: una y otra vez han arrojado victorias arrolladoras y dado pie a gobiernos de mayoría. Sin embargo, este año las perspectivas son distintas, ya que los resultados son inciertos y lo que está en juego no puede ser mayor. De ellos dependen no sólo el futuro político de Erdogan, sino la posibilidad de llegar a un arreglo duradero con los kurdos turcos y garantizar la solvencia en el largo plazo de la propia democracia turca.

Esta vez la incertidumbre se puede atribuir al Partido Democrático del Pueblo, predominantemente kurdo. Debido a su temor a no alcanzar el umbral del 10% del voto popular necesario para entrar al parlamento, los partidos políticos kurdos han preferido en el pasado no participar en las elecciones. En lugar de ello, los políticos kurdos se han presentado como candidatos independientes, que no están sujetos a ese umbral, para reunirse bajo la bandera de un partido una vez logrado el escaño.

Sin embargo, este año el movimiento político kurdo ha decidido presentar sus candidatos como miembros de un solo partido. Si bien no está exenta de riesgos, esta estrategia electoral podría darles grandes réditos, con importantes consecuencias para la suerte inmediata del partido y las perspectivas de largo plazo del país.

En el caso de que el PDP no alcanzara el 10%, se abrirían las puertas para una reforma del sistema político del país. Si los kurdos y sus candidatos quedan fuera del parlamento, al AKP le bastarían resultados apenas ligeramente mejores que lo que predicen las encuestas para conservar su hegemonía política. Con poco más del 45% de los votos nacionales, las peculiaridades de las leyes electorales turcas le darían más de 330 representantes en un parlamento de 550 escaños.

Un resultado así daría a Erdogan el poder para hacer realidad el tipo de sistema presidencial que durante tanto tiempo ha buscado. La mayoría parlamentaria del AKP haría posible que partido redacte unilateralmente una nueva constitución y la someta a referéndum en el espacio de un año. Al mismo tiempo, las regiones del sudeste del país podrían volverse más susceptibles a desórdenes civiles si el movimiento kurdo (frente a una falta total de representación política en tiempos de transición institucional) intenta presionar en las calles para lograr mayor autonomía local.

Por otra parte, si el PDP logra el umbral del 10%, su suerte (y la de Erdogan) iría en la dirección opuesta. Los candidatos del partido lograrían una importante representación de minoría en el parlamento y es probable que el AKP pasase a ser el socio mayoritario de un gobierno de coalición. Lejos de asegurarse una posición de poder, el Primer Ministro Ahmet Davutoglu se vería obligado a escoger entre hacer alianzas con el PDP o bien con el conservador Partido del Movimiento Nacionalista (PMN). Si bien es teóricamente posible, no sería congruente con la cultura política turca una gran coalición con el principal partido de la oposición, el centroizquierdista Partido Republicano del Pueblo (PRP).

Un resultado así daría más fuerza al ejecutivo, encabezado por Davutoglu, en detrimento de la presidencia. Si pierde realismo la perspectiva de que Erdogan se convierta en un presidente ejecutivo, su poder comenzaría a desvanecerse con rapidez. Incluso en el supuesto de que el AKP siga siendo el partido mayoritario, el equilibrio de poder en la política turca comenzaría a inclinarse en su contra.

En las democracias liberales, se supone que las elecciones nacionales dan al bando ganador un mandato popular para gobernar y establecer prioridades de políticas hasta las elecciones siguientes. Sólo raramente tienen implicaciones que duren más allá de un solo ciclo electoral. Sin embargo, ese es el caso en la Turquía de hoy: es probable que los resultados de las próximas elecciones populares determinen las reglas de la vida política por muchos años. En la actualidad, el PDP alcanza cerca de un 10% en las encuestas. Un empujoncito en una dirección u otra podría marcar un mundo de diferencia.

Sinan Ülgen is Chairman of the Istanbul-based Center for Economics and Foreign Policy Studies (EDAM) and a visiting scholar at Carnegie Europe in Brussels. He is co-editor of the book Turkey’s Nuclear Future. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *