Cuando el supremacismo es progresista

La comunicación fracasa sin un grado aceptable de coincidencia en el código. Tiene arreglo si se trata de simples errores, cuando el emisor o el receptor se han equivocado. Alguien que no sabe inglés puede leer 'casualties' e interpretarlo como casualidades. La frase en que aparece la palabra puede ser vital en el mensaje, y el mensaje puede ser vital para las dos partes porque da cuenta de bajas, de caídos, de víctimas. El problema se enmendará en el futuro poniendo al receptor a estudiar inglés. Del mismo modo, hay que refrescar algunas cuestiones semánticas dadas las preocupantes señales de desconocimiento u olvido que se detectan. Voy.

Resulta disparatado incluir a Junts y al PNV en un 'bloque progresista'. La insistencia en los medios (¡progresistas!) puede deberse a la ignorancia del lenguaje político, del ideario y trayectoria de los dos principales partidos nacionalistas catalán y vasco, de la historia contemporánea de España, etc. Caso de los becarios, quizá. Cuando no es desconocimiento, es olvido. Editorialistas de avanzada edad van perdiendo la memoria, es humano. Cuando no es desconocimiento ni olvido, es propaganda.

Mi convicción de que el progreso solo existe en la ciencia y la tecnología (sobre todo en la última), no me nubla tanto como para no entender lo que el lenguaje político ha hecho con el concepto al convertirlo en sustancia de un 'ismo'. Y si acudo al significado que prevalece -por mucho que no esté de acuerdo-, solo puedo calificar de absurdo el hermanamiento de los partidos periféricos citados con el progresismo. Es más, la presencia de cualquiera de ellos en un bloque lo contamina fatalmente, lo pudre, lo desahucia como contenedor de progresismo. Un proyecto que cuente con ellos no puede más que alterar el significado comúnmente aceptado para acabar confiriéndole otro. De ese nuevo sentido del progresismo que se está gestando sabemos algo: será incompatible con el anterior.

¿Es necesario recordar que el PNV es un viejo partido fundado sobre el racismo seudocientífico, las leyendas seudohistóricas y demás patrañas propias de doctrinas felizmente arrojadas a la basura de la historia hace ochenta años por las atrocidades que provocaron? ¿Es preciso recordar su lema 'Dios y la ley vieja' para situar al PNV en las antípodas del progresismo? ¿Habrá que traer a colación los odiosos postulados de su fundador Sabino Arana? No me molestaré por repugnancia, y porque un lector de ABC ya conoce estos extremos. Se argüirá que el PNV ya no es aquel partido, que sus políticas nada tiene que ver con todo aquello. ¿Sí? Entonces, ¿por qué no cambian de nombre? ¿Por qué no reniegan de su fundador, de su doctrina, de los delirios de un orate? En el mundo libre no se tolera el racismo, lo del PNV es una excepción occidental. No van recordando sus raíces, lógicamente, pero tampoco las han repudiado. La razón es que las organizaciones de cultura fuerte se parecen bastante a los seres vivos; en sentido figurado podríamos referirnos a su ADN. Es el ADN del PNV el que subyace en la posición históricamente adoptada ante la ETA, resumida en la tristemente célebre frase de Xavier Arzalluz: «No conozco ningún pueblo que haya alcanzado su liberación sin que unos arreen y otros discutan; unos sacuden el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces, y otros las recogen para repartirlas». Es literal, aquí no se bromea con las comillas. ¿ETA arreaba y el PNV discutía, avanzando conjuntamente hacia la liberación del pueblo vasco? Es la única interpretación posible, dado que la frase la recogió Herri Batasuna en un documento: la había pronunciado el presidente del PNV ante dos representantes del brazo político de la ETA. El partido ilegalizado, hoy reencarnado y legal, interpretaba correctamente lo que Arzalluz describía: una colaboración.

Ese ADN explica también la última propuesta del PNV hacia un cambio de régimen, propuesta flagrantemente inconstitucional que ellos consideran con cabida en la Constitución… siempre que esta se interprete de otra manera. Claro, claro: reformar la Constitución de hecho con el auxilio de cuatro constitucionalistas mercenarios adeptos al uso alternativo del Derecho. Si el Gobierno lo aceptara, eso se llamaría en realidad autogolpe. Sí, un golpe de Estado desde el Ejecutivo. Para volver a interpretar la Constitución (reformarla sin reforma formal) se convocaría una «convención constitucional». Es de risa, ni siquiera disimulan. Es el ADN del PNV el que nos quieren colar como progresismo reconociendo una plurinacionalidad que consagre la desigualdad, o el 'derecho a decidir', expresión que significa exactamente derecho de autodeterminación, ilegal en España y en la práctica totalidad del mundo.

En cuanto a la inclusión del Junts en el bloque progresista, me cuesta demasiado mantener la pulcritud expositiva dada mi condición de exiliado interior, de 'enemigo del pueblo' dentro de Cataluña, de ciudadano que se mudó a Castilla porque no puede vivir tranquilo en su ciudad, en su barrio, cenar allí en un restaurante, estar en la sala de espera del médico, dar un paseo por el Barrio Gótico, acudir a un centro comercial, asistir al acto anual de la promoción de los jesuitas.

La Cataluña del 'procés', cuyo principal responsable es Artur Mas, que vive calladito para que no se recuerden sus destrozos, acabó rompiendo la convivencia. Se hizo irrespirable para un dirigente del partido ¡que había ganado las elecciones catalanas! Me limitaré a recordar el supremacismo de Junts (Convergencia) y su golpe de Estado. Todo ello de un progresismo desbordante.

Juan Carlos Girauta

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