Cuando más es menos: contribuir a la construcción del Estado en Afganistán

Por Astri Suhrke, investigadora en el Instituto Chr. Michelsen en Bergen, Noruega. Actualmente, está trabajando en
las estrategias de reconstrucción posconflicto y consolidación de la paz, en particular, en Afganistán y Timor Oriental (FRIDE, SEP, 06):

Los esfuerzos de reconstrucción de las posguerras a veces –pero no siempre- se centran en lo que suele llamarse construcción del Estado, es decir, en el establecimiento de un Estado central efectivo que opere bajo el Estado de derecho y de acuerdo con los criterios contemporáneos de transparencia y responsabilidad. La reconstrucción de posguerra en Irak es un caso así. La intervención liderada por Estados Unidos en noviembre de 2001 tenía como objetivo la destrucción de un santuario terrorista. La construcción del Estado se veía como un instrumento para evitar la aparición de un santuario futuro. Con las estructuras estatales anteriores destruidas o abandonadas como resultado de veinticinco años de guerra, con revueltas generalizadas e intermitentes sanciones internacionales, la construcción del Estado se convirtió en el principal objetivo del programa de reconstrucción puesto en marcha después de la intervención.

En este artículo se examinará la naturaleza de la ayuda económica y militar internacional a este proceso de construcción del Estado. El argumento central es que esta ayuda ha tenido tanto efectos positivos como negativos, que se combinan para crear tensiones internas severas en el seno del propio proyecto de construcción del Estado. A pesar de todos los logros citados al haber eliminado a los Talibanes y puesto en marcha una ambiciosa política de reconstrucción y modernización, la intervención de 2001 y las subsiguientes estrategias de ayuda han creado también un Estado rentista que depende totalmente de los fondos extranjeros y de las fuerzas militares para su supervivencia. Además, este Estado tiene una débil legitimidad, así como una capacidad limitada de utilizar la ayuda eficazmente, y se enfrenta a una insurgencia creciente. En esta situación, las premisas y la estructura del proyecto de construcción del Estado se prestan a un examen crítico. Esta perspectiva difiere de gran parte de la literatura política actual sobre Afganistán, que o bien está orientada hacia el proyecto o bien recomienda ajustes políticos políticos dentro del marco establecido del compromiso internacional posTalibán con ese país. La política existente reconoce que los problemas están aumentando, pero en general opera con arreglo a la premisa de que la ayuda internacional tiene predominantemente efectos positivos, y de que –una vez que esta ayuda alcance una determinada “masa crítica”- podrá darle la vuelta a la situación.

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