¿Cuánto vale la cultura?

Hace poco se ha confirmado parte del rodaje en Sevilla de la quinta temporada de «Juego de tronos», cuya producción ronda los ochenta millones de euros, una excelente noticia. Y no solo por el empleo o el reflejo directo en el sector servicios; también la imagen de nuestro país en general se beneficiará como escenario de una serie con tantos seguidores. Otros lugares donde ya se ha rodado, como Irlanda o Croacia, han incrementado el turismo de manera espectacular. ¿Podemos cuantificar el valor de este anuncio? Hablemos de cifras. El rodaje de «Exodus», la cinta de Ridley Scott filmada a caballo entre Fuerteventura y Almería, ha dejado en España cuarenta millones de euros, ha permitido al Estado ingresar en concepto de IVA e IRPF más de siete millones de euros y motivó unas 6.000 contrataciones laborales, el 30 por ciento de ellas de servicios tales como la construcción o la carpintería.

Al 84 por ciento de los contenidos culturales en España se accede de forma ilegal. Cuando se habla de este problema, el asunto suele abordarse desde el ángulo cultural o el legislativo, especialmente ahora que el debate sobre la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual entra en su recta final. Por eso me gustaría reflexionar con la oportunidad que me brindan estas líneas sobre la dimensión económica y social de las industrias creativas. ¿Nos hemos parado a pensar realmente cuánto vale la cultura, nuestra cultura? Si introducimos en nuestro análisis la variable económica podemos afirmar categóricamente que las industrias creativas, en las cuales se enclava la distribución cinematográfica, son un sector clave en la economía española y fundamental para visualizar y contribuir a la Marca España. Nuestro sector, sin ánimo de desmerecer a aquellos con los que lo comparo, supone nada más y nada menos que el 3,6 por ciento del PIB español. Esto significa que tenemos un peso superior en el conjunto de la economía al generado por otros sectores, como la agricultura, ganadería y pesca (2,5 por ciento), la industria química (1,1) o incluso las telecomunicaciones (1,8).

La cultura, en una u otra manifestación, es gracias a la tecnología más accesible que nunca, lo cual nos lleva a no reparar en su importancia. Habría que poner en valor la relevancia y trascendencia para la economía de nuestro país de las industrias culturales. Solo en términos de empleo, nuestro sector ocupó en 2012 a 457.000 personas, según datos del Anuario de Estadísticas Culturales 2013. Somos un pilar importante de la economía. Sin embargo, a pesar del impacto económico de nuestro sector, no se piensa en nosotros como una industria que pueda ayudar a la recuperación económica.

Las películas que pasan por nuestros festivales son más que glamour y alfombra roja. Cada una de ellas es una empresa que se monta adhoc y que emplea a mucho personal y que además produce fuertes retornos: por cada euro invertido al menos cuatro, y puede llegar hasta quince. Los distribuidores tenemos puestos ya los ojos en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián el próximo mes de septiembre. No creo que los donostiarras puedan imaginarse su ciudad sin esta cita con la cultura que se produce desde hace 62 años, sin olvidar la proyección de la imagen de la ciudad en el mundo entero esos días. Además del beneficio para la economía local. En el otro extremo de nuestra geografía tenemos un buen ejemplo de ello, el pasado Festival de Cine de Málaga, sobre el que acabamos de conocer que su 17 edición ha generado 41,4 millones de euros, de los que 34,2 millones han beneficiado directamente a la ciudad malagueña con una rentabilidad superior al 2.000 por ciento.

La película «Ocho apellidos vascos» podrá ser considerada dentro de unos años como un clásico de nuestro cine. Se trata de una cinta que lleva recaudados casi 56 millones de euros, manteniéndose durante ocho semanas como número uno en la taquilla de los cines de toda España. Hasta el jueves de la novena semana, en que la película fue pirateada, provocando una caída del 53 por ciento en la taquilla de ese fin de semana. ¿Alguien puede imaginar ya la filmografía española sin ese título? El turismo en las localidades donde se rodó la película se ha incrementado exponencialmente. Su valor va mucho más allá de lo recaudado. No puedo dejar de mencionar la reciente dimisión de la directora general del ICAA, Susana de la Sierra. Perdemos a una excelente profesional y un apoyo de la industria cultural, una industria que es una inversión de futuro, dado su increíble potencial de crecimiento.

La materia prima de la creación, que es el talento, es un «recurso natural» que, a diferencia de otros, como el petróleo, no se agotará nunca, pero que es necesario salvaguardar, como se hace en el resto de países con los que nos comparamos. Es necesario para ello, por un lado, seguridad jurídica mediante la promulgación de leyes y la adopción de medidas efectivas para combatir el cáncer de la piratería, y por otro, un marco fiscal que incentive el consumo cultural en general y el cine en particular en España. Es, por lo tanto, necesaria y urgente su inclusión en la agenda política interna e internacional de nuestro país.

Estela Artacho García-Moreno, presidenta de la Federación de Distribuidores Cinematográficos.

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