Cuatro años en el otro Guantánamo / Four Years in the Other Guantanamo

Por Oswaldo Payá Sardinas, coordinador del Movimiento Cristiano de Liberación. Traducido del inglés por Emilio G. Muñiz. © Especial para The Washington Post (EL PAÍS, 24/03/07 – THE WASHINGTON POST, 19/03/07):

El 5 de marzo pasado, varios presos de la cárcel cubana conocida como Kilo 8 iniciaron una huelga de hambre. Entre ellos, Juan Carlos Herrera Acosta y José Daniel Ferrer, prisioneros de la “Primavera Cubana”. Otros presos políticos también en huelga son Leoncio Rodríguez Ponce, Lamberto Hernández Planas y Nelson Vázquez Lima. Ninguno de ellos ha aceptado alimentos desde entonces, y todos estuvieron de acuerdo en continuar su huelga hasta el lunes 19 de marzo para conmemorar el cuarto aniversario de aquella ola represiva.

En los días previos a la primavera de 2003, Estados Unidos y su coalición de aliados iniciaron la invasión de Irak. Amparándose en la humareda de las primeras batallas que atrajeron la atención del mundo entero, las fuerzas de seguridad cubanas se lanzaron al asalto de las familias indefensas, entrando por la fuerza en sus hogares y en muchos casos maltratando a las mujeres, a los niños y a los ancianos. Sin pérdida de tiempo se celebraron juicios sumarios y se dictaron sentencias, algunas de las cuales condenaban hasta a 28 años de cárcel.

Los prisioneros de la “Primavera Cubana” fueron dispersados por distintas cárceles de todo el país, desde Pinar del Río, en la parte occidental de la isla, hasta otra conocida por sus condiciones de vida infrahumanas, la prisión de Guantánamo. Y no me estoy refiriendo a los presos de diferentes nacionalidades que Estados Unidos mantiene confinados y sin juicio desde hace meses en la base naval de la Bahía de Guantánamo, en una situación que considero injusta y que se ha convertido con toda razón en un escándalo internacional. Me estoy refiriendo al otro Guantánamo, que es un verdadero escándalo que no se haya convertido ya en un escándalo.

Este Guantánamo está repartido por las diferentes prisiones de la provincia de Guantánamo y a lo largo y ancho de Cuba, incluida la Isla de los Pinos. La comida de campo de concentración y la carencia de agua, la falta de higiene y la superpo-blación, y las condiciones y el trato infrahumanos son comunes a todas ellas. La salud de casi todos los prisioneros cubanos, y no sólo la de los confinados de la “Primavera Cubana”, se ha deteriorado y muchos sufrirán las consecuencias durante toda su vida. Algunos activistas políticos pacifistas, como es el caso de Francisco Chaviano, llevan en la cárcel más de diez años.

A partir de este domingo, los arrestados en los incidentes de la “Primavera Cubana” cumplirán cuatro años de injusta sentencia. No importa que hayan sido condenados a causa de juicios arbitrarios y falsos y de leyes que se les aplicaron ilegalmente. No hay más que leer los relatos oficiales de los juicios sumarios para darse cuenta de que las razones por las que fueron condenadas estas personas no tienen nada que ver por los cargos que se les imputan.

Desgraciadamente, cada vez hay una tendencia más acusada a hablar sólo de los sufrimientos de estos presos sin hacer referencia en absoluto, en primer lugar, a cómo fueron encarcelados, como si fueran víctimas de la mala suerte y no de un régimen que utiliza la fuerza injustamente.

El mundo tiene que saber que fueron enviados a prisión por defender y promover pacíficamente los derechos humanos. Muchos eran periodistas no oficiales, independientes, que emitían sus opiniones y sus críticas de manera transparente. Otros participaban en proyectos para promover y defender los derechos humanos y los derechos de los sindicatos. Algunos participaban en organizaciones cívicas que demandaban cambios pacíficos hacia la democracia. La mayoría de los presos de la “Primavera Cubana” eran y siguen siendo organizadores del Proyecto Varela (www.oswaldopaya.org), la petición de un ciudadano -legal a la luz del Artículo 88G de la Constitución cubana, que permite a los votantes presentar un proyecto de ley y solicitar un referéndum- para que se realicen cambios.

No defiendo un proyecto en particular; defiendo los derechos de los ciudadanos. Más que nunca, el pueblo cubano necesita y desea una solución pacífica de la situación política del país, una transición a la democracia, el respeto por los derechos humanos y libertad. Por esta razón, la campaña sigue adelante, por esto y porque nuestros hermanos encarcelados, que ayudaron a lanzar la campaña, siguen apoyándola. Si el mundo entiende la participación de estos pacíficos ciudadanos en la campaña y en otras actividades cívicas, la gente entenderá la injusticia de estos encarcelamientos -una injusticia que se prolongará mientras estén en la cárcel- y la nobleza y legitimidad de la causa que defendemos colectivamente. Espero que esto despierte la solidaridad de todos.

Mucho es lo que se ha hablado sobre estos acontecimientos. Tengo la esperanza de que las noticias de la huelga de hambre tengan eco, porque cada uno de estos presos es una persona de carne y hueso que está arriesgando su salud, y su vida, en defensa de su dignidad personal y de la de los demás prisioneros políticos. Este artículo no quiere conmemorar el aniversario de su encarcelamiento, sino denunciarlo. No estamos hablando de una injusticia que ocurrió hace cuatro años, sino de una injusticia que dura cuatro años, aquí, en el otro Guantánamo, en el que todavía no se ha convertido en un escándalo.

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Since March 5, several inmates at the Cuban prison known as Kilo 8 have been on a hunger strike. Among them are Juan Carlos Herrera Acosta and José Daniel Ferrer, prisoners of the “Cuban Spring.” Other political prisoners taking part include Leoncio Rodríguez Ponce, Lemberto Hernández Planas and Nelson Valquez Lima. None has consumed any food, and all planned to continue their hunger strike until today to commemorate the fourth anniversary of the crackdown.

In the days leading into the spring of 2003, the United States and its coalition of allies initiated their invasion of Iraq. Hiding behind the smoke as the first battles captured the world’s attention, Cuban security forces began assaulting defenseless families, forcing their way into homes and in many instances abusing women, children and the elderly. Soon came the summary hearings and sentences, some of which were for as long as 28 years.

The Cuban Spring prisoners were dispersed to jails around the country, from Pinar del Río in the west to another one known for its inhumane treatment, the prison of Guantanamo. I am not referring to the detainees of different nationalities who for months have been confined without trial by the United States at Guantanamo Bay naval base, a fact that I consider unjust and which has rightly become a worldwide scandal. I am referring to the other Guantanamo, which is a scandal because it has not become a scandal.

This other Guantanamo is scattered among many prisons in the province of Guantanamo and around all of Cuba, including on the Island of Pines. The concentration camp food and the lack of water, the poor hygiene and the overcrowding, and the inhumane conditions and treatment are present in all of them. The health of almost all Cuban political prisoners, not just those of the Cuban Spring, has deteriorated, and many will suffer the consequences for life. Some peaceful political activists, such as Francisco Chaviano, have been in jail for more than 10 years.

As of yesterday, those arrested in the Cuban Spring incidents have served four years of unjust sentences. It does not matter that they were convicted because of arbitrary and false trials and laws that were illegally applied against them. One only has to read the official accounts of the summary trials to see that the reasons for which these people were sentenced have nothing to do with the charges against them.

There is, unfortunately, a growing tendency to talk only about the suffering of these inmates and to say nothing about how they came to be imprisoned in the first place, as if they were victims of bad luck and not of a regime that applies force unjustly.

The world should know that they were jailed for peacefully defending and promoting human rights. Many were unofficial, independent journalists who broadcast their opinions and criticisms in a transparent manner. Others participated in projects to promote and defend human rights and labor union rights. Still others participated in civic organizations that pursued peaceful changes toward democracy. The majority of Cuban Spring prisoners were and still are organizers of the Varela Project (http://www.oswaldopaya.org), a citizen’s petition — legal under Article 88G of the Cuban constitution, which allows voters to present a bill to the National Assembly and to demand a referendum — for change.

I am not defending a particular project; I defend the rights of citizens. More than ever, the Cuban people need and desire a peaceful solution to the country’s political situation, a transition to democracy, respect for human rights and freedom. For this reason the campaign continues — this and because our jailed brothers who helped launch the campaign continue to support it. If the world understands these peaceful citizens’ participation in this campaign and other civic activities, people will understand the injustice of these imprisonments — an injustice that is perpetuated as long as they remain in prison — and the nobleness and legitimacy of the cause that we defend together. I hope that this will awaken their solidarity.

Much has already been said about these events. I hope that reports of the hunger strike resonate, because each of these prisoners is a flesh-and-blood person who is risking his health, and his life, in defense of his personal dignity and that of the other political prisoners. This article should not serve as a commemoration of their imprisonment but as a denunciation. We should speak not of an injustice that occurred four years ago but of an injustice that has lasted four years, here in the other Guantanamo, the one that has not yet become a scandal.