Cuatro días en Sevilla

Por Avi Shlaim, profesor de investigación de la Academia Británica en el St. Antony’s College de Oxford (EL PAIS, 09/09/04):

De los incontables simposios dedicados al conflicto palestino-israelí a los que he asistido en los pasados 33 años, el organizado por Daniel Barenboim en Sevilla ha sido con mucho el más estimulante, constructivo y esperanzador. El simposio se desarrolló paralelamente a los ensayos de la West-Eastern Diva Orchestra que Barenboim creó en 1999 con su amigo Edward Said, el académico y crítico palestino fallecido el pasado septiembre. La orquesta era el logro del que Said más orgulloso se sentía. Está compuesta por jóvenes músicos israelíes y árabes que todos los veranos se reúnen para ensayar intensivamente y realizar una gira de conciertos. El encuentro este año estuvo teñido de tristeza porque en él se iba a dar un concierto en memoria de Edward Said.

Entre los participantes en el simposio había varios israelíes y palestinos de tendencias moderadas, el ex presidente socialista Felipe González y miembros de la familia de Said. Mariam explicó que su difunto esposo había dedicado a este proyecto gran parte de su vida porque estaba entregado a la causa palestina y porque creía en la fuerza de la música para derribar las barreras nacionales. Wadie añadió que su padre se había embarcado en este taller por el talento fuera de lo normal de Daniel Barenboim, y porque ofrecía la oportunidad de hacer algo concreto y constructivo en lo que participaran ambos bandos. Naila recordó que su padre siempre le decía que él y su generación estaban demasiado enredados en la historia de este trágico conflicto, y que la única esperanza de cambiarlo estaba en los jóvenes de la generación de ella.

La cultura es un recurso de enorme poder, y Barenboim y Said usaron este recurso con una finalidad positiva: la coexistencia pacífica entre judíos y árabes en Palestina. En una frase memorable, Said describió a los palestinos como víctimas de las víctimas. Los palestinos, recalcaba, tienen que entender el impacto que el Holocausto tuvo en la psique judía, especialmente en su obsesión por la seguridad, para poder comprender la actitud de los judíos hacia ellos. Los israelíes, por su parte, tienen que reconocer que la creación de su Estado en 1948 supuso una injusticia monumental para los palestinos. Lo que Said quería no era hacer borrón y cuenta nueva respecto al pasado, sino comprender mejor las raíces de este conflicto, adoptar una perspectiva de contrapunto respecto a sus historias paralelas, como a él le gustaba decir. Éste fue un hilo conductor persistente en la obra de Said, desde La cuestión de Palestina hasta su último artículo. El propio Said era una combinación de una gran humanidad con un fuerte sentimiento de la dignidad. La cooperación entre las dos tribus enfrentadas en Palestina era su objetivo supremo, pero no a expensas de la dignidad de su propio pueblo. Este hincapié en la importancia del respeto mutuo es una parte importante de su legado.

Los debates que precedieron a la redacción de las conclusiones de Sevilla abarcaron muchos temas, pero hubo consenso absoluto respecto a un punto: la interdependencia entre ambas partes en conflicto. Nos guste o no, israelíes y palestinos están sencillamente destinados a vivir juntos, codo con codo, en ese pequeño trozo de terreno. De ahí se deduce que lo que es bueno para una parte lo es para la otra. Todos los esfuerzos previos para resolver este conflicto han fracasado porque lo enfocaban como un juego de suma cero, en el que la victoria de un bando se consigue necesariamente a expensas del otro. Nuestro objetivo era pasar de ese juego de suma cero a uno de suma positiva, en el que ambos bandos reducen simultáneamente sus costes y aumentan sus beneficios. Las ideas que presentamos no están dirigidas contra nadie: están encaminadas a ayudar a las partes a romper el ciclo de violencia, derramamiento de sangre y destrucción mutua. Estamos para construir, no para destruir. Nuestro objetivo no era proponer soluciones nuevas sino ofrecer una nueva definición del problema de siempre. Juntos hemos trabajado para crear una nueva narrativa de uno de los conflictos más amargos y prolongados de los tiempos modernos.

Al principio se señaló que, aunque el destino de ambos bandos está inextricablemente unido, el desequilibrio de poder difícilmente podría ser más pronunciado. Israel es un Estado soberano y una superpotencia militar, mientras que los palestinos son una comunidad débil y vulnerable que se encuentra aún en la fase de lucha por alcanzar la condición de Estado. Este enorme desequilibrio de poder es extremadamente perjudicial. Ha permitido el aplastamiento de las instituciones y la economía de los palestinos, la violación de sus derechos y un implacable acoso a su identidad colectiva. En lo que concierne a la parte israelí, la ocupación no proporciona seguridad alguna, socava los cimientos democráticos y empaña la imagen del país en el exterior. Como señaló Karl Marx, un pueblo que oprime a otro no puede permanecer libre. La verdadera paz entre Israel y los palestinos sólo puede basarse en la libertad y la democracia de los dos bandos y en una relación entre iguales.

Dada la asimetría de poder entre ambos bandos, es imposible alcanzar un acuerdo voluntario entre ellos. Hace falta una tercera parte que ejerza presión y ofrezca incentivos para la conciliación. Estados Unidos, la única superpotencia superviviente, es evidentemente la parte que debe desempeñar esta función, pero su historial no inspira confianza. En primer lugar, los palestinos no lo consideran un intermediario honrado, debido a sus fuertes tendencias proisraelíes. Y desde los atentados del 11-S contra las Torres Gemelas, Estados Unidos se ha inclinado aún más hacia Israel. El Gobierno de Bush parece aceptar el absurdo argumento planteado por Ariel Sharon de que la guerra que está librando contra el pueblo palestino forma parte de la guerra total de Estados Unidos contra el terrorismo. Cierto que el presidente Bush se unió a sus aliados en el Cuarteto para lanzar la Hoja de Ruta que preveía un Estado palestino independiente de Israel a finales de 2005. Pero no se puso verdadero empeño y no hubo continuación. Bush agravó el problema al respaldar el plan presentado por Sharon que contempla la retirada unilateral de Gaza y la anexión de hecho de grandes porciones de Cisjordania. Ésta no es una contribución a la Hoja de Ruta, sino la antítesis de un acuerdo negociado.

Con estos antecedentes, todos los participantes en el simposio, liderados por Barenboim y González, se unieron en un ruego apasionado para que Europa asuma un papel más activo a la hora de resolver la disputa entre Israel y los palestinos. Europa tiene el deber moral, el interés directo y la capacidad material para contribuir a la resolución de este conflicto. El papel que desempeñaron las potencias europeas en el estallido del conflicto entre judíos y árabes en Palestina les impone el deber moral de hacer todo lo que esté en sus manos para alcanzar una solución justa y equitativa. Pero no es sólo una cuestión de moralidad. En Europa reside un número significativo de judíos y un número todavía más considerable de musulmanes. El enconado conflicto de Oriente Próximo está alimentando el odio, la intolerancia y el antisemitismo en Europa. Si ésta no va a Oriente Próximo a atajar el problema de raíz, las repercusiones del conflicto se sentirán cada vez más fuertemente en su propio territorio. Por último, la Unión Europea es el principal proveedor de ayuda exterior a la Autoridad Palestina y el mayor socio comercial de Israel. Por consiguiente, está bien situada para ejercer su influencia en el frente diplomático.

El sonido de la música clásica europea proporcionó el telón de fondo más estimulante a las discusiones del simposio. Criados en la enemistad, estos jóvenes de talento excepcional dan ejemplo con su devoción a las exigencias de su arte común. Juntos interpretan con maravillosa energía y unanimidad en una orquesta más grande que la vida misma. Cuando miramos a la orquesta es completamente imposible distinguir a los israelíes de los palestinos. De hecho, el taller es un experimento que ha tenido un éxito brillante sobre cómo romper los estereotipos nacionales y establecer una colaboración artística más allá de los frentes de guerra. Ni los israelíes ni los árabes se necesitan unos a otros para dar un concierto impresionante. Pero el carácter cooperativo y cosmopolita del proyecto realza la calidad de su música. La West-Eastern Divan Orchestra constituye un faro de esperanza en el sombrío panorama político de Oriente Próximo. Lo difícil es trasladar este imaginativo concepto artístico al ámbito de la política. Nadie en Sevilla subestimó la magnitud del desafío, pero el optimismo se palpaba en el ambiente. Por el ejemplo personal que dio, tanto en el taller como en el simposio, Daniel Barenboim nos contagió a muchos su confianza en que lo imposible es más fácil de lograr que lo difícil.