Cuba no merece un acuerdo con la UE

Sin duda, buena parte de la desafección detectada entre los votantes del presidente Rajoy es debida a la errática política –contraria el programa electoral del PP– del Ministerio de Asuntos Exteriores. En efecto, según el último barómetro publicado por el CIS, el 58,9 por ciento de los votantes del PP tienen poca o ninguna confianza en el Sr. Rajoy. Considerado el conjunto de la opinión pública española, esa desconfianza hacia el presidente alcanza el 85,2 por ciento. Uno de los motivos de esa desconfianza es, entre otros muchos, la nueva política del Gobierno del PP sobre Cuba.

En nuestra relación con Cuba, el actual ministro imita las iniciativas del anterior gobierno socialista y ha cambiado, sin previo aviso ni debate, la política tradicional del PP durante veintidós años defendida, tan fervientemente como olvidada, por el Sr. Moragas entre 2004 y 2011. Una posición que era muy clara: apoyo a la disidencia y al objetivo de democracia en Cuba. Pues bien, esa política se ha alterado en la presente legislatura y el ministro de Asuntos Exteriores comparte la línea moratiniana de favorecer las «reformas» de Raúl Castro, olvidando por completo el apoyo tradicional del PP a la oposición democrática, tanto a la histórica como a los nuevos movimientos de jóvenes disidentes.

Si el Gobierno Zapatero-Moratinos pretendió, sin conseguirlo, eliminar la Posición Común Europea de modo que fuera posible un acuerdo de Cooperación Cuba-UE, he aquí que el actual ministro popular pretende lo mismo que Moratinos, pero con distintas palabras. Consiste en el engaño de mantener la Posición Común y a la vez apoyar decididamente la firma de dicho Acuerdo de Cooperación, actualmente en trámite. Pero los Castro, denunciados por la familia de Oswaldo Payá por haber cometido un crimen de Estado, ¿son merecedores de ese acuerdo Cuba-UE? Según el Gobierno español, sí; según la oposición democrática cubana, no.

En la UE, la opinión de España sobre Cuba es decisiva. El Gobierno español lidera en Bruselas el proceso de aprobación de este Acuerdo, y no tiene la excusa de poder decir que está siendo arrastrado en este tema por otros países de la UE. Y así se explica la manifiesta hostilidad personal del señor Margallo hacia el señor Carromero, testigo y víctima de un crimen execrable. Ángel Carromero ha sido y es un estorbo en el nuevo camino de buenas relaciones del Gobierno español con la dictadura cubana, y cuanto peor se le trate, más méritos cree el ministro que hace con Raúl Castro. No sabe lo equivocado que está. Moratinos hizo tantos méritos como el actual ministro y Cuba no le votó para ser director general de la FAO.

Pero ¿alguien cree que en Cuba se han iniciado reformas o una mínima transición? Para que haya tal propósito o dinámica tienen que darse dos circunstancias: el fin del hostigamiento a los disidentes y el inicio de conversaciones, de diálogo, con algunos líderes representativos de la oposición. Ni una cosa ni otra cosa se han producido en Cuba. El informe de represión en Cuba de la Comisión Cubana de Derechos Humanos recoge, sólo en septiembre de 2013, 708 actos de agresión de la Policía política cubana contra disidentes, detenidos temporalmente o procesados. En cuanto a conversaciones del Gobierno cubano con la oposición democrática, el testimonio de Dagoberto Valdés y otros disidentes es terminante: no hay diálogo. En este marco, ¿cómo se justifica un acuerdo Cuba-UE, contradiciendo la letra y el espíritu de la Posición Común? ¿Cómo se explica la nueva complacencia del Gobierno del PP con la dictadura cubana?

Esta complacencia con los Castro es uno de los motivos de nuestra deficiente relación con los Estados Unidos, sólo comparable a la etapa de Zapatero en cuanto a frialdad, lejanía e insignificancia. Y ya se saben las consecuencias de tener relaciones irrelevantes con la primera potencia mundial. Desde el punto de vista americano el Gobierno español es «no fiable», es decir, conocen y comparten la desconfianza de la inmensa mayoría de los españoles. Por ello, el ministro pretende que lo que no se tiene de fondo se obtenga con apariencias. Desde hace dos años, Exteriores ha intentado conseguir una cita del Sr. Rajoy con el presidente Obama. Fracasado el intento en Washington, la reunión del G20 en San Petersburgo era la oportunidad de obtener al menos una foto junto al presidente norteamericano, gracias a un encuentro «casual» caminando por un pasillo. Pero entre esa foto y una relación bilateral relevante para España con los Estados Unidos media una distancia que hasta el ministro de Asuntos Exteriores es capaz de comprender.

En Cuba no hay reformas democráticas, y por tanto la Posición Común está plenamente vigente. O se deroga la Posición Común, cuando proceda, o se atenta contra uno de los pilares de la UE: el cumplimiento de sus acuerdos y compromisos que impiden que un régimen totalitario tenga un Acuerdo de Cooperación con la UE.

Guillermo Gortázar, presidente de la Fundación Hispano-Cubana.

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