Cuestión de confianza

Ya conocemos las exigencias de recapitalización del Banco de España a cajas y bancos que operan en nuestro país, poco más de 15.000 millones de euros. Una gran cantidad, sin duda, pero menos de lo que los agoreros analistas preveían… ¿o no? Nos encontramos en medio de una auténtica ceremonia de la confusión alimentada por las más que razonables prisas para que los analistas dejen de meterse con España en general y con su sistema financiero en particular. En una ensalada cada vez más agria se mezclan necesidades de capital, saneamientos, nuevo marco regulatorio y sensaciones subjetivas.

El sistema financiero vive de la confianza, es confianza. En el fondo, tan escaso es el 6% como el 8% de capital, porque el sistema financiero está pensado para que el dinero circule, no para que se acumule en los balances de los bancos. Pero porque la duda es letal, el Gobierno se esfuerza en demostrar que todo está controlado, incrementando la transparencia y exigiendo más que nadie. El gran problema no está en la situación real del sistema, sino en los mecanismos de explicación de nuestro saneamiento. Probablemente ha habido errores aquí en varios niveles y uno de ellos, no menor, ha sido hacer tan famosas en el exterior a las cajas de ahorro culpándolas, injustamente, de todos los males. Pero hay que reconocer que enfrente tenemos analistas con poca experiencia y menos ganas de escuchar. Las casas de rating y los bancos de inversión vienen de ajustes severos en sus plantillas y el seguimiento de nuestro sistema lo realizan, en general, brillantes jóvenes con su MBA recién estrenado, muchos de ellos españoles residentes en Londres que tienen que hacer méritos y que no han conocido ninguna crisis bancaria. Si de algo debería haber servido la crisis global, es para bajar a los sabios de sus torres de marfil… Lamentablemente, no ha sido así.

Nos guste o no, sea por razones justas o no, la presión internacional sobre nuestro sistema financiero es muy alta. Y el Gobierno hace bien en tratar de rebajarla por todos los medios. Por eso, en el stress test de junio participó el mayor número de entidades de toda Europa y con las condiciones más duras. Por eso, el reciente ejercicio de transparencia sobre exposición inmobiliaria, que no se ha reproducido en ningún país. Y ahora se exige un nivel de capitalización altísimo, adelantando en varios años las exigencias regulatorias en un ejercicio solo comparable al realizado por Suiza. Sirva o no el ejercicio para acallar a los agoreros, este ha sido de una gran dureza, que debe ser cuando menos reconocida.

Las dos filiales internacionales, Barclays y Deutsche Bank, han recibido un pellizco que en el fondo es un guiño. Siendo las entidades que son, su recapitalización no preocupa lo más mínimo. Será un simple apunte contable. Y, tal vez, alguna se anime a comprarse algo por estos lares. En cualquier caso, no viene mal mandar un mensaje de rigor a Londres y a Fráncfort. Los dos bancos nacionales afectados, salvando las distancias de tamaño y situación, ya tienen encaminadas sendas ampliaciones de capital sin problemas.

Y llegamos a las ocho cajas. Ocho casos diferentes, pero a las que no ayuda nada tanta transparencia y presión. Las que tienen planeado salir a bolsa no tendrán que llegar al 10%, solo al 8%. Poner el listón al 10% es un mensaje de que esto va en serio, que o salen a bolsa o salen a bolsa. Y hay que preguntarse quién podrá. Probablemente, las más grandes, Bankia, Banco Base, Banca Cívica, BMN… Por debajo, el tamaño no da para una colocación.

Asumiendo que estas cuatro entidades podrán realizar sus colocaciones en plazo y forma (con el permiso de las crisis mundiales que se empeñan en zarandear los mercados), la situación de las otras cuatro cajas es más complicada, por tamaño y/o por el volumen relativo de sus necesidades de capital. Está más que asumido que ninguna de estas cajas podrá igualar la valoración marcada por CaixaBank de 0,8 veces sus recursos propios. Varias de estas cajas valen menos que la suma de las necesidades de capital y el dinero del FROB del que ya han dispuesto. La entrada del FROB o la integración en otro proyecto parecen la única solución.

Por duro que sea el ejercicio, está por ver si sirve de algo. Los analistas dirán, con razón, que la sobrecapitalización está muy bien, pero que lo importante es la calidad del balance y que el agujero puede ser superior a 15.000 millones… Puede serlo, o puede que no. El agujero evoluciona porque lo que determina la diferencia entre lo registrado en libros y lo que se podrá cobrar depende del precio de las garantías, de los inmuebles, y nadie tiene la certeza de si el mercado ha tocado fondo o no. Si seguimos en la senda de la recuperación, esos 15.000 millones son más que suficientes. Si la crisis del petróleo complica las cosas, el consumo no tira, el paro sube, etcétera, entonces los problemas seguirán. Lo que vemos hoy es una foto, dura, exigente, pero solo una foto. Nadie conoce el final de la película, ni siquiera los brillantes analistas con su máster todavía a medio pagar residentes en la City.

José Antonio Bueno, socio de Europraxis.

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