Dar contenido al modelo social europeo

Por Carlos Trevilla Acebo, representante de UGT en el Consejo Económico y Social (CES) de Euskadi (EL PAÍS, 27/01/07):

Lo que pasa en la Unión Europea, a pesar de su lenta, desequilibrada, titubeante y a veces unidimensional construcción, dada la preeminencia del mercado único, es el referente determinante para afrontar la mayoría de nuestros problemas económicos, políticos y sociales. Por ello, tomar el pulso a Europa de modo continuado es algo tremendamente útil. En la actualidad, hay tres temas de capital importancia en la agenda europea: la innovación, la inmigración y la energía, esta última de plena actualidad por los problemas del abastecimiento con Rusia. La dependencia energética de la UE es creciente y preocupante. Se prevé que en 2030 se dependerá en un 90% de las importaciones de petroleo y en un 80% de las del gas, con los importantes y graves riesgos económicos, sociales, ecológicos y de seguridad para la UE que ello implica. Estamos asistiendo a una mejora del panorama económico europeo, con un crecimiento del 2,5% y una reducción del desempleo hasta el 8% en la UE-25 y al 7,8% en la zona euro. Pero lo más importante es analizar las discusiones de fondo, que tienen un calado estratégico y que configuran esa utopía europea, que no es otra cosa que la supervivencia, a pesar de los pesares, de lo que se viene denominado “modelo social europeo”.

En el diario oficial de la UE del 16 de noviembre de 2006, se publicó un dictamen del Consejo Económico Social Europeo (CESE) con el siguiente título: La cohesión social, dar contenido a un modelo social europeo. De este extenso dictamen voy a recoger únicamente aquellos contenidos que considero útiles tanto para afrontar los problemas de una construcción europea completa como para dar perspectivas a los problemas de convivencia, de bienestar económico, de déficits sociales y ausencia de dialogo social en las relaciones laborales que percibimos en la sociedad vasca. Los desafíos europeos son también los nuestros: la competitividad y el empleo, la inclusión social y la lucha contra la pobreza, los efectos de la globalización, las cuestiones de género, la migración, la evolución demográfica. Tenemos que sentirnos orgullosos de ser europeos y de contar con un sistema de valores que proporcionan la base para cualquier discusión sobre los rasgos comunes de un modelo social. La UE tiene como cimientos determinados valores comunes: libertad, democracia, respeto a los derechos humanos y a la dignidad, igualdad, solidaridad, diálogo y justicia social.

El dictamen afirma que el modelo social va mas allá del significado tradicional del término social. Se compone básicamente de tres bloques principales: objetivos económicos, sociales y medioambientales. En la interacción de los tres, en el contexto de la globalización, es donde tiene lugar el desarrollo concreto del modelo social. Su fuerza ha venido determinada por la forma en que han interactuado la competitividad, la solidaridad y la confianza mutua. No cabe considerarlo nunca como un algo definitivo en ningún sentido. Debe ser dinámico y capaz de responder a los retos que surgan desde dentro y desde fuera. En este contexto hay que definir contenidos transversales y compartidos.

A pesar de la diversidad de los sistemas nacionales, existe un modelo social europeo bien definidos, en el sentido de que todos los sistemas nacionales de los Estados miembros de la UE se caracterizan por la coherencia entre eficacia económica y progreso social. Al mismo tiempo, la dimensión social funciona como un factor productivo. Por ejemplo, una buena legislación en materia de salud y de trabajo proporciona buenos resultados económicos. Las políticas sociales y de mercado de trabajo, cuando están bien concebidas y cuentan con el respaldo de los interlocutores sociales, pueden ser una fuerza positiva tanto para la justicia y la cohesión social como para la eficacia y la productividad económica. Los subsidios de desempleo, junto con políticas del mercado laboral activas, estabilizan la economía y promueven una adaptación activa al cambio a través del perfeccionamiento de las competencias e iniciativa eficaces en materia de búsqueda de empleo y reconversiones. Las inversiones públicas en infraestructuras materiales y recursos humanos, realizadas con fines bien específicos, pueden contribuir a los objetivos económicos y sociales. Ambos aspectos pueden y deben reforzarse mutuamente. La participación activa de los interlocutores sociales y de la sociedad civil pueden mejorar la cohesión y aumentar al mismo tiempo la eficacia económica.

Un estudio de Didier Fouarge sobre el costo de la ausencia de política social concluye que es un factor productivo, aunque sus costes son en general visibles a corto plazo, mientras que sus beneficios sólo se ven a menudo a largo plazo. Las políticas sociales basadas en inversiones en capital humano y social contribuyen a una mayor eficacia económica al mejorar la productividad y la calidad de la mano de obra. Para implementar dichas políticas públicas el informe afronta la necesidad de la armonización fiscal. Es un hecho reconocido que Europa necesita desarrollar y coordinar políticas económicas para contrarrestar perturbaciones del mercado; por ejemplo, la competencia fiscal perniciosa. Tales perturbaciones ejercen presión sobre los sistemas sociales y sobre sus bases financieras. Esto es muy importante aquí y ahora.

La reafirmación y la revalorización del diálogo social, calificándolo de expresión vital del dialogo social europeo, es otro valor añadido que se resalta con intensidad, con una afirmación tajante: la participación de los trabajadores garantiza que los continuos cambios estructurales de las empresas sean un éxito para todas las partes interesadas. Es necesario buscar un nuevo equilibrio entre la flexibilidad y la seguridad que fomente el empleo y la innovación, como también han señalado muy recientemente los interlocutores sociales en su programa de trabajo conjunto. Es especialmente útil que los interlocutores sociales lleguen a acuerdos sobre medidas para reducir el paro juvenil. El desempleo constituye, en sí mismo, una tragedia; pero el desempleo que afecta a los jóvenes generaciones es una amenaza para el propio tejido de la sociedad democrática europea.

El modelo social europeo y sus características son actualmente objeto de vivo debate. Conviene recordar que el proyecto del Tratado Constitucional no tuvo el apoyo de la opinión pública y las perspectiva delineadas en él no se han materializado. Otros acontecimientos que han venido también a alimentar el debate y que han sido utilizados interesadamente por los grupos de opinión más conservadores son las medidas para afrontar los nuevos retos como la globalización económica, el desarrollo de nuevas tecnologías, el envejecimiento de la población, la reforma de las pensiones, el desgraciado proyecto de directiva sobre los servicios y un conjunto de temas de políticas públicas que determinan su futuro.

El análisis y las cuestiones centrales del modelo social europeo deberían utilizarse como base para el debate y el diálogo en los estados miembros, ofreciendo así a los ciudadanos un nuevo medio para expresar su opinión acerca de qué clase de Europa y qué modelo social quieren. La continua utilización de Europa para legitimar ajustes de derechos y recortes de la protección social es el peor servicio que se puede hacer a la construcción europea, ya que se debilita el reconocimiento, la utilidad y el respaldo de los ciudadanos a lo fundamental: la defensa del modelo social europeo.