De Belfast a Bilbao

Julen Madariaga fue miembro del grupo de estudiantes que creó Ekin–ETA en el año 1.959. Tras desilusionarse con lo métodos de ETA, rompió sus vínculos con la organización terrorista en 1.980. En el año 2.002, colaboró en la creación de Aralar, un grupo político que apoya la independencia vasca. Madariaga trabaja, también, como abogado (THE GUARDIAN, 19/04/06):

ETA no puso condiciones para el alto el fuego anunciado el pasado día 22 de Marzo, aún cuando ciertos medios de comunicación centraron toda su atención en que esta organización política armada, en su comunicado, describía el fin de su campaña como “permanente”.

Yo creo que dicha palabra fue elegida debido a dos razones. En primer lugar, a que el grupo armado quería evitar el término “definitivo”, tras llegar a la conclusión de que no sería el más apropiado después de haber sido utilizado para describir otras situaciones de alto el fuego previas que posteriormente no llegaron a perdurar. Y, segundo, porque querían dejar claro que en tanto en cuanto las negociaciones continúen en marcha, no se producirá ningún movimiento unilateral por parte de ETA que pueda llevar a la ruptura del mencionado alto el fuego. En consecuencia, cualquier ruptura de las negociaciones habría de ser mutuamente acordada por las partes.

Tengo la impresión de que la gran mayoría de los medios de comunicación —especialmente los de Francia y España— han asumido, a este respecto, una misma línea argumental: la de que ETA se había visto forzada a seguir esta vía debido a que las campañas llevadas a cabo por las policías francesa y española habían logrado dejar a la organización muy debilitada. Sin embargo, no es ésa mi opinión.

Las ofensivas policiales podrían haber supuesto entre un 10% y un 15% del deterioro del grupo, pero el factor principal ha sido la pérdida de su credibilidad y apoyo públicos. Desde finales de la década de los 80, los sucesivos liderazgos de grupo armado de liberación nacional se fueron distanciando, cada vez más, de nuestro pueblo, haciendo oídos sordos a sus deseos, lo que llevaría a un completo divorcio entre ambas partes a finales de los años 90. La sociedad vasca es, en gran medida, la responsable del histórico anuncio del mes de marzo.

Por mi parte, yo creo que tanto ETA como la izquierda ‘abertzale’ [un movimiento nacionalista aliado con la organización terrorista] son serias en sus intenciones y muy sinceras cuando expresan sus deseos de una paz justa y duradera. Pero no veo que ocurra de igual manera con las autoridades francesas y españolas. (París no interviene directamente, aunque sus intereses se encuentran totalmente a salvo estando en manos de Madrid).Quizás, y fuertemente influenciado por las escandalosas experiencias del pasado, mi desconfianza hacia el primer ministro de España, José Luis Rodríguez Zapatero, es muy considerable, y, más particularmente, si se tiene en cuenta la enorme presión bajo la que se encuentra, proveniente tanto desde dentro como desde fuera de su propio partido. Todavía estamos todos experimentando un profundo sentido de la decepción tras los lamentables sucesos que han rodeado la negociación del nuevo Estatuto de Autonomía de nuestros amigos catalanes.

En este sentido, el delito de Zapatero consistió en declarar, pública y solemnemente, que respetaría el texto que saliera del Parlamento de Cataluña, antes de que se volviese atrás de sus palabras y comenzara a negociar acuerdos con la oposición en lugar de con el gobierno catalán. Es altamente probable que Zapatero intente seguir el mismo procedimiento con los vascos, en un dudoso intento de dividir para controlar.

Pero el actual alto el fuego va a servir, en buena medida, para arrojar una gran cantidad de luz sobre las perspectivas políticas de nuestra nación. Ahora que la espada de Damocles que anteriormente pendía sobre ellos ha desaparecido, los partidos políticos, los sindicatos y todos los grupos sociales van a tener la oportunidad de desarrollar sus ideas en completa libertad. Los diferentes grupos sociales podrán moverse espontáneamente y con toda naturalidad. Habrá, con toda seguridad, diversos cambios y reagrupamientos, pero todos ellos podrán, sin lugar a la menor duda, dedicarse, al cien por cien, a la política.

Todo lo anterior supone, claramente, no sólo un hito histórico, sino, también, una condición ‘sine que non’. Empero, todos debemos evitar cualquier clase de triunfalismo y reconocer que, en realidad, nada se ha resuelto hasta la fecha. El momento de la verdad está, tan sólo, a punto de comenzar. El proceso será largo y se verá asaltado y entorpecido por más de una trampa, por muchas artimañas y por preocupantes retrasos.l parecer, ETA retrasó el anuncio de su alto el fuego durante varias semanas, o posiblemente durante algunos meses, debido a que estaba intentando reforzar al máximo, entre sus filas, el compromiso con este paso que estaba dando. Tenía muy claro que cuanto mayor fuera la lealtad de sus militantes para con el alto el fuego, mayores serían las garantías del proceso de paz.

Resulta impactante la claridad y concisión de aquel breve comunicado de ETA, al igual que lo es la firmeza de la posición que mantiene respecto a que, en la resolución del largo conflicto vasco, tendrá que ser la sociedad vasca, en su totalidad, la que decida su propio destino. Nadie más que ella habrá de tener la última palabra.

Pero, en este caso, es, también, muy importante ser muy claro en relación con la diversidad de la población y con las diferentes consideraciones territoriales. Euskal Herria [‘El País Vasco’] tiene “seirak bat”, es decir, que está integrado por siete provincias diferentes, a saber: las provincias vascas de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, más la provincia de Navarra (en España) y tres provincias más (francesas) conocidas colectivamente como Iparralde.

Este esquema no se podrá imponer a nadie, ya se trate de vascos, de españoles o de franceses. Por el contrario, si se reconocen las diferencias existentes entre sus respectivas situaciones, en su desarrollo y en su evolución, dichos territorios se remodelarán, quedando plenamente garantizados los derechos de cada territorio histórico o parte del mismo.

La cuestión de las dos mesas de negociaciones también está tan clara y diáfana como el cristal. Una de ellas estará compuesta por representantes de todos los grupos políticos que actúan en Euskal Herria, sin exclusión o excepción alguna, y las autoridades españolas y francesas, además de algunos otros representantes tanto de ETA como de Madrid y París.Para mí, resulta de un carácter imperativo el que nadie hable de victorias o de vencedores y vencidos en un proceso que ha comenzado tan recientemente en nuestro país. A todo lo largo de la Historia se ha podido constatar que la capitulación de alguna de las partes en conflicto siempre ha conducido, y además de forma inexorable, a la humillación, a la frustración, al resentimiento y a la venganza. Cincuenta millones de personas murieron en la Segunda Guerra Mundial como consecuencia directa de la capitulación alemana frente a los aliados, en 1.918 y durante los años siguientes.

Mientras que las negociaciones estén en curso, la primera y más absoluta prioridad debe ser la de acometer el vergonzoso y espinoso problema de los prisioneros. La puesta en libertad de ocho o diez prisioneros de entre los que se encuentran en situación de prisión preventiva, o de los gravemente enfermos o de aquellos que hayan cumplido más del 75% de sus condenas crearía una verdadera ola de distensión en toda en Euskal Herria que, además, facilitaría enormemente las negociaciones. Y lo que es más, Zapatero podría hacerlo perfectamente, tan sólo con aplicar la letra de la propia legislación española (que hasta ahora, se ha visto sistemáticamente conculcada). O eso, al menos, es lo que yo haría dentro del contexto de un acuerdo que respete a las víctimas de ambas partes.

La segunda prioridad de Zapatero debería ser la de cursar instrucciones a la policía para que continúe con sus obligaciones diarias con profesionalidad y con absoluta independencia (incluyendo detenciones), pero con la singular condición de que, de ahora en adelante, el empleo de cualquier método de tortura quede totalmente erradicado. Estas instrucciones deberían, además, comenzar a ser aplicadas con carácter inmediato, algo que no requeriría ninguna clase de cambios en las leyes actualmente existentes.

El siguiente paso consistiría en solicitar al propio Zapatero que haga una declaración solemne, similar a la de los Acuerdos de Viernes Santo en Gran Bretaña, reconociendo que el problema vasco es de naturaleza política y no una mera cuestión militar o policial. Y que, como tal, requiere una solución política que ha de afectar a todo el pueblo vasco. Zapatero debería declarar, también, que actuará, en todo momento, de acuerdo con nuestra voluntad soberana y que nuestra decisión —adoptada por mayoría democrática— habrá de ser respetada por los gobiernos francés y español.

Yo llevo ya 15 o 10 años diciendo que en Euskal Herria debemos inspirarnos en la situación irlandesa. Es un ejemplo maravilloso del que deberíamos beneficiarnos grandemente.El anuncio del alto el fuego supuso, en su momento, un significativo impacto en la comunidad internacional —la Unión Europea, el Parlamento europeo, el Vaticano, China, los Estados Unidos y Rusia—, pero yo, por mi parte, considero que es esencial que Francia se involucre, también, en este proceso. Porque, tras las últimas declaraciones de la Ministra de Defensa francesa, Michèle Alliot–Marie, parece que todo apunta en esa dirección.

Como conclusión, hay que decir que la actitud del estamento judicial español, desde que se declaró el alto el fuego, ha sido vergonzosa. Un ejemplo que avala la anterior afirmación es la inexplicable detención de Arnaldo Otegi [líder del ilegalizado partido separatista Herri Batasuna]. Madrid debería aplicar una justicia de mejor calidad y con una mayor imaginación.

Zapatero nos viene machacando repetidamente con su idea de “prudencia, prudencia y más prudencia”. Estoy de acuerdo con ello. Pero la insostenible parsimonia con la que el presidente español está abordando la cuestión, nos lleva a considerar la posibilidad de que esta situación se nos pueda pudrir entre las manos, y con todas las consecuencias que una posibilidad así conllevaría. Que los espíritus le libren de jugar con fuego.

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Eta placed no conditions on its ceasefire announced on March 22, and certain media focused on the fact that the armed political organisation described the end of its campaign as “permanent”. I believe that word was chosen for two reasons. Firstly, the group wanted avoid the term “definitive”, which it concluded would be inappropriate having been used to describe previous ceasefires that did not endure. Secondly, it wanted to make clear that as long as negotiations continue, there will be no unilateral move by Eta to break the ceasefire. Any breakdown in negotiations would be mutually agreed as such.

It seems to me that the majority of media – especially in France and Spain – took the line that Eta was forced to take this course because campaigns by the French and Spanish police had left it weakened. That is not my opinion. Police offensives may account for 10-15% of the group’s decline, but the principal factor has been the loss of its public trust and support. Since the end of the 1980s, successive leaderships of the armed group of national liberation distanced themselves from our people and turned a deaf ear to their desires, leading to a complete divorce by the end of the 1990s. Basque society is in large part responsible for last month’s historic announcement.

I believe that Eta, and the leftwing “abertzale” [a nationalist youth movement allied to group] are serious in their intentions and sincere in their desire for a just and lasting peace. I do not see the same approach from the French and Spanish authorities. (Paris does not intervene directly but its interests are safe in Madrid’s hands.) Perhaps heavily influenced by scandalous experiences in the past, my distrust of Spain’s prime minister, José Luis Rodríguez Zapatero, is considerable, and particularly considering the enormous pressure he is under from both within and outside his own party. We still feel a keen sense of deception after the lamentable events surrounding the negotiation of the new statute of autonomy with our Catalan friends, in which Zapatero’s crime was to publicly and solemnly declare that he would respect the Catalan parliament before going back on his word to negotiate deals with the opposition rather than the government of the day. It is highly likely he will try the same approach with the Basques in a dubious attempt to divide and rule.

The ceasefire will do much to brighten the political outlook of our nation. Political parties, unions and social groups will be able to develop in complete freedom now the sword of Damocles hanging over them has disappeared. The different social groups will be able to move spontaneously and naturally. There will undoubtedly be changes and regroupings, but we will be able to dedicate ourselves 100% to politics.

It is clearly a transcendent milestone and “sine qua non”, but we should avoid triumphalism and acknowledge that nothing has actually been resolved so far. The moment of truth is only beginning, and the process will be drawn out and challenged by more than one trap, trick and worrying setback.

It seems Eta delayed the announcement of its ceasefire for several weeks, maybe months, while it tried to shore up maximum commitment to the move among its ranks. Clearly the stronger the militants’ allegiance to the ceasefire, the better the guarantee for the peace process.

The clarity and concision of Eta’s short statement are striking, as is the firmly held position that in resolving the long Basque conflict, it is Basque society as a whole, the people in its entirety, who will decide its fate. No one else will have the final word.

It is also important to be clear about the diversity of population and the territorial considerations in this case. Euskal Herria [the Basque Country] is “seirak bat” – seven provinces made one: the Basque provinces of Alava, Guipúzcoa and Vizcaya plus the province of Navarra [in Spain], and the three [French] provinces known collectively as Iparralde. The issue will not be forced on anyone, Basque, Spanish or French. On the contrary, if the differences in their situations, development and evolution are recognised, they will adapt and the right of each historic territory or portion of it will be guaranteed.

The question of the two negotiating tables is also crystal clear – one is to be made up of representatives from all the political groups operating in Euskal Herria without exclusion or exception and the French and Spanish authorities, and the other of representatives from Eta, Paris and Madrid.

It seems to me imperative that there should be no talk of victors and vanquished in the process that has just begun in our country. Throughout history, the capitulation of one side has irretrievably led to humiliation, frustration, resentment and vengeance. Fifty million people died in the second world war as a direct result of German capitulation before the Allies in 1918 and the following years.

As negotiation gets under way, the absolute first priority must be the shameful and thorny issue of prisoners. The liberation of eight or 10 prisoners from those in preventive detention, or the gravely ill or those who had served more than 75% of their sentence would have created a real wave of detente in Euskal Herria, and that would have greatly facilitated negotiations. What’s more, Zapatero could have done it while applying Spanish law to the letter (until now it has been systematically broken). It’s what I would have done, in the context of an agreement that respected the victims on both sides.

Zapatero’s second priority should be to instruct his police to continue their daily duties professionally and with complete independence (including detentions), but with the singular condition that henceforth all use of torture will be completely eradicated. This should also be applied immediately and requires no change to existing laws.

The next step would then be to ask Zapatero to draw up a solemn declaration similar to the Good Friday agreement in Britain, recognising that the Basque question is political in nature and not a matter for the military and police. As such, it requires a political solution, one that affects all Basque people, and he should declare that he will act in accordance with our sovereign will and that our decision – taken by a democratic majority – will be respected by both French and Spanish governments.

I’ve been arguing for 15 or 20 years now that we in Euskal Herria should take inspiration from the Irish situation. It is a wonderful example, and one from which we could benefit greatly.

The ceasefire announcement created a significant impact in the international community – the UN, the European parliament, the Vatican, China, the US, Russia – and I consider it essential that France is also involved in the process. After the last declarations of the French defence minister, Michelle Alliot-Marie, it would seem that everything points in that direction.

To conclude, the attitude of the Spanish judiciary since the ceasefire declaration has been shameful. One example is the unspeakable detention of Arnaldo Otegi, [the head of the banned separatist party Batasuna]. Madrid should employ better justice and more imagination. Zapatero repeatedly pounds us with the idea of “prudence, prudence and more prudence”. I agree. But the untenable parsimony that the Spanish leader has resorted to thus far could lead to the situation rotting in our hands, with all its consequences. May the spirits stop him from playing with fire.