De la propaganda a la mentira

Estoy quedándome atónito leyendo las falsas interpretaciones de políticos de primera fila, agencias y periódicos españoles, incluidos comentaristas de cierto prestigio, a propósito del último «comunicado de los presos políticos vascos» del día 23 de septiembre y las mil falacias montadas sobre él. Que si «un paso adelante», que si «una buena noticia», que si… Menos mal que, por una vez, el fiscal general del Estado lo ha calificado de «intolerable» y hasta le parece «una vergüenza».

En primer lugar, no ha habido ninguna «adhesión» al Acuerdo de Guernica del 25 de septiembre de 2010. En el texto del comunicado nunca se emplea tal expresión. Al revés, todo el interés del mismo está en recalcar que el Acuerdo de Guernica hizo suyos los postulados de los presos expresados en sus anteriores comunicados. Porque el primer propósito del Colectivo de Presos Políticos Vascos (EPPK en euskara), nombre que se repite 17 veces de una forma u otra en el texto, es subrayar su protagonismo en ese «salto en el proceso que tiene como meta dar una resolución democrática al conflicto político y a la violencia que vive nuestro pueblo», y que consiste lisa y llanamente en el «reconocimiento de nación de Euskal Herria, así como el derecho que tiene ésta para decidir su futuro y el respeto a la palabra de la ciudadanía vasca».

Ahí está dicho todo, y lo mismo se repite de varias maneras, desde hace muchos años, en todos los escritos de ETA y siglas afines. En el último comunicado de los presos etarras el sustantivo «democracia» y el adjetivo «democrático» se usan en 10 ocasiones, y seis veces las palabras «proceso” y conflicto», mayormente en la frase «proceso de resolución del conflicto», proceso democrático por excelencia, y que tiene poco que ver con el concepto de democracia de la política tradicional, igual que el concepto de paz del Acuerdo para un escenario de paz y soluciones democráticas -como se titula el Acuerdo de Guernica- tiene poco que ver con el concepto de paz tradicional. Cosa elemental que tantos comentaristas ignoran.

En este comunicado el Colectivo de Presos Políticos Vascos quiere hacer patente que es un agente importante en Euskal Herria, «así como forzoso en el proceso de resolución»; que su participación en ese proceso «es un derecho», y que no se les puede dejar de lado -de hecho se definen como «el referente para hacer el camino hacia la resolución definitiva del conflicto que los Estados español y francés han impuesto a Euskal Herria», el camino que lleva al escenario de la autodeterminación-. Referente «desde que nació el Acuerdo de Guernica [el proyecto], así lo cree el EPPK. Así se lo expresamos, primero a los agentes que firmaron el acuerdo y después a la sociedad vasca en febrero de 2010». Nada, pues, de adhesiones a un Acuerdo posterior, sino reivindicación de unos supuestos derechos de primogenitura.

En aquel entonces, recuerdan los presos de ETA (llamarse «políticos» es una rotunda y permanente justificación de su conducta), les pidieron a los agentes que hicieran el esfuerzo de que dialogasen todos juntos sobre todo lo dicho, que intercambiaran opiniones, para que el Colectivo «fuera parte del acuerdo» de una manera normalizada, en su desarrollo y actividad. Por eso muestran su satisfacción al haberlo conseguido: «Ha sido modélica y digna de aplauso la acogida que obtuvo nuestra invitación y la respuesta que ofreció el Acuerdo de Guernica». ¡Respuesta, no iniciativa!

Por lo demás, los presos -que se consideran «cautivos» de los Estados español y francés- claman por sus derechos, que no admiten dilación ni contrapartida; se oponen frontalmente a la «perversa política de beneficios personales», que consideran un «chantaje» (alusión más que clara a los presos de Nanclares de la Oca) y se encrespan una y otra vez contra aquellos (España y Francia), que «eternizan la cerrazón-ceguera y el conflicto».

No hay pues ninguna petición del fin de la violencia, como se ha dicho por ahí. Ni muchos menos se presenta como el colectivo que un día próximo podría inclinar a ETA a dar el paso decisivo.

Tampoco es del todo cierto que los presos añadan la petición de amnistía al Acuerdo del 25 de septiembre. Porque éste, en su párrafo sexto, al hablar del «cese de la política penitenciaria», y de todo lo que ésta lleva consigo, enumera las medidas concretas «como primer paso del camino hacia la amnistía», cosa que los presos repiten al pie de la letra, añadiendo, líneas más arriba, que la «amnistía total» es «la referencia y el sentido ineludible» del cese de esa política represiva. ¡Cosa lógica, si son presos políticos, en el sentido que la comunidad internacional da a ese sintagma!

No voy a repetir aquí lo que ya he escrito en otras ocasiones sobre el Acuerdo de Guernica. Pero quiero decir a los políticos que todavía no lo han leído y que, por lo visto, no quieren leerlo -lo que es aún peor- que la «declaración de ETA de un alto el fuego permanente, unilateral y verificable por la comunidad internacional, como expresión de voluntad para un definitivo abandono de su actividad armada» es sólo un párrafo más de entre seis, iguales en importancia, que exigen, por ejemplo, el cese de la política penitenciaria, la derogación de la ley de partidos o el reconocimiento de todos los derechos civiles y políticos, entre ellos el de autodeterminación.

Y que sólo y después, cuando todo eso se cumpla, en «un escenario de no violencia, con garantías de normalización política progresiva», según las partes firmantes del Acuerdo de Guernica, «será IMPRESCINDIBLE -la mayúscula es mía- activar espacios de diálogo y negociación política para abordar en su integridad las causas y consecuencias del conflicto». Cuyos contenidos no serán otros, como nos han repetido los presos etarras, en nombre de ETA, que «el reconocimiento tanto de la realidad nacional vasca como el derecho a decidir, y el respeto a la voluntad popular democrática sobre el modelo jurídico-institucional interno, y sobre el tipo de relación con los estados, incluida la independencia». Así de claro.

Claro que para esto no hay necesidad alguna ni de diálogo ni de negociación. Todo está decidido, a las malas o a las buenas, hace muchos años.

Por Víctor Manuel Arbeloa, ex senador navarro, escritor e historiador.

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