De vuelta de Marrakech

Hemos vuelto de Marrakech, donde al amparo de la COP22, y bajo los auspicios de la embajada española, presentamos el Centro UNESCO 2 de Reservas de la Biosfera, resultante de un acuerdo de UNESCO, Fundación Abertis y el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Un equipamiento con vocación de servicio, que da soporte a la Red Mediterránea de Reservas de la Biosfera. En este encuentro se puso de manifiesto la voluntad de apoyar las acciones de impulso a las estrategias de mejora de conservación de los recursos naturales y culturales de las dos orillas del Mediterráneo.

En cuanto a la clausura de la COP22, reunió de manera excepcional a representantes gubernamentales de 197 países. Estaba convocada bajo la esfera del acuerdo histórico de la COP21 de París, un acuerdo firmado unitariamente por todos los países. Marrakech ha tenido como divisa un objetivo de concreción, la puesta en marcha de acuerdos irreversibles de apoyo al acuerdo de París. En este acuerdo, se reconoce sin paliativos que el cambio climático es incontestable científicamente, hay consenso científico unitario, ratificado por los informes contrastados del IPCC, que evidencian que el calentamiento global es en su fracción más notoria, consecuencia de la actividad humana, convirtiéndose a día de hoy, sin duda en el problema más destacable para la seguridad ambiental de la humanidad.

COP22 representa sin duda un paso adelante frente a una problema tan complejo sobre todo a la hora de tomar acuerdos planetarios bien articulados y dada la heterogeneidad de las situaciones políticas, económicas y de civilización. Reconociendo la complejidad, se ha asumido que la acción específica sobre el clima es urgente, irreversible e implacable.

Un primer documento de cierre de acuerdos, firmado por líderes de todo el mundo, proclama que este es un impulso irreversible, acelerando las acciones en favor del clima a escala planetaria desde las acciones políticas, pero también de manera notoria desde las empresas, los inversores, las ciudades y las regiones. Se ha avanzado en el establecimiento de acuerdos a través de la financiación y de las iniciativas tecnológicas innovadoras.

Es remarcable la previsión de destino de paquetes muy relevantes de recursos económicos para el apoyo y desarrollo de tecnologías limpias, para los planes de acción por el clima y, entre otros, por la seguridad de los recursos hídricos y la misma seguridad alimentaria. Se ha fijado hasta el 2018 como límite para completar y definir estrategias y corpus normativos de aplicación de los acuerdos de París. Reconociendo la complejidad pero asimismo la necesidad de actuación y la urgencia de la implementación.

Algunos otros objetivos comprometidos y muy ambiciosos formulan un necesario proceso de descarbonización de los modelos productivos, en esta dirección se determina que el 100% de la energía sea renovable entre el 2030 y el 2050. A pesar de que parece un objetivo muy laxo, es sin embargo un objetivo imperativo, que debe iniciar el arranque de manera inmediata para el logro de la neutralidad climática mediante una auténtica transición hacia una economía con bajas emisiones de carbono.

Algunos de los acuerdos anunciados muestran los siguientes resultados: redacción de un manual de normas de aplicación efectiva de los acuerdos de París; mejora de la transparencia de la acción y de las metodologías, la medición y contabilidad de la reducción de emisiones, del cambio climático mismo, y del seguimiento de las medidas de aplicación de los acuerdos, mediante un sistema de supervisión, verificación y presentación de los informes; provisión de financiación para el desarrollo, y transferencia de tecnologías.

Recordemos que el objetivo principal de la aplicación de los acuerdos de París es que, a partir de Marrakech, alcancen niveles de definición aplicada básicos. Prosiguiendo con los esfuerzos para limitar el aumento de las temperatura en 1,5 ºC respecto a los niveles preindustriales. Sin embargo, el objetivo final de los acuerdos es estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, que eviten el impacto y las alteraciones de origen antropogénicos peligrosas para el sistema climático.

Sin lugar a dudas una gran causa para la humanidad.

Martí Boada, geógrafo y naturalista. Coordinador del Centro Unesco-Fundación Abertis para las Reservas de la biosfera de los Ecosistemas Mediterráneos.

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