Debilidad militar europea

Por José M. de Areilza Carvajal, profesor de Derecho Comunitario, Instituto de Empresa (EL CORREO DIGITAL, 05/09/06):

Las dificultades y restricciones para enviar 7.000 soldados europeos a Líbano confirman una vez más la inexistencia de una defensa europea digna de tal nombre. La preocupante realidad es que la suma de los 25 miembros de la UE, con sus 450 millones de habitantes y su 25% del PIB mundial, no tiene capacidades militares suficientes para reaccionar en el caso de que vuelva a desatarse la guerra en Líbano o en cualquier otra parte del mundo. Ni siquiera si el Reino Unido y Francia, las únicas potencias militares serias de nuestro continente, estuvieran totalmente involucradas en la misión en Oriente Próximo quedaría garantizada la capacidad de operación conjunta de tropas europeas en aquella zona o en cualquier otro escenario conflictivo. En una situación de guerra, sería imprescindible el apoyo decisivo de EE UU, ya que las tropas europeas no tienen resueltos elementos básicos como la logística, la interoperabilidad y el transporte.

Por eso los líderes europeos son realistas cuando se lo piensan y se preocupan por la peligrosidad de esta misión y piden que se aclaren las eventuales ‘reglas de combate’. Sólo después de muchas vacilaciones y dudas, varios países europeos han decidido enviar tropas a la misión de Naciones Unidas en Líbano. El alto el fuego es enormemente frágil y la presencia cuanto antes de una fuerza multinacional debe ayudar a su consolidación.

Sin embargo, hay muchas probabilidades de que el mandato de la ONU quede incumplido, ya que no se sabe quién desarmará de verdad a la guerrilla de Hezbolá. Pocos creen que el Ejército libanés sea capaz de desactivar estas milicias. Como ha escrito Jaime de Ojeda en ‘Blogeuropa.eu’, Hezbolá es un fenómeno propio de libaneses, por mucho que Siria e Irán lo estén auxiliando, y el Gobierno de Beirut no podrá imponer la disciplina que se le reclama contra un sector tan importante de su opinión pública.

En todo caso, a los europeos no se les encomienda esta tarea de desarme; como mucho, Naciones Unidas reconoce su derecho de autodefensa. Nuestras tropas se limitarán a garantizar el orden público, realizar labores de policía y apoyar la reconstrucción. El principio tan bien conocido por los veteranos de los Balcanes de que ‘EE UU cocina y Europa lava los platos’ sitúa a nuestros soldados en encomiables labores policiales y humanitarias, pero sólo en éstas. Por mucho que ensalcemos la especialización europea en estas operaciones de mantenimiento de la paz, sin capacidades militares que vayan más allá, el papel de la UE como actor global no es creíble y nunca convencerá a Washington de que es un socio político de primera magnitud.

Desde las guerras en los Balcanes en los años noventa, la UE ha dado pasos sucesivos para tener cierta capacidad de defensa autónoma al margen de la OTAN y de EE UU, pero este camino está jalonado de problemas e interrogantes, que no son objeto de suficiente debate público. La Fuerza de Reacción Rápida europea anunciada a bombo y platillo en el Consejo de Helsinki de 1999 no se ha puesto finalmente en marcha y su modesto objetivo de 60.000 soldados comunitarios disponibles para gestionar crisis, incluyendo operaciones de ‘peace making’, ha sido desechado por demasiado ambicioso.

El problema de fondo es que en buena parte de las sociedades europeas, una vez extinta la amenaza soviética, se ha extendido una mentalidad comodona y pacifista. Todo ello a pesar de que la barbarie del terrorismo ha cobrado mayor protagonismo tras el 11-S y de que han surgido otros peligros muy reales para la subsistencia del modo de vida europeo, como la proliferación de armas de destrucción masiva, los ‘Estados delincuentes’ y los conflictos regionales. Posiblemente la UE hace bien en aportar tropas a la difícil misión de paz en Líbano, pero no puede caer en la autocomplacencia ni dejar de escuchar las alarmas que suenan en el delicado terreno de su defensa.