Defender nuestra Constitución es defender su reforma

La Constitución de 1978 es un texto al que los españoles le debemos los mejores años de nuestra Historia. Los socialistas estamos orgullosos de nuestra Constitución. Es lógico. El PSOE es el partido que más contribuyó a su elaboración y puesta en marcha. De los que la redactaron, somos los únicos que quedamos en pie. Es un texto que, en muchos aspectos, refleja nuestros valores. De nuestro puño y letra se redactaron sus artículos más importantes. Asumimos los valores constitucionales y los defendemos.

La Constitución Española de 1978 ya tiene 39 años. De su trayectoria, llama la atención que solo haya sido reformada dos veces, las dos a iniciativa de la UE y para aspectos muy puntuales. Esto constituye una anomalía muy llamativa en el Derecho Constitucional comparado: desde 1958, Francia ha reformado su Constitución en 24 ocasiones; desde 1949, Alemania ha reformado su Constitución más de 60 veces; en un período de vigencia parecido al nuestro (desde 1976), Portugal ha afrontado 7 reformas constitucionales.

Esta parálisis está comenzando a poner en peligro la identificación de una parte importante de la población española con su Constitución. Son diversas las instituciones que, después de 39 años, necesitan ser reformadas. Hace 39 años no estábamos en la UE, ni había internet, ni éramos una sociedad de inmigración, ni nuestra economía estaba globalizada. Hace 39 años ni siquiera existían las comunidades autónomas.

Defender la Constitución, hoy en día, es, por tanto, defender su reforma. Actualizarla es la mejor manera de preservarla. Las nuevas generaciones, que no la votaron, tienen derecho a incorporar a la misma sus puntos de vista, sus anhelos y aspiraciones. No necesitamos una nueva Constitución, pero sí necesitamos que la actual se reforme para reafirmar lo conseguido y avanzar hacia el futuro. No debemos permitir que se pueda morir de éxito. Esta es la razón para la reforma, no contentar a los independentistas, como nos acusa irresponsablemente la derecha.

El PSOE no quiere imponer nuestra posición a todos los demás. Una reforma como la que proponemos sólo podrá salir adelante si es fruto del consenso, si cuenta con el apoyo de la gran mayoría de las fuerzas políticas. Pero para alcanzar dicho consenso hay que comenzar a hacer propuestas, para poder negociarlas y acordarlas. El consenso no cae del cielo ni es el punto de partida: hay que trabajarlo para llegar a él.

De ahí nuestra insistencia en la creación de una comisión en el Congreso en la que se pueda dialogar con el objetivo final de encarar la reforma. El consenso vendrá después del diálogo entre todas las fuerzas políticas, no puede ser una condición previa para poder hablar.

Se escucha mucho en los foros de opinión que los socialistas no tenemos propuesta de reforma constitucional. No es verdad: la tenemos aprobada en nuestro programa electoral de 2016, a disposición de todos los ciudadanos en nuestra página web. Gira en torno a cinco objetivos:

Blindar el Estado del Bienestar

El Estado del Bienestar es una conquista compartida por todo el pueblo español: no es patrimonio de nadie, es de todos. Por ello, su protección, al máximo nivel jurídico-constitucional, es tan necesaria.

En este sentido, en nuestra propuesta de reforma constitucional planteamos, entre otras cosas, reconocer como genuinos derechos fundamentales el derecho a la protección de la salud y a la protección de la Seguridad Social, para que los ciudadanos los puedan exigir directamente ante los Tribunales. O reequilibrar el artículo 135 de la Constitución en favor de la protección del Estado Social.

Fortalecer y ampliar los derechos fundamentales y las libertades públicas

Los derechos en España gozan de buena salud, pero en algunos aspectos deben ser objeto de necesarias mejoras, que suponen reformas constitucionales, y que deben servir para reforzar y ampliar los mismos, en beneficio de los ciudadanos. Derechos que debería incorporar la Constitución son, por ejemplo, el derecho a la muerte digna, o la prohibición expresa de la trata de seres humanos. Y en un mundo cada día más amenazado por fenómenos como el cambio climático, deberíamos reforzar los derechos medioambientales.

Una mención especial merece, entre todos, el derecho a la igualdad entre mujeres y hombres, que requiere de un tratamiento constitucional expreso y específico del que ahora carece. Después de casi 40 años, la Norma Fundamental debe reflejar el enorme cambio que ha experimentado en este terreno la sociedad española, realidad que una Constitución redactada en una Cámara casi exclusivamente masculina (la Constitución tiene siete padres, pero ninguna madre) no podía recoger.

Reformar la estructura territorial del Estado en un sentido federal

El Estado Autonómico ha sido un éxito. Gracias al mismo, España ha alcanzado niveles de desarrollo y de igualdad territorial nunca antes conocidos. Sin embargo, el modelo necesita de profundas mejoras y debe caminar hacia un modelo federal.

Un modelo federal que aúne igualdad con reconocimiento de los hechos diferenciales, que clarifique la distribución competencial, que constitucionalice los principios básicos de la financiación autonómica y que reforme el Senado para convertirlo en una auténtica Cámara de representación territorial. Una estructura federal que garantice una mejor convivencia, al conjugar profundización en el autogobierno con la participación efectiva de las comunidades autónomas en la construcción del país que todos compartimos, lo que redundará en una España más sólida, más fuerte. Un federalismo, en definitiva, que perfeccione la estructura del Estado para dar mejor respuesta a los problemas de la ciudadanía.

Reforzar la calidad de nuestras instituciones democráticas

También proponemos mejorar la calidad de nuestra democracia, revisando instituciones como el aforamiento, la iniciativa legislativa popular, en resumen, abriendo nuevos cauces de participación ciudadana.

Adecuar y reforzar nuestra articulación en la UE y nuestro vínculo con Iberoamérica

En un momento de fuerte euroescepticismo, España necesita reafirmar en la Constitución su compromiso con la integración europea. De la misma manera, debe reflejarse en ella la honda vocación de vinculación de España con los países hermanos de Iberoamérica.

La reforma constitucional, en definitiva, no es un fin en sí mismo sino el cauce para recomponer consensos rotos. El consenso territorial roto por el independentismo, sin duda, pero también recomponer el consenso roto entre las instituciones y sus ciudadanos, hoy descontentos con el funcionamiento de nuestra democracia. Y recomponer el consenso social reconociendo nuevos derechos, nuevas libertades, blindando nuestro Estado del Bienestar, principal sostén de la clase media y trabajadora española. Reformar nuestro marco de convivencia para hacer una Constitución avanzada para una España que avanza toda unida. Que no deja a ningún territorio ni a ningún ciudadano atrás.

El PSOE es un partido de mayorías porque entronca con las aspiraciones de la mayoría de los españoles. Casi todas las reformas que los socialistas hemos propuesto han acabado abriéndose paso, porque eran reformas meditadas, sensatas y necesarias.

Ésta también lo hará. La Historia nos enseña que quienes en un principio rechazan las reformas, al final acaban aceptándolas, defendiéndolas e incluso intentando apropiárselas con la fe del converso. Ya ocurrió con la Constitución de 1978, y estoy convencido de que volverá a ocurrir con la reforma que proponemos.

Lo creo porque creo que los españoles y las españolas no quieren más divisiones, ni fracturas. Vivimos en un tiempo de cambio y lo que necesitamos no es inmovilismo sino reforma, no es confrontación y ruptura sino unión.

Ese es el sentido de la reforma constitucional que proponemos. Una reforma que no va contra nadie sino a favor de un país que será más sólido siendo más solidario, que será más fuerte estando más unido.

Un cambio que una a jóvenes y mayores; a empresarios y trabajadores; a hombres y mujeres; a padres, alumnos y profesores. Un cambio que una a españoles y españolas de todas las generaciones y de todos los territorios en ese espacio, de todos y para todos, que debe ser nuestra Constitución.

En definitiva, una Constitución avanzada para una España que avanza.

José Luis Ábalos Meco es secretario de Organización del PSOE.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *