¿Déficit? La solución ya está inventada

Uno de los aspectos que más me sorprende en el actual debate de cómo atajar el problema del déficit público es que aparentemente, en términos del conocimiento acumulado, pareciese que partiésemos de cero. Es como si nadie hubiese estudiado este tema con anterioridad, como si se tratara de un asunto absolutamente novedoso a quien nadie antes le hubiese dedicado el más mínimo esfuerzo. Afortunadamente, la realidad en este tema, como en otros asuntos económicos, es muy distinta.

Existe una amplísima literatura teórica y aplicada que no deberíamos obviar. En este sentido, la evidencia empírica disponible sobre la materia confirma que los procesos, sólidos y duraderos, de consolidación fiscal son los que se realizan a través de la contención del gasto público y, en particular, del gasto corriente. Es decir, a tenor de los estudios econométricos disponibles, es el gasto público y no el ingreso la variable dominante en la determinación y evolución de los desequilibrios presupuestarios. Por ello, parece razonable pensar que mientras haya margen para aumentar la eficiencia y productividad del gasto público, España no debería incrementar el esfuerzo fiscal que exige a sus contribuyentes. Estos estudios, a los que mucha gente ha dedicado esfuerzo y dinero, también evidencian que, en el mejor de los casos, una subida sin más de los impuestos mejoraría los saldos presupuestarios en el corto plazo pero, en el medio y largo plazo, la propia dinámica de las instituciones presupuestarias y del funcionamiento del sector público aumentaría la gravedad del déficit.

Por otro lado, no debe olvidarse que atendiendo a las estimaciones disponibles de la elasticidad base liquidable-tipo marginal de los principales impuestos de nuestro país, el incremento formal de la carga fiscal marginal podría inducir, paradójicamente, pérdidas recaudatorias. Es decir, que podríamos conseguir incluso el efecto contrario al buscado.

Mi pregunta es: ¿por qué obviar los resultados que los estudios rigurosos nos proporcionan? ¿Por qué hemos de tirar por la borda el conocimiento que tan costosamente han acumulado las sociedades modernas? ¿Por qué los políticos y las instituciones democráticas se pueden permitir el lujo de no atender las recomendaciones de los que dedican su tiempo y esfuerzo intelectual al estudio de los problemas de nuestras sociedades?

Buscando un símil, es como si ante la angustia de una infección por bacterias decidiésemos obviar que el doctor Alexander Fleming descubrió la penicilina en 1944, o que llegada la noche nos preocupase la oscuridad pero despreciásemos la bombilla eléctrica, inventada por Thomas Alva Edison décadas atrás. Algo parecido es lo que ocurre con el problema del déficit público, nos preocupa pero voluntariamente decidimos obviar lo que nos dicen los especialistas al respecto.

Estimados señores del Gobierno, el éxito en la lucha contra el déficit pasa inevitablemente por reducir los niveles actuales de gasto público, reestructurar su composición y revisar, con determinación y prontitud, el marco institucional de los procesos presupuestarios y del propio funcionamiento del sector público. Antes de subir impuestos es necesario eliminar, por improductivo, mucho del gasto corriente actualmente existente, tanto en la Administración central, como en la autonómica y local, y definir unas reglas del juego que acoten un sistema de incentivos que asegure un funcionamiento más eficiente de las decisiones presupuestarias. No busquen más, la solución esta inventada y documentada.

José Félix Sanz, catedrático de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid.