Del maridaje se pasó a un ménage à trois

Lo que a Chávez le impuso el tirano Fidel Castro fue un maridaje entre la vieja y sanguinaria tiranía cubana y la naciente «Revolución Bonita» como le agradaba al tropero llamar a su revoltillo ideológico. De ese apareamiento resultó una provechosa resurrección del tiranosaurio cubano y de la arruinada isla, que por obra y gracia de los recursos petroleros inmensos con los que contaba Venezuela y por tanto Chávez que se adueñó de ella, pudo comprar conciencias en países e instituciones y reavivar ese enamoramiento de mucho «Huérfano» por una figura que les llene esa traumática carencia de paternidad.

Hoy cuando Raúl Castro ha resucitado como el más grande demócrata del continente americano y la mazmorra antillana se erige como una especie de Reino de paz, progreso y justicia a donde acuden presidentes y figuras relevantes del mundo a buscar consejo y apoyo de dos criminales y su banda de patibularios, ahora cuando la aterradora efervescencia de la violencia islamista obliga a reaccionar frente a esa expansión del terrorismo yihadista en todo el mundo hay que hablar claro y desempolvar la memoria.

Porque Cuba desde siempre ha sido refugio seguro de terroristas de variado cuño. Nadie puede poner cara de sorpresa cuando se le recuerde el balneario cinco estrellas que ha resultado para los asesinos de ETA la Cuba castrista. Tampoco que allí se echan fresco abyectos asesinos norteamericanos evadidos de la Justicia. Que frente al Caribe y a solo 90 millas del «Cruel Imperio» existieron y existen campos de entrenamiento de asesinos de las FARC, de los violentos montoneros y tupamaros del sur, de las brigadas yihadistas, de los círculos violentos del chavismo… Cuba castrista celebrando ser aceptada por un mundo de cómplices como «Zona neutral» para que los asesinos de las FARC cuadren su asquerosa impunidad y entren por la puerta grande y sin pecado original a la política colombiana y a repetir la tragedia de los pueblos de Cuba y Venezuela.

No es nueva mi alerta, mucho he denunciado a través de los medios la siniestra conversión de Venezuela en la base operativa de los planes de los Castro y por supuesto de sus aliados los terroristas internacionales.

Venezuela es una provincia cubana, la número 15, la más al sur y esos delincuentes redimidos controlan las Notarías y Registros, los Servicios de Identificación y Extranjería, la Fuerza Armada Nacional, el organismo de control electoral, y vaya detallazo: Hezbolá y otras organizaciones terroristas operan con absoluta tranquilidad en Cuba. Ya en septiembre de 2011 el diario italiano Corriere Della Sera denunciaba la presencia del grupo terrorista libanés en la isla de los hermanos Castro. La organización extremista libanesa Hezbolá ese mismo año estableció un centro de operaciones en La Habana a los fines de expandir sus actividades terroristas y facilitar la ejecución de atentados contra objetivos israelíes en Sudamérica, atentados como los que ya habían ejecutado bajo las órdenes de sus jefes máximos, los santones iraníes en Argentina los años 1992 y 1994. Horror que cuenta con cómplices de la talla de Cristina Kirchner, Héctor Timerman y tantos más. Que involucra al saliente gobierno de Cristina Kirchner, a la Venezuela de Hugo Chávez y a sus socios los santones iraníes. Triangulación del mal cuyos crímenes siguen sin culpables. Madeja diabólica de donde salen los hilos de la muerte, los hilos con los que tejen ese tapiz sangriento los que matan en el nombre de un dios demonio que quieren imponer.

Venezuela este próximo 6 de diciembre tendrá elecciones legislativas que no me dan confianza, porque Venezuela, como les digo, dejó de ser una nación soberana hace ya muchos lustros. Venezuela, provincia cubana más al sur, no se zafará fácilmente de la peste roja y menos de sus hermandades siniestras, ni de ese ménage à trois donde sus integrantes siguen repartiéndose lo que queda de país. Venezuela, a la que unos vándalos han convertido en el ojo del huracán devastador del narcotráfico. Unos vándalos de una izquierda canalla que siempre han justificado el negocio de la droga porque lo presentan como la manera eficaz de destruir a los Estados Unidos y también a las sociedades democráticas de Europa.

Usted, lector, que me está leyendo, posiblemente tema por sus hijos adolescentes, víctimas apetecidas del narcotráfico. Usted que quizá tiene detrás, resollándole en el cuello, a un terrorista islámico con pasaporte venezolano dado por los cubanos que controlan la identificación en mi país, o tal vez otorgado por uno de esa tribu de islamistas que nacidos en Venezuela se abalanzaron a engrosar las filas del chavismo permisivo a toda trasgresión, a todo crimen y bien se encargan de documentar a sus compinches yihadistas.

Usted, lector, que deseo que sepa el tamaño de la tragedia venezolana de la que no está exento ningún otro pueblo, tragedia que entre sus actos nos muestra y ha mostrado bastantes eventos electorales tan iguales a los que los Castro por casi 57 largos años han montado en su mazmorra caribeña. Usted recibirá noticias de esa elección legislativa donde opositores se medirán contra un narcoestado terrorista, abusador. Una pillocracia que sus jerarcas no pueden darse el lujo de perder, porque de perderla, quedarían despojados de la impunidad sobre crímenes espantosos entre los cuales destacan cientos de lesa humanidad.

Eleonora Bruzual, periodista.

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