Del ‘Prestige’ a las Canarias

La prensa gallega de hace unos días anunció que se acaba de descubrir, ocho años después, que Fomento no aportó grabaciones clave del día que alejó el Prestige y que tanto la jueza como la fiscalía rechazan reclamarlas ahora para no demorar el juicio. Se ve que les entró la prisa. Se ve, también, que la noticia acerca de la «ocultación» de pruebas no es mentira pues nadie desmintió lo que la prensa del 22 y 23 de octubre comunicó a los lectores gallegos algo interesados en el tema.

Quienes tengan memoria recordarán lo que entonces se escribió aquí acerca de los disparates cometidos durante las maniobras que dieron a pique con el petrolero capitaneado por Apostolos Mangouras. Al cabo de un año, alguna sesuda prensa madrileña dio en publicar reportajes abundando en lo que aquí se había comentando entonces.

Cuando hay un buen temporal, un barco debe ponerse a la capa, esto es, capearlo; es decir, ponerle la popa al oleaje y, con pocas revoluciones en sus máquinas, dejarse llevar, a pocos nudos de velocidad, hasta que el temporal amaine. ¿Qué se hizo con el Prestige? En vez de fondearlo en aguas mansas y rodearlo de tres barreras, situando en sus últimos bordes un par de petroleros que succionasen los posibles vertidos, lo que se hizo fue remolcarlo, ofreciendo su costado más malherido al temporal, hasta que, después de siete días, el oleaje acabó por partirlo en dos.

¿Por qué se obró así? Probablemente por precipitación e incluso por falta de información, ya que no de conociemientos. A nadie se le ocurrió hablar por teléfono con media docena de capitanes que estuviesen al mando de seis petroleros de iguales características para preguntarles qué harían de ver sus buques en circunstancias semejantes a las del Prestige. ¿Y por qué no se les ocurrió? Pues porque en el estanque del Retiro no suelen navegar petroleros, entendida sea la boutade en sus justos términos pues, la boutade, no lo es tanto.

Si se guarda memoria de otra catástrofe habida en las costas gallegas, la del Cason, es posible recordar cómo la peligrosa carga que no llegó a deflagrar se paseó sin rumbo por las carreteras gallegas durante horas. ¿Por qué? Porque quien tenía que entender las órdenes, donde le dijeron alijar la carga, entendió alejar la carga y así se armó la que se armó.

El tercer presidente de Galicia, es decir, el hoy senador Fraga, propugnó la ampliación de las aguas jurisdiccionales gallegas hasta las 14 millas náuticas fuera de puntas; es decir, a partir de los cabos que extreman los interiores de las rías. Nadie le hizo caso. Bueno, alguna gente sí; aunque insuficiente. Pero aún no aprendimos que, con una gestión gallega de las crisis provocadas por esas dos catástrofes, las tragedias padecidas o no lo hubieran sido o habrían resultado muy, pero que muy, inferiores.

Hace días, la prensa más patriotera del país se ha escandalizado con la declaración de las aguas interiores, las que se hallan entre las islas y las rodean, como aguas jurisdiccionales canarias, tal y como si tales islas no fuesen españolas y se delegase su jurisdicción en una potencia extranjera. Aunque antigua, la experiencia que posee quien les escribe hace sospechar que tales aguas, como sucede en otros archipiélagos, hayan tenido hasta ahora la condición de aguas internacionales. Si así fuese, lo que se ha producido sería un paso adelante y no un paso atrás.

Si mal no se recuerda, aguas internacionales fueron las que rodean los archipiélagos de las islas Madeira y Azores hasta que, por reclamación portuguesa, pasaron a ser de jurisdicción de las islas. ¿Se han preguntado tantos denostadores de las supuestas o reales maldades ajenas si pudiera suceder igual en este caso y las aguas canarias pasasen de ser internaciones a ser españolas, una vez que se consideren canarias? E incluso no siendo así, la gestión de esas aguas, llevada a cabo por españoles canarios, ¿no será mucho más efectiva y práctica, mucho mejor desarrollada por las gentes que las navegan y conocen, que por lejanos burócratas madrileños, por muy nacionalistas españoles que se sientan y muy patriotas que se manifiesten?

Últimamente se están produciendo ataques al Estado de las Autonomías con argumentaciones tan poco sostenibles como la que cuestiona esta decisión del Gobierno central en concordancia con los canarios que pretenden una mejor y más eficaz gestión de sus responsabilidades. El sistema autonómico no supone una desmembración de España, una ruptura de su unidad, sino más bien otra forma de entenderla y arbitrarla; de momento, al margen de los excesos que se puedan haber producido y de los que el madrileño constituiría un ejemplo preclaro, los gobiernos autonómicos son parte tan esencial del Estado como pueda serlo el Gobierno central. Ignorarlo es un síntoma de una clara ignorancia, pero ignorarlo deliberada y conscientemente es muestra fehaciente de algo mucho más grave que los lectores sabrán calificar en la debida forma. Admitamos, pues, que los canarios cuiden y protejan unas aguas que son de todos nosotros y dejémonos de gamberradas.

Alfredo Conde, escritor.