Democracia: ¿diálogo o promoción?

Promocionaba mejor la democracia el ex presidente George W. Bush que Barack Obama? En las últimas semanas han surgido críticas en Estados Unidos y Europa al segundo por no haber sido suficientemente crítico hacia el Gobierno egipcio en su discurso al mundo árabe (El Cairo, 4 de junio), y por no mantener una postura más firme ante al Gobierno iraní desde que estallaron las revueltas. El argumento es que pese a sus errores, especialmente la guerra de Iraq, Bush era un promotor de la democracia. Su objetivo era correcto pero los medios que utilizó fueron errados. Como ejemplo del compromiso democrático, se cita el discurso crítico hacia los regímenes autoritarios de la región pronunciado por la ex secretaria de Estado Condoleezza Rice en El Cairo en junio del 2005.

La posición del Gobierno Obama fue anunciada por la secretaria de Estado Hillary Clinton el 13 de enero pasado ante el Congreso, al indicar que las prioridades del Gobierno serían garantizar la seguridad de Estados Unidos y de sus aliados, ayudar al bienestar de otras sociedades y proteger los derechos humanos. La falta de mención a la promoción de la democracia irritó a los neoconservadores europeos y estadounidenses, que piensan que Occidente tiene la misión redentora de salvar, especialmente a los árabes, de sus gobiernos represivos.

La promoción de la democracia según George Bush y Condoleezza Rice iba vinculada a la guerra contra el terror,de la misma forma que durante la guerra fría, democracia y anticomunismo eran una sola cosa. Para Obama, tomar distancia de esa guerra contra el terror implica distanciarse de la promoción retórica de la democracia.

La posición de Obama y Clinton podría ser un paso importante en la historia de la política exterior de Estados Unidos. Por primera vez, Washington afirma que no quiere interferir en los asuntos internos de otros países, a la vez que traza una línea crítica frente a los gobiernos represivos. En el pasado no lejano, Washington apoyaba cualquier tipo de régimen mientras fuese útil a sus intereses.

Indicar que el gobierno de Bush era más coherente en la defensa de la democracia es un error. Rice criticó las dictaduras en el 2005 y luego se olvidó de la democracia. En el mundo árabe recuerdan que Estados Unidos los animó a rebelarse y después los abandonó, igual que impulsó a votar a los palestinos pero boicoteó a Hamas cuando triunfó.

La política empezó a cambiar en la última década. Por ejemplo, Washington ha mantenido una posición cautelosa ante gobiernos retóricamente críticos o socialdemócratas moderados en América Latina. Esto se debe a su pérdida de poder global, al ascenso de poderes y organizaciones regionales, a situar en su justo punto la moderación socialdemócrata y la demagogia estilo Chávez, y a la deslegitimación de la interferencia en asuntos internos cuando hay procesos electorales democráticos.

Detrás de la aparente falta de acción de Obama aparecen dos elementos importantes: apoyo a la sociedad civil y respeto a la soberanía. El presidente criticó al Gobierno iraní por la represión y apoyó a la sociedad recordando la lucha de los derechos civiles en Estados Unidos: un giro político más eficaz que la retórica de promoción de la democracia.El segundo fue su insistencia en no interferir en la política interna de Irán, donde hay un gran rechazo a las injerencias de Rusia y Gran Bretaña como potencias coloniales, y de Estados Unidos desde 1953.

Un apoyo explícito de Obama al candidato Husein Musavi hubiese dado la excusa al Gobierno de Irán para encarcelarlo por traidor. Las miles de personas en la calle han tenido gran sentido común al no reivindicar a Estados Unidos. Pero mientras ha sido cautelosa sobre Irán, la Casa Blanca ha traspasado un límite clave al indicar que Israel está “ocupando” Palestina y exigir a Israel que frene los asentamientos. Una doble afirmación a favor de la soberanía de un futuro Estado palestino.

Durante mucho tiempo Estados Unidos y Europa han practicado la hipocresía de enarbolar la democracia y los derechos humanos mientras apoyaban a los Pinochet y los Mobutu. Es importante que se empiece a reconocer en Washington y Europa que la democracia la construyen los actores locales y no se promociona desde fuera, y que el presidente proclame la no injerencia a la vez que sitúa el diálogo y los derechos humanos por delante. Dialogar y negociar con dictadores sobre libertades públicas o proliferación nuclear es mucho más difícil que promocionar cómodamente la democracia en abstracto.

Obama puede fracasar, y tiene muchas fuerzas en contra, pero desde que puso sobre la mesa el diálogo con el mundo árabe en vez de guerras preventivas ha habido hechos inesperados como los resultados electorales en Líbano, nueva disposición de Hamas a negociar, una presión inédita de Washington hacia Israel, y miles de personas en las calles que, pese a la represión, han indicado que el cambio político ha comenzado en Irán.

Mariano Aguirre, director del Norwegian Peacebuilding Centre, en Oslo.