Derecho a la salud y derechos individuales

El 28 de diciembre, Fernando Savater publicó en EL CORREO el artículo ‘Contra la imposición de la salud‘, en el que me cita. Lejos de mí polemizar con él: no dispongo de su capacidad de análisis ni de su dialéctica, aunque creo que en esta ocasión ha estado escaso de ambas.

No voy a discutir los efectos del uso del tabaco sobre la salud. Es un debate zanjado por la ciencia. Prefiero contestar sus argumentos sobre los derechos individuales. Es obvio el derecho a cuidar la salud propia como cada uno quiera. Nadie pretende obligarle a hacer gimnasia ni a dejar de fumar. La nueva ley pretende garantizar que quien quiera fumar pueda hacerlo, pero sin obligar a otros a respirar el humo con el que llenan los locales cerrados y los pulmones de los no fumadores. Establecido inequívocamente el objetivo de la ley, quiero aclarar también que no es bueno mezclar el marmitako con las témporas.

En España el no fumador está sometido por una minoría privilegiada que son los fumadores y no puede acudir a espacios cerrados sin inhalar humo del tabaco. Los fumadores imponen el humo de sus cigarrillos a todo el sector de la restauración: clientes y trabajadores, ignorando el derecho a la igualdad o a la no discriminación «por cualquier otra condición o circunstancia personal o social» reconocido en el artículo 14 de la Constitución (independientemente de otros artículos que hablan del derecho a la salud).

Los espacios cerrados (bares y restaurantes) son espacios de uso público, no espacios públicos de uso privado. Usted propone que una mayoría no fumadora (el 70% de la población) deje de acudir a esos locales para que una minoría (el 30%) pueda seguir fumando tranquilamente. En ese mismo orden de cosas supongo que se debería permitir circular por las carreteras a la velocidad que cada uno quiera, que para eso venden coches que corren a 250 por hora, y el que no quiera ser embestido que no use la carretera, que según su argumentación será también bien público de uso privado (¿o puestos a prohibir, además del tabaco prohibimos todos los coches en vez de poner normas de circulación?).

Puesto a defender el tabaco, esperaba de usted argumentos de más altura. Yo, que llevo muchos años trabajando en la prevención del tabaquismo (y no soy antitabaco) le recomiendo leer el artículo ‘El apartheid de los no fumadores‘, publicado por Ubaldo Cuadrado en ‘Diario de Cádiz’ del 16 de diciembre y en el que, a partir de un hecho puntual (el despido de Luis José Merino de un trabajo en el que llevaba 15 años, por pedir que se cumpliera la Ley 28/2005 en una empresa que almacena miles de litros de material inflamable) recoge con perspectiva histórica la lucha de los no fumadores por el derecho a respirar aire no contaminado por humo de tabaco. Le aseguro que describe la situación de los no fumadores mucho mejor que ningún experto. Explica cómo ya «en 1884 Ida B. Wells, de raza negra, había adquirido un billete de primera en el ferrocarril de Cheasepeake & Ohio. El revisor le pidió que se levantara y fuera al vagón de los Jim Crow (forma despectiva de referirse a los negros). Ida se negó alegando que tenía su billete y que el vagón al que querían enviarla era… ¡de fumadores! y ella era una dama. Esta activista que no renunció a su asiento 70 años antes de que hiciera lo mismo Rosa Parks puede considerarse la primera luchadora antitabaco». A mí me ha hecho reflexionar y estoy seguro de que si usted lo lee le sucederá lo mismo.

Desde el respeto que reclama para su identidad cultural, permítame decirle que se trata de que todos estemos en igualdad de condiciones y nadie imponga nada a otros. Los no fumadores estamos inmersos en una larga marcha para ser ciudadanos de plenos derechos, y el hecho de ser fumador no debe nublarle la vista para saber que en este caso la defensa de los derechos individuales está del lado de los no fumadores.

Miguel Berrueco Ferrero, médico neumólogo.