Derecho a una muerte digna

Esta semana continuamos el debate en el Congreso de los Diputados de la Ley Orgánica reguladora de la Eutanasia. Considero que debemos hacer una reflexión valiente y sincera: si una persona se encuentra con u na enfermedad irreversible, que le provoca dolor y sufrimiento, cuyo desenlace final será la muerte, ¿no tiene derecho a decidir si quiere morir con dignidad?Considero que tanto para ellos como para sus familiares es injusto que la legislación no ofrezca una respuesta.

En nuestro país casos como el de Ramón Sampedro o el de Mª José Carrasco nos mostraron las consecuencias de no disponer de una normativa avanzada y garantista. No es un debate que tenga lugar sólo en España. Actualmente,el mundo asiste estremecido ante el caso de Alain Cocq, un ciudadano francés que padece una enfermedad terminal incurable e irreversible y que, ante la falta de respuesta de los poderes públicos de su país a su petición de ayuda para morir, ha decidido dejarse morir en directo.

Creo que nos encontramos ante un tema complejo que hay que abordar, que merece un trabajo minucioso porque tenemos que tener en cuenta varios derechos fundamentales: el derecho a la vida, el derecho a la libertad y el derecho a la dignidad de la persona. Articular este derecho es jurídicamente posible, como demuestra la experiencia de otros países europeos. Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Suiza y, fuera de nuestro continente, Canadá, Colombia y ciertos estados de Austria y Estados Unidos han regulado con mayor o menor amplitud el derecho a recibir ayuda para morir.

Desde Ciudadanos creemos que tenemos que entrar en el debate de esta proposición de Ley y mejorarla para que aquella persona que se encuentre ante una enfermedad irreversible cuente con toda la información, un entorno adecuado, una asistencia profesional y con la posibilidad de decidir sobre su vida. Un cuerpo normativo que además debe ser respetuoso y garantista con nuestros profesionales sanitarios, haciendo reposar sobre ellos y sobre su criterio y deontología profesional la valoración de las situaciones que habiliten para el reconocimiento de este derecho, a la vez que garantizando el derecho a la objeción de conciencia de aquellos cuyas creencias o convicciones puedan verse comprometidas.

«Tan digno es querer continuar viviendo como decidir no querer seguir con ese sufrimiento»

Cuando, lamentablemente, una persona se encuentra ante una enfermedad grave, incurable e irreversible, tan digno es querer continuar viviendo como decidir no querer seguir con ese sufrimiento. Hay quienes plantean este debate desde la falsa disyuntiva de contraponer la eutanasia como el resultado de la falta de unos cuidados paliativos garantizados y de calidad. Pero no es cierto. Nos encontramos ante dos caras de una misma moneda, que en una democracia del siglo XXI tenemos que abordar. Hablamos, a fin de cuentas, del derecho básico que asiste a toda persona a disponer de su propia vida, de forma libre y autónoma, en aquellos casos en que se enfrenta a una situación grave e irreversible en la que se atisba el final de su vida, sea éste inmediato o diferido en el tiempo.

Por eso desde Ciudadanos presentamos ya a finales de la anterior legislatura la Ley de dignidad en el proceso final de la vida, que establecía un marco legal que garantizaba a cualquier ciudadano el derecho a pasar sin dolor, o con el menor dolor posible, sus últimos días.Se trata de un avance indispensable para garantizar los derechos de todas las personas en un momento tan trascendente en todo el país. Pero no es suficiente.

«Cualquier ciudadano en una situación de enfermedad irreversible tenga el derecho a morir dignamente»

Junto a ello, creemos necesario mirar de frente a la otra cara de esta realidad, que cualquier ciudadano en una situación de enfermedad irreversible tenga el derecho a morir dignamente. Si una persona quiere poner fin a su dolor y sufrimiento, el estado debe dar contar con la regulación específica que garantice que se hace tomando una decisión libre, informada, contando con un entorno adecuado. Por otro lado,si una persona decide continuar viviendo, debemos garantizar que sufra lo menos posible.

En el marco político,no todas las formaciones tienen tan clara esta complementariedad. Asegurar unos cuidados paliativos de calidad es esencial, pero tratar de defender que sólo con esa medida se puede solventar de golpe y plumazo el debate al que hoy nos enfrentamos no sólo es falso, sino que, cuando se hace deliberadamente, también es tramposo. Porque esa estrategia, por sí sola, deja sin respuesta las situaciones de tantas personas que en nuestro país y en todo el mundo no quieren continuar viviendo en una condición irreversible, que viven con sufrimiento durante toda su vida hasta su recta final, y desde su libertad, tienen derecho a decidir.

«Es una tarea de extrema complejidad, pero, por esa misma razón, es si cabe más necesario que lo abordemos»

Creemos que la ciudadanía merece que abordemos esta materia con humanidad, responsabilidad y sin sectarismos. Desde Ciudadanos apostamos por tener una visión amplia y realista, desde una regulación que idealmente pueda abordar la realidad de quienes se enfrentan a una de las decisiones más trascendentes que pueden existir, que es la de decidir sobre su propia vida.

Somos conscientes de que es una tarea de extrema complejidad, pero, por esa misma razón, es si cabe más necesario que lo abordemos. Porque ¿qué diría de nosotros, como políticos, y como sociedad, si tan sólo abordásemos los debates intrascendentes y dejásemos de lado aquellas cuestiones más trascendentales para todos los ciudadanos? Confiamos, por tanto, en que esta regulación sobre la eutanasia pueda seguir su andadura en las Cortes Generales y que todos los grupos podamos contribuir a su mejora.

Sara Giménez es diputada de Ciudadanos en el Congreso de los Diputados

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