Deslealtad civilizatoria

Rilke escribió estos versos: «Wer spricht von siegen? Überstehn ist alles». Los cito en alemán para que tengan más fuerza épica, aunque el poeta praguense era todo lo contrario. Dicen: «¿Quién habla de victorias? El resistir lo es todo» (Elegías de duino). Él sabía mucho de eso: sin dinero, realojado, hambriento a veces, nunca se quejaba. Valéry, otro grande de la literatura universal, ambos sin recibir el Premio Nobel, pidió a su amiga Victoria Ocampo que le mandara unos zapatos desde Buenos Aires, pues los que tenía ya no resistían más. La divisa de Sánchez, esa del manual de resistencia, debe ser ahora tomada por Feijóo. El perdedor de las elecciones está cercado dentro de su propio castillo por sus mercenarios, mientras que el ganador de las mismas debe establecer sus campamentos en el exterior y organizar el sitio. Seguro que no durará tanto como el de Escipión a Numancia. A lo largo de la historia sabemos que las fortalezas caen por la presión interior, por las traiciones entre sí de los sitiados. Uno de los mayores ejemplos es Constantinopla. Feijóo debe ser paciente y contundente. Además, su fuerza local y regional es tan ingente que puede hacer frente a los muchos desmanes que aún están por llegar.

Deslealtad civilizatoria
RAÚL ARIAS

En la sesión de investidura quedó de manifiesto el acoso a la democracia por parte del presidente del Gobierno en funciones. Sacó al redondel a un sobrero que ni en la plaza de toros de Valladolid lo lidiaron por estar afeitado. Sánchez, que debería haber intervenido, para eso le pagamos, no lo hizo. Es como si un obrero de la construcción, en vez de estar trabajando en la obra, estuviera contemplando la circulación. Y este absentismo laboral es una rotunda manifestación incivil. Y no nos olvidemos nunca de esta disyuntiva: civilización o violencia. ¿Qué urbanidad, qué maneras de comportarse le enseñaron a Sánchez en el colegio Santa Cristina o en el instituto Ramiro de Maeztu? A Sánchez habría que rebajarle el sueldo de ese día y ponerle una multa. A Sánchez no le gusta la oposición civilizada, sino las tribus, muchas de ellas salvajes, que maneja como un caudillo. A Franco tampoco le gustaba la oposición; que nos lo digan a quienes lo combatimos. Sánchez, desde hace tiempo, bordea los malos modales de los Estados totalitarios. Sánchez no insultó a Feijóo, un ciudadano que no ha matado a nadie ni ha cometido gravísimos delitos como sí lo ha hecho la mayoría de sus socios, sino a nuestra sufrida democracia.

Feijóo, vencedor en las elecciones, le debió de decir a Sánchez, incluso de cuerpo presente, aquello que Cicerón le respondió a Quinto Cecilio Metelo, amigo de Verres y presidente del jurado que lo juzgaba, en la primera parte de las Verrinas: «Nada hay en mí que desdeñe, nada en ti que tema». Verrinas, Catilinarias y Filípicas fueron los discursos más famosos del senador romano. Los últimos contra Marco Antonio le costaron la vida. Cayo Verres fue gobernador de Sicilia. Su comportamiento fue tan lamentable que la propia Roma lo cesó. Pero los sicilianos, humillados y vejados, nombraron a una delegación que viajó a la capital de la por entonces república, para denunciarlo. Así hicieron y eligieron a Cicerón como su valedor. Verres se fugó y acabó huido en Massilia, la actual Marsella. ¿Dónde está nuestro Cicerón? ¿Alguna vez se le hará un juicio semejante a nuestro autócrata, aunque sea en rebeldía? ¿Dirá él mismo entonces que se ha judicializado su causa, siendo política? ¿ A qué precio le acabará alquilando Puigdemont el palacete de Waterloo? «Nada es bueno excepto lo honorable, nada malo excepto lo deshonroso. Sin duda, el más desgraciado es quien pospuso la salvación y dignidad de la patria a su propio poder y sus conveniencias particulares». Nuevamente Cicerón, en una de sus cartas, al ver que las instituciones estaban derrocadas, clamó: «¡Qué me importa a mí el foro sin tribunales, sin Senado, cruzándome con gente a la que no puedo mirar sin perder los nervios! Ya hace tiempo que solo lloro por la república». Nosotros, por la democracia.

El Gobierno en funciones, este Gobierno apátrida que utiliza los votos del luto, ha perdido la confianza en más de la mitad de sus ciudadanos y, por tanto, lo que le gustaría hacer es disolver a esa mayoría para elegir otra a su gusto. Es decir, prescindir de muchos de nosotros. Crear ciudadanos a través del metaverso, o de las impresoras 3D. Sánchez es un burdo alquimista. Probablemente, en algún momento, le estallará su ingeniería económica, política y social. Vivimos en medio de un estado de ansiedad, de desánimo, de desesperanza. Y el Estado clientelar que está creando para favorecerse no le será suficiente. Sí hay mucha gente complacida, egoísta y desinteresada del bien común. Aquello de que "ande yo caliente". Pensionistas, gentes subvencionadas, funcionarios, políticos, feministas radicales, jóvenes confusos, escritores y artistas: paletos, maquetos y charnegos aún con complejo de siervos; intelectuales mendicantes de premios, y un largo etcétera. Todos piensan que mejor imposible, pero su cobardía a la larga también les traerá graves perjuicios. Los remedios para aminorar la ansiedad, que es una tortura, fueron muchos propuestos desde la antigüedad. Avicena decía que había que hacerse sangrías y columpiarse; sí, columpiarse como los niños. Paracelso recomendaba el láudano. Mientras que Della Porta aconsejó tomar nueces por su parecido con el cerebro, donde surgía este mal.

La Península ibérica -y, afortunadamente, Portugal hoy es otra cosa- ya no es la balsa de piedra de nuestro añorado Saramago, sino un columpio. La política portuguesa de los últimos años, desde la izquierda moderada, ha sido una fuente de progreso porque no ha marginado a nadie; mientras que la nuestra está corrompida por el ansia de poder, la vanidad, la demagogia, la egolatría, la adoración de lo incivil y la incultura que conforman lo que hoy se conoce como progresismo. "La fe y la ideología ya no son puertos seguros, sino que han sido sustituidos por otros vicios mayores", escribió Max Weber. Y de entre todos los vicios mortales, para mí el mayor es el fanatismo. Hoy los fanáticos son los socios del Gobierno. Nos estamos quedando sin esperanza porque hacia donde vamos no es un lugar recomendable. Sin leyes respetadas, sin instituciones libres, con un autócrata cuya cara da pánico ver cuando las cosas no le salen como él quisiera, ¿a dónde nos dirigimos?

Brecht, ya en medio del nazismo, se encontró a un amigo que le dijo que aquello se acabaría pronto y todo volvería a la normalidad. El poeta y autor teatral alemán se quedó callado y no se atrevió a preguntarle: ¿cuándo? Sabemos lo que hubo que pasar para esa normalidad. ¿Qué esperanza queda cuando la nobleza de los políticos se ha canjeado por la desvergüenza? San Pablo, en su Epístola a los romanos (8,24-25), escribe: "Porque en esperanza estamos salvos; que la esperanza que se ve ya no es esperanza. Porque lo que uno ve, ¿cómo esperarlo?; pero si esperamos lo que no vemos, en paciencia esperamos". Coriolano, en venganza por su "despido injusto", marchó sobre Roma aliado con sus mayores enemigos. Pero Tito Livio, en su Historia de Roma (Libro XXVIII), afirma que su "particular sentimiento filial" le hizo retroceder ante el "parricidio público". ¿Sentimiento filial? ¿No nació Sánchez acaso de una roca Tarpeya?

Quienes somos fervientes socialdemócratas y europeístas afirmamos que Europa nos está traicionando. Hoy los políticos europeos son una nulidad. Por ejemplo, todavía no hemos escuchado a Borrell palabra alguna sobre la amnistía, y en su inocuidad son incapaces de calcular los daños de la balcanización española que, de llevarse a cabo finalmente, balcanizaría al resto de la Unión Europea.

Sí: Sánchez, muy a su pesar, va camino del basurero galáctico de la historia. Feijóo tiene ahora la oportunidad de demostrar que nuestra democracia puede sobrevivir. Feijóo no ha perdido, sino conseguido una tregua. Si se lleva a cabo la amnistía, un paso más de los muchos que se han dado para destruir el Estado de Derecho, espero que los ciudadanos reaccionen y vean que la continua deslealtad de Sánchez puede ser compensada con la sensatez de quien fue un buen presidente de nosotros, los gallegos. Feijóo demostró ser un hombre de Estado, y también su partido debe darse cuenta de una vez por todas de que lo es. Así como aquellos columnistas y tertulianos de derechas, sí, de derechas, que no han parado de acosarlo. ¿Quién durante estos últimos años hizo tanto por su partido? Este es el tiempo de Feijóo.

Tagore, Premio Nobel de Literatura que escribió en bengalí, una de las muchas lenguas de la India, dijo: "¡Que mi país despierte/ Donde no tiene miedo el pensamiento/ Y la dignidad es alta!".

César Antonio Molina es escritor y ex ministro de Cultura. En noviembre se publicará el tercer tomo de su trilogía compuesta por La caza de los intelectuales. La Cultura bajo sospecha (Destino); ¡Qué bello será vivir sin cultura! (Destino); y, ahora, ¿Qué hacemos con los humanos? (Deusto).

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