Deslegitimar el terrorismo debe ser la prioridad

Por Antonio Basagoiti, presidente del PP de Vizvaya (EL CORREO DIGITAL, 13/06/08):

En el actual panorama político vasco, además de la omnipresencia de ETA con su repugnante acoso al Partido Socialista de Euskadi o con el embrollo generado por la permanencia de su brazo político en algunas alcaldías, hay dos asuntos que ocupan un lugar destacado en los debates y estrategias de las formaciones que representamos a la ciudadanía vasca: una, el referéndum anunciado por el lehendakari Ibarretxe; y la otra, la posible convocatoria de las próximas elecciones autonómicas.
Son asuntos de indiscutible trascendencia, tanto lo que pueda hacer o no Ibarretxe con su consulta y sus negociaciones, como la posible convocatoria electoral y los cambios derivados en la configuración de un nuevo Parlamento. Sin lugar a dudas, ambas cuestiones van a tener una incidencia destacada sobre los problemas y los retos que afronta Euskadi.
Pero, a mi juicio, hay un asunto mucho más importante y prioritario, que no puede verse relegado por el empecinamiento de algunos gobiernos autonómicos en el reconocimiento de identidades, entre ellos el de Vitoria, ni por tácticas políticas diseñadas con el objetivo de alcanzar mayor número de escaños dentro de unos meses. Me refiero a la deslegitimación del terrorismo, que debe ser la principal prioridad de quienes gobiernan y de quienes hacemos política en Euskadi.
La deslegitimación del terrorismo es un objetivo capital, porque la amenaza de ETA en todas sus extensiones es el primer problema del País Vasco. Sin entrar en las fundamentales y consabidas consecuencias directas sobre las personas que tiene la actuación terrorista, la existencia de ETA provoca atraso para el conjunto de la ciudadanía, porque dificulta las principales infraestructuras de la zona; produce pobreza, porque impide la llegada de inversores; alimenta el desempleo, porque ahuyenta a los empresarios que generan trabajo; y todo ello desemboca en la pérdida de capital humano, porque un buen número de vascos hartos o faltos de expectativas acaban emigrando a otros lugares de España.
La deslegitimación del terrorismo exige desmoronar los argumentos de los que ejercen la violencia o la justifican, dejarles sin motivos para continuar en su locura, dotar a la sociedad de las mínimas razones necesarias para repudiar el terrorismo, y demostrar que no hay otro camino distinto al de la democracia y al del respeto a la Ley. En definitiva, ser muy exigente con quienes aún amparan ideológicamente el terror, prestigiar el Estado de Derecho y, con ello, desprestigiar las ideas totalitarias.
Lo que mantiene con vida a la banda terrorista son las esperanzas de alcanzar unos objetivos que, improcedentemente, consideran loables. Es el apoyo de una minoría social comprensiva con los fines e incluso con los métodos que emplean los asesinos. Deslegitimar los planteamientos de todos los brazos que cuelgan del terrorismo, junto a la acción policial y judicial, será la puntilla para lograr la desaparición definitiva de ETA.
Los comandos aún tienen capacidad de matar pero son evidentes sus dificultades operativas. Si no han tirado la toalla es porque entienden que la extorsión, las balas y las bombas les conducen a su destino, y porque para ese viaje tienen la compañía de unos pocos que respaldan sus ideas. Cuando sus planteamientos no tengan eco social alguno y no dispongan de altavoces para justificar la dinámica y los objetivos del crimen, se darán cuenta de que no pueden conseguir nada. Será entonces cuando ETA, por fin, terminará derrotada por la democracia.
En esta prioridad de deslegitimar el terrorismo parece que coincidimos los principales partidos de esta tierra. Tanto Partido Popular, Partido Socialista de Euskadi y algunas personas del Partido Nacionalita Vasco, como Josu Jon Imaz o Iñaki Azkuna, hablan de la necesidad de deslegitimar a ETA. Es importante que se tenga clara la decencia y la utilidad de volcarse en esta idea para que pueda calar allí donde se disculpa y se aplaude a la banda terrorista.
Tenemos como elemento positivo que hay una indudable mayoría de ciudadanos, y en ocasiones de partidos, que consideran imprescindible volcarse en desmontar la justificación del terrorismo. Y tenemos como elemento negativo que hay políticas que van en la dirección contraria de la que pretendo dejar constancia en este artículo. La deslegitimación del terrorismo está en riesgo, por ejemplo, por las actuaciones del Gobierno de Ibarretxe y por los vaivenes políticos del Partido Socialista.
El primer riesgo que amenaza la deslegitimación del terrorismo está en el tripartito vasco, porque su labor se caracteriza por cuestionar todas y cada una de las resoluciones judiciales que tienen que ver con la aplicación de la Ley contra ETA. Es imposible que los violentos y quienes les justifican se replanteen nada si las máximas autoridades de este país alimentan, aunque sea indirectamente, la idea de opresión, la idea de que esto es una guerra entre bandos o la idea de que los etarras o batasunos también son víctimas.
El segundo gran riesgo para poder desmontar las justificaciones del terrorismo está en las mil caras que nos presentan los dirigentes socialistas, especialmente en los temas que tienen que ver con el mundo de la violencia. Zapatero parece que está poniendo ahora su cara más exigente y firme contra el terrorismo, algo que yo aplaudo, pero analizando su trayectoria tengo dudas sobre cuánto tiempo será capaz de mantenerse en esa postura.
Recuerdo que los mismos dirigentes socialistas que acertadamente repudian hoy a los batasunos, impulsando iniciativas para sacarlos de las instituciones, hace no mucho los consideraban hombres de paz y aseguraban que trabajaban por el fin de los atentados. Esto no es una crítica fácil, es una realidad que va directamente contra la línea de flotación en la que se asienta el objetivo de la deslegitimación del terrorismo. Decir hoy una cosa sobre ETA y mañana la contraria, y sobre todo hacer hoy lo que no se podía hacer ayer conduce a distraer a una ciudadanía necesitada de mensajes claros, conduce a una deslegitimación de la Justicia y provoca un descrédito del Estado de Derecho. Asuntos que conforman un buen alimento del injustificado victimismo de los colectivos que todavía hoy apoyan, justifican o comprenden a ETA.
Por ello, creo que para poder centrarnos en sacar adelante un objetivo que es prioritario para la desaparición definitiva de ETA hace falta que unos eviten cuestionar las legítimas actuaciones contra el terrosimo, y que otros no se muevan por tácticas coyunturales. La deslegitimación del terrorismo no va a venir de la mano de posturas comprensivas con el entorno de ETA, ni tampoco puede basarse en un talante hueco. Necesitamos tenacidad y constancia para mantener una línea de actuación clara que termine desmontando las falsedades sobre las que los terroristas pretenden asentar su acción criminal.