¿Destruirá Javier Milei la política exterior argentina?

¿Destruirá Javier Milei la política exterior argentina?
Tomas Cuesta/Getty Images

Al nuevo presidente de Argentina, Javier Milei, no le llevó mucho tiempo exhibir la idea lunática de política exterior de un libertario radical. En la reunión de este año del Foro Económico Mundial en Davos, resucitó la cuestión de la soberanía de las islas Malvinas en un encuentro con el ministro de asuntos exteriores del Reino Unido, David Cameron, que enseguida descartó cualquier discusión sobre el futuro de las islas. En momentos en que Milei necesita revivir la moribunda economía argentina, evocar a la junta militar que lanzó en 1982 la Guerra de las Malvinas parece desquiciado.

Más preocupante aún, Milei generó un conflicto con China, uno de los principales socios comerciales del país. A fines de diciembre, un abogado de su partido se reunió con representantes de la oficina comercial de Taiwán en Argentina. Poco después, la prensa local publicó que la ministra argentina de asuntos exteriores Diana Mondino había tenido un encuentro con [Florencia] Miao‑hung Hsie, representante de Taiwán en Buenos Aires.

Esta muestra de apoyo a Taiwán sugiere la posibilidad de que Milei cumpla su promesa de campaña de cortar vínculos con China. Sus duras críticas a los países «comunistas» antes de la elección presidencial causaron inquietud por el futuro de la relación sinoargentina; sobre todo porque para financiar importaciones y pagar vencimientos de deuda, Argentina depende de un acuerdo de intercambio de divisas (swap) con aquel país. Poco después de la asunción de Milei a la presidencia, China suspendió el acuerdo, lo que dificultará a Argentina cumplir sus obligaciones financieras.

La decisión de Milei de cancelar el planeado ingreso de Argentina al grupo BRICS (Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica) también puede tener importantes repercusiones económicas, en particular porque elimina la posibilidad de conseguir fondos del Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS. Por supuesto, puede ocurrir que Estados Unidos y Japón reciban con agrado el rechazo de la invitación, lo que tal vez lleve a que aparezcan otras opciones de financiación. Pero en vista del excesivo endeudamiento de las economías occidentales, sería un error apostar a que suceda.

Milei se describe como un «anarcocapitalista» y tal vez buscará estrechar lazos con lo que llama «mundo libre»; pero las complejas realidades de la diplomacia internacional y de la interdependencia económica demandan un manejo más pragmático y menos ideológico de la política exterior argentina. De hecho, estas últimas tres semanas Milei empezó a reconocer que como presidente de una economía emergente en crisis, dos factores pueden provocar su fracaso político: la legislatura argentina y China.

A principios de este mes, Milei abandonó algunas de sus propuestas más radicales, al enfrentarse a la necesidad de lidiar con un Congreso en el que no tiene mayoría. Cualquier negociación política demanda hacer concesiones, y saber cómo ceder es un arte crucial para el éxito. En el caso de Milei, necesitará el coraje de rendirse en muchos temas sin garantías de recibir a cambio lo que desea.

En cuanto a las relaciones con China, Milei tiene la suerte de contar con la brillante Mondino como ministra de exteriores. En un aparente intento de aliviar tensiones, la ministra se reunió hace unos días con el embajador chino ante Argentina, Wang Wei; en tanto, el Ministerio de Asuntos Exteriores ha insistido en que su presunta reunión con la representante de Taiwán fue un malentendido de la prensa. Mondino también reafirmó que Argentina reconoce el principio de «una China», esencial para mantener una buena relación diplomática y comercial con Beijing. El cambio de la administración Milei a una actitud más moderada es prueba de que ha reconocido que los lazos financieros de Argentina con China impiden una ruptura de relaciones.

La postura del gobierno argentino hacia China en los próximos meses determinará el futuro de la relación bilateral (con importantes derivaciones respecto de la política exterior, la posición internacional y la estabilidad económica de Argentina). Por lo general, para superar un período de aumento de tensiones con China basta hacerle algún elogio (como sucedió con el expresidente brasileño Jair Bolsonaro).

El rumbo que tome el conflicto diplomático que se desarrolla entre Argentina, China y Taiwán será reflejo de un complejo conjunto de consideraciones geopolíticas, económicas y estratégicas. Argentina, un país sin dinero y con una inflación desatada, está obligada a reparar vínculos lo antes posible. Pero China puede darse el lujo de esperar: sabe que tarde o temprano Argentina necesitará acceso a crédito, y que otros mercados no estarán dispuestos a dárselo. En este contexto, las decisiones de la administración Milei no sólo influirán en la relación bilateral de Argentina con los dos países, sino que también definirán su posición internacional en un sentido más amplio.

Por su parte, Taiwán es muy consciente de que esta oportunidad inusual de reacercamiento puede fortalecer su posición en Sudamérica; hoy su único aliado diplomático en el continente es Paraguay. Incluso aunque Argentina no traslade de China a Taiwán el reconocimiento oficial, establecer un contacto frecuente con la administración Milei basta para poner a Taiwán otra vez en el tablero de la diplomacia sudamericana. Pero Argentina tendrá que decidir si reforzar el vínculo con Taiwán justifica correr el riesgo de una respuesta cada vez más agresiva de China.

Thiago de Aragão, CEO of Arko International – Latin American Research and Public Affairs, is a senior research associate at the Center for Strategic and International Studies. Traducción: Esteban Flamini.

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