DesUNidos contra el terrorismo

Por Niall Ferguson. Traducción: Joan Parra (LA VANGUARDIA, 08/09/06):

Es curioso que la abreviatura inglesa de las Naciones Unidas sea UN, precisamente el prefijo negativo equivalente al in-de otras lenguas. Siempre me trae a la mente adjetivos negativos: ineficaz, insensato, improductivo, infeliz.

Éste ha sido un verano especialmente infeliz para las Naciones Unidas. No me refiero sólo a su parálisis durante un mes, mientras Israel y Hezbollah se dedicaban a devastar ciudades libanesas e israelíes, ni a la flagrante impotencia de sus fuerzas pacificadoras en Líbano, cuatro miembros de las cuales murieron el 25 de julio en un ataque israelí. A pesar de todo eso, la mayoría de la gente sigue pensando que la ONU es el mejor sitio para buscar una solución a la última crisis de Oriente Medio.

Pero ¿alguien espera en serio que las Naciones Unidas hagan algo para impedir que Al Qaeda (o sus últimos imitadores) vuele aviones de pasajeros en pleno vuelo? Los que concibieron la trama terrorista Lockerbie + 11-S pretendían claramente cometer “un asesinato en masa a una escala inimaginable”. Y lo único que la ONU opone a esto es mera palabrería, también a una escala inimaginable.

El viernes eché una mirada a la página web de la ONU para ver cómo reaccionaba la comunidad internacional frente al horror transatlántico. No tardé en encontrar una página prometedora titulada Medidas de la ONU contra el terrorismo.Haciendo clic en Actualidad llegué a las Recomendaciones para una estrategia mundial de lucha contra el terrorismo del secretario general Kofi Annan.Las primeras frases contenían una conmovedora condena del “terrorismo en todas sus formas y manifestaciones, independientemente de quién lo cometa y de dónde y con qué propósitos”, extraída del informe de Kofi Annan Unidos contra el terrorismo, publicado en abril.

Pero a medida que avanzaba por el texto se me iba viniendo abajo la moral. Cuando llegué por fin al capítulo VI – Defender los derechos humanos en el contexto del terrorismo y la lucha contra el terrorismo-ya la tenía por los suelos. Permítanme reproducir unos párrafos para darles una idea del contenido del documento (que me hace pensar básicamente en la Oficina de los Circunloquios de la novela de Dickens Casa desolada):

“En el párrafo 109 del documento final de la cumbre mundial 2005 se exhorta al Consejo de Seguridad a que (…) asegure que existan procedimientos justos y claros para incluir a personas y entidades en las listas de sanciones y retirarlas de ellas, así como para conceder exenciones por motivos humanitarios. De conformidad con ese mandato y con arreglo al párrafo 20 del informe sobre la aplicación de las decisiones del documento final de la cumbre mundial 2005 que incumben al secretario general (A/ 60/ 430), he encomendado a la Oficina de Asuntos Jurídicos de la secretaría que inicie un proceso interdepartamental, en estrecha cooperación con el Departamento de Asuntos Políticos y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, a fin de elaborar propuestas y directrices que podría examinar el Consejo de Seguridad.

” Entre tanto, el comité establecido en virtud de la resolución 1267 (1999) ha aprobado una revisión parcial de sus directrices y se le ha instado a que continúe sus debates sobre la inclusión y supresión de nombres en las listas, incluidas las recomendaciones hechas en los informes del equipo encargado de prestar apoyo analítico y vigilar la aplicación de las sanciones del comité, que sistemáticamente viene señalando la necesidad de abordar esta cuestión”.

Caray, seguro que cuando Osama lea eso se echará a temblar.

En su nuevo libro, The Parliament of Man: The United Nations and the quest for world government,el historiador británico Paul Kennedy, profesor de Yale, explica por qué a las Naciones Unidas se les da tan bien el blablablá pero a la vez son incapaces de detener el pimpampum.

Kennedy ha tomado prestado el título de su libro del poeta inglés del siglo XIX Alfred Tennyson, que en su poema Locksley hall “se sumerge en el futuro” e imagina una era en la que “los tambores de guerra ya no atronaban y los estandartes de batalla estaban plegados / en el Parlamento del Hombre, la Federación del Mundo”.

Durante la conferencia fundacional de la ONU, en 1945, el presidente estadounidense Harry S. Truman citó varias veces los versos de Tennyson con la intención de persuadir a sus conciudadanos de que no rechazaran la idea de la seguridad colectiva (como lo habían hecho en los años veinte). Pero lo que surgió entonces no fue precisamente un Parlamento del Hombre, sino un parlamento de estados nación, estrictamente subordinado a un comité ejecutivo en el que se sentaban cinco imperios del pasado o del presente: los miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

La mayoría de los partidarios de la reforma de la ONU hace hincapié en el excesivo poder de esas cinco potencias en el seno de la organización. ¿Por qué el Reino Unido, China, Francia, Rusia y Estados Unidos deben gozar del privilegio de vetar las resoluciones que no les gusten? China tiene un asiento en el Consejo de Seguridad, e India no, por la sencilla razón de que en 1945 India todavía formaba parte del imperio británico y nadie creía posible que al cabo de cinco años los comunistas fueran a hacerse con el poder en China. A Japón y Alemania se les excluyó por el único motivo de haber luchado en el bando equivocado en la Segunda Guerra Mundial.

Quienes argumentan estas cosas están tan equivocados como esos republicanos reaccionarios que ven a las Naciones Unidas como un estorbo para Estados Unidos y no como un aliado, olvidando hasta qué punto se ha beneficiado su país de la legitimización de la ONU en anteriores conflictos, como la guerra de Corea o la primera guerra del Golfo.

Estoy de acuerdo con la línea argumental de Paul Kennedy en ese sentido. Si las Naciones Unidas no hubieran existido, o hubieran sido una institución débil como lo fue la Liga de Naciones, el mundo de la posguerra habría sido aún menos pacífico. Basta repasar la lista de misiones de paz en activo en estos momentos para darse cuenta de cuántos conflictos ha ayudado a atemperar e incluso a sofocar. Actualmente existen 18 misiones de paz de la ONU, de un total de 60 en todo el periodo posterior a 1945.

Si el Consejo de Seguridad fuera ampliado o modificado de algún modo, ¿conseguiría autorizar más misiones de paz, o misiones de paz más efectivas? ¿Habría actuado la ONU más prontamente ante recientes genocidios como los de Bosnia y Ruanda en los años noventa? No parece probable. Al contrario: la composición no representativa del Consejo de Seguridad aumenta las posibilidades de que sus miembros se pongan de acuerdo para adoptar resoluciones, en especial ahora que la guerra fría ya es cosa del pasado.

Hoy en día, la debilidad de las Naciones Unidas obedece a otros motivos. Su causa es precisamente el hecho de que la Asamblea General representa a todos (o casi todos) los estados nación del planeta, de los grandes y antiguos a los pequeños y nuevos. Esto no sólo provoca que algunos pueblos con un alto nivel de fragmentación política (como los árabes) estén sobrerrepresentados, sino que además favorece la sobrerrepresentación de los estados nación per se.

En el Parlamento del Hombre imaginado por Tennyson, “el sentido común de los más hará inclinar la cabeza a los reinos revoltosos”. Del mismo modo, la ONU está pensada para hacer frente a los estados revoltosos que se saltan las leyes internacionales. Aunque a menudo cumpla esa función de manera poco eficaz (como en el caso del programa de armamento nuclear iraní), los mecanismos existen.

Pero Hezbollah no es un Estado; como mucho, es un estado dentro de un Estado. Y Al Qaeda es una red dispersa que actúa dentro de muchos estados. No está claro en absoluto – y menos aún para quien lea el informe de Kofi Annan- cuál es el papel que debe desempeñar la ONU a la hora de combatir a esos malignos actores sin Estado, aparte de inventarse nuevas comisiones y pergeñar unos cuantos informes más. Sin embargo, las organizaciones terroristas se hacen fuertes precisamente donde los estados son débiles. Y esos estados débiles están tan bien representados en la Asamblea General de la ONU como los estados fuertes contra los que los terroristas dirigen sus ataques. Precisamente por eso, la creación de un servicio de inteligencia de laONUo de un ejército permanente de las Naciones Unidas (que defiende Paul Kennedy) es tan poco realista como los sueños juveniles de Tennyson de “un mundo bondadoso (…) que duerme en el regazo de la ley universal”.

“¡Caos, Cosmos! ¡Cosmos, Caos!”, exclamó un Tennyson más viejo y sabio en Locksley hall sesenta años después. “¿Quién sabe cómo acabará todo?”. Ésa es la pregunta que nadie puede responder sobre el mundo incurablemente desunido en el que vivimos.