Diálogo para construir la paz

Construir la paz es una cuestión de decisión individual e institucional. Empieza en nuestro interior y se irradia fuera, desde lo local hasta lo global. Así, la paz requiere una conversión interior, un cambio de políticas y de prácticas». Lo dice el patriarca Bartolomé I, interviniendo en Asís ante la asamblea inaugural del Encuentro Internacional ‘Sed de Paz: religiones y culturas en diálogo’, treinta años después de la histórica oración impulsada por Juan Pablo II.

El sábado 25 de enero de 1986, en la Basílica de San Pablo Extramuros, donde clausuraba la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, Juan Pablo II dijo: «En esta solemne ocasión, deseo anunciar que estoy llevando a cabo oportunas consultas no solo con varias iglesias y confesiones cristianas, sino también con otras religiones del mundo para promover con ellas un especial encuentro de oración por la paz en la ciudad de Asís» Treinta años después sigue habiendo un gran anhelo de paz, en especial, de parte de aquellos que sufren la violencia, de las víctimas del terrorismo y de las víctimas de las demasiadas guerras en curso. Paz y justicia deben caminar juntas, porque sin justicia no habrá nunca paz.

En Asís han participado 400 líderes religiosos, políticos y sociales, así como exponentes del mundo de la cultura. Entre otros, el presidente de Fundación Telefónica, César Alierta, que presentó el programa ProFuturo, con el que pretenden impulsar la educación digital de niños y adolescentes desfavorecidos y que ya ha escolarizado a dos millones de menores en Latinoamérica y África. Su tarea es continuar trabajando para favorecer a diez millones de niños en los próximos cinco años. Su objetivo no es otro que promover la igualdad de oportunidades a través de una educación de calidad y equitativa, utilizando las herramientas digitales con un despliegue local. Propuesta clave, pues tenemos que invertir pronto, invertir en calidad y en igualdad, o pagar el precio de una generación de niños condenados a crecer sin el conocimiento y las herramientas que necesitan para alcanzar su potencial. Cada niño, en cada país, en cada barrio, en cada casa, tiene derecho no solo a una silla en una clase, sino a una educación de calidad.

Vivimos un momento histórico en que es necesario que las religiones sean fuentes de paz y no de división. Por ello, las religiones, en diálogo y unidas por la paz, deberían ser fuentes diáfanas para calmar la sed de sentido que tienen tantos jóvenes que necesitan llenar sus vidas de esperanza, diálogo, dignidad, trabajo, estudio y respeto en la diversidad. Estamos viendo cómo el terrorismo usa la religión para fines expansionistas, económicos y políticos. Es fundamental decir alto y claro que no existen guerras santas. En su intervención, el papa Francisco dijo: «No hay mañana en la guerra ni en la violencia de las armas. Jamás se puede matar en nombre de Dios». Y añadió: «En el nombre de Dios jamás se puede justificar la violencia. Solo la paz es santa».

Existen guerras, la mayoría alimentadas por otros intereses ajenos a las religiones: acaparamiento de recursos, producción de armas, la industria de la alta tecnología militar. Los inocentes y los niños son los primeros que caen. Es así que Al Qaeda, el Estado Islámico, Boko Haram y otros grupos armados asesinan, mutilan y hieren ‘indiscriminadamente’ a sus enemigos, tachándolos de ‘infieles’. En este sentido, el símbolo más reciente de la injusticia de la guerra contra los inocentes es Omran, el niño sirio de cinco años cubierto de polvo y sangre en una ambulancia, cuya imagen envuelve al mundo en una silente súplica al cielo.

El encuentro en Asís pone a las religiones de cara al sufrimiento de los civiles desarmados y ante la urgencia de seguir en el camino de la reconciliación y la pacificación. Entonces, ante el dolor de los inocentes, queda una pregunta abierta: ¿Dónde están los hombres que creen en Dios para detener tanta injusticia? Por ello, el Papa pidió a las religiones que se unan en la búsqueda de la paz: «Hoy no hemos rezado unos contra otros, como ha sucedido en la historia. Hemos rezado unos al lado de los otros, unos con los otros». Y añadió: «Sin paz, no hay futuro para la humanidad y, por lo tanto, los líderes de las naciones no se deben cansar de promover vías de paz».

Pilar de la Vega

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