Dicen que soy discapacitado

Por Carmen Andreu, fiscal (EL PAÍS, 09/02/07):

Cómo sumar dificultades a un cromosoma de más

¿Qué significa? Según el diccionario, “dis” es negación, de la capacidad en este caso. Pero, sin embargo, yo soy capaz de muchas cosas: nací y vivo en una familia normal, tengo un hermano, un perro, me preocupo de todos ellos, los quiero, luego soy capaz de amar; cuido de mi aseo personal de forma autónoma y de mi alimentación, usando los utensilios necesarios al efecto; estudio; practico actividades deportivas y de formación; salgo con algún amigo; me gusta la música… luego soy capaz de vivir, disfrutar y sufrir, como los demás.

¿Dónde está la diferencia? Quizá se refieran a que tengo el S de D. Lo que significa, entre otras cosas, que aprender me cuesta más, soy más lento. Pero esta circunstancia es conocida por los que la etiquetan, por lo que deberían ser ellos (instituciones) quienes favorecieran el proceso de aprendizaje escolar y laboral.

La realidad es que quienes se han ocupado siempre han sido mis padres. Desde pequeño asistí a escuela normal, lo que llaman integración, en la que salvo profesores puntuales y voluntariosos, dicha integración consistía en “adaptar” los contenidos curriculares de forma que pudiera trabajar “solo” sin alterar el ritmo de la clase y sin sobrecargar al profesor (en demasiadas ocasiones mi compromiso escolar dentro del aula era copiar y copiar textos que no entendía), también en salir determinadas horas del aula para recibir apoyo en otra distinta.

Muchos de mis compañeros se burlaban de mí, me insultaban y faltaban al respeto, con el apoyo tácito del profesorado que no hacia nada por evitarlo e incluso lo negaba; también de las instituciones que alertadas de la situación (no sólo de la mía) cerraron los ojos sin comprometer un euro de su presupuesto para paliar situaciones tan injustas para mí y para aquellos profesores que querían y hubieran podido ayudarme más si hubieran contado con medios.

La consecuencia de este deficitario aprendizaje es que se acaba uno creyendo que no sirve para nada, que es un inútil, a pesar de que durante toda mi etapa escolar no he dejado de estudiar.

Acabé 4º de ESO, me felicitaron por ello, pero sólo obtuve un certificado de escolaridad. Según ellos, no tenía derecho al título de Graduado Escolar porque mis estudios no estaban al nivel exigido (necesité Acis, que significa Adaptación Curricular Individualizada Significativa, pero nadie me explicó o a mis padres las consecuencias de ello respecto de la titulación, ni se comprometió a que avanzara en mis conocimientos con el fin de superar objetivos, que entiendo deberían estar programados, supervisados y adaptados desde el principio de mi escolarización).

Y después, ¿qué?

Mientras mis compañeros seguían con su escolarización, si lo deseaban, yo no pude. En primer lugar el instituto me negó la posibilidad de permanecer en sus aulas a pesar de que aún no tenía 18 años y tenía derecho a ello; de nuevo mis padres se ocuparon del tema acudiendo a las instituciones educativas, quienes tarde y con un importante desgaste para ellos, mis padres, nos dieron la razón obligando al instituto a acceder a mi matricula, cuando ya había empezado el curso y yo optado por otra salida.

Dicha salida era un Programa de Garantía Social, sin apoyos, sin medios, sin continuidad. Viví situaciones violentas, derivadas del colectivo de que se componía el programa, que me generaron una gran inseguridad, sólo paliada por el compromiso de sus dos profesores, no por el centro que lo impartía.

Luego un curso de formación.

¿Hasta cuándo?

Todos estos cursos pretenden sustituir el periodo de escolaridad y formación que prepara a los demás para el mundo adulto y laboral. La diferencia está en que las instituciones educativas se desentienden, en que no son más que parches o entretenimientos repetitivos, sin motivación alguna, ya que el acceso al mundo laboral que se pretende tras una formación, es más que difícil y que si los demás necesitan madurar en su proceso de aprendizaje, yo más, precisamente por lo dicho anteriormente: me cuesta más.

Quiero trabajar, soy demandante de empleo, pero no tengo trabajo. Una vez más acudimos a las instituciones, en este caso a todas las consellerias, interesando un puesto de trabajo. No lo tengo. Es cierto que soy joven, tengo 19 años, que soy inmaduro a muchos niveles, pero ¿alguien cree que se puede madurar en soledad, sin proyectos, sin apoyos? ¿Quién es discapacitado? Yo por un cromosoma de más. ¿Y las instituciones….?

Como no estoy incapacitado, puedo votar y voto, pero los políticos, las instituciones no me representan.